San Juan esconde un oasis, y se llama Arroyo Turquesa

La provincia de San Juan tiene zonas de nieves eternas y vertientes de deshielo. (Instagram @digital_graf)
La provincia de San Juan tiene zonas de nieves eternas y vertientes de deshielo. (Instagram @digital_graf)

En lo alto de cerro Mercedario un cauce de agua azul clara nace entre las piedras. Te contamos a qué se debe su color.

Muchas veces nos sorprenden los lugares donde se luce el capricho de la naturaleza, una piedra que parece tallada, un árbol que crece en el sitio más insólito o un color que es imposible y sin embargo está ahí a la vista de quien pase. Este oasis sanjuanino es uno de esos lugares.

Casi como si no debiese estar ahí, entre los matices marrones y grises de la cordillera el ojo encuentra un espejo de agua turquesa, su color increíble y vibrante es tan contrastante con el fondo neutro que cuesta creer que su tono sea de origen totalmente natural.

Dónde se encuentra

El Mercedario, el monte que lo acoge, es la cuarta cumbre más alta de América. El arroyo está ubicado a 3.800 metros sobre el nivel del mar y su color se debe a la presencia de cobre que tiñe las piedras del fondo y así adquieren esta tonalidad.

En medio de la naturaleza y la inmensidad de los Andes, la aventura empieza apenas se pone un pie en Laguna Blanca, punto del que parte el trekking  guiado, desde ahí comienza un recorrido de tres días entre tierra colorada y aire de montaña que ya vale la pena por sí sólo.

Para llegar hay que tener resistencia y muchas ganas de hacer una caminata extensa. El recorrido va cortando el camino por medio de las agrestes montañas sanjuaninas a más de 3.000 metros de altura. Hay un refugio, Guanaquito (3.600 msnm) donde parar y hacer noche antes de retomar la travesía a primera hora de la mañana siguiente.

Por el camino se pueden apreciar los hilos de deshielo que se despliegan desde su punta, entre ellos el Glaciar el Caballito, que se cruza en la caminata y es donde se encuentra la naciente del Arroyo Turquesa. Al llegar al agua coloreada y serpenteante todo tiene sentido. Llegar a la meta es una recompensa por dos razones, porque es un festín para los ojos y porque es el momento de relajar las piernas cansadas.