Residencia de Urquiza, un palacio de historia y opulencia

Fue la residencia del general Justo José de Urquiza, el primer presidente constitucional de Argentina. De armoniosa arquitectura y rodeado de parques que incluyen un lago, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1935 y al año siguiente abrió como museo.

En la provincia de Entre Ríos, a 30 kilómetros de la ciudad de Concepción del Uruguay y en medio del monte entrerriano, se encuentra el Palacio San José, estancia que fue residencia del primer presidente constitucional argentino, Justo José de Urquiza, y además centro político y comercial, entre 1848 y 1870, cuando asesinaron al mandatario.

Esa residencia de armoniosa arquitectura hoy es museo y centro cultural que ofrece a los visitantes una variedad de atractivos tales como: documentos históricos, colección de pinturas, mobiliario, vajilla y una serie de servicios de vanguardia para la época. Todo, en un entorno de apabullante vegetación.

Justo José de Urquiza nació en 1801 en cercanías de la ciudad de Concepción del Uruguay y hacia 1801 y su padre, que trabajaba para la corona española, fue comandante del río Uruguay y poseía vastas extensiones de tierra. Con el correr del tiempo y a la muerte de sus progenitores, heredó una importante producción ganadera y la industria del saladero (cuatro eran de su propiedad, el más importante, Santa Cándida, faenaba 50 mil cabezas al año).

Esa industria que comercializaba carne, charque o tasajo también elaboraba grasa para jabones y velas; fertilizantes con los huesos; pintura con la sangre; con las pezuñas, aceite para iluminación y curtido de cueros. Todos esos productos eran exportados a Estados Unidos y Europa en barco que al regresar lo hacían cargados de materiales para la construcción (cerámicas, mármoles y muebles) que destinaba a la venta o utilizaba para sus residencias.

El insaciable carácter comercial de Urquiza no se agotaba ahí ya que también poseía una compañía de migración que fundaba colonias de productores agrícolas.

En la década de 1820 con una fortuna personal muy importante ingresó al ámbito político, como diputado provincial. Desde 1828 en adelante fue comandante militar y civil de Concepción del Uruguay y al cabo de los años llegó al cargo de general. Fue cinco veces gobernador de Entre Ríos, primer presidente constitucional de la Confederación Argentina entre 1854 /1860.

Tuvo 23 hijos reconocidos, 12 con siete mujeres antes de casarse con Dolores Costa con quien tuvo 11. Su primera hija nació en 1820 y la última en 1870, año en que fue asesinado en su residencia un 11 de abril.

Recorrida palaciega

El Palacio Urquiza se edificó en un predio de 120 hectáreas de las cuales 40 fueron destinadas a parques y algunas construcciones desde 1848 y por espacio de 11 años.

Participaron en las tareas varios arquitectos y artesanos aunque los más reconocidos fueron Jacinto Dellepiane y Pedro Fosatti.

Una avenida, flanqueada por colosales eucaliptos, conduce a la entrada principal, luego de atravesar tres jardines y dos patios y terminar en un lago artificial.

Tras el portón principal de hierro se ingresa al llamado Jardín Exótico con una calle central de lajas de 90 metros de largo con árboles provenientes de Australia y China donde dos enormes pajareras de hierro forjado construidas por el herrero Tomás Benvenuto, albergaban un criadero de aves tropicales.

Una nueva reja de hierro fundido circunda el Jardín Francés de canteros simétricos y dos peceras con una profundidad de dos metros revestidas en cerámica y con fuentes de agua. Una vereda conduce a la fachada principal de la residencia de estilo poscolonial con dos torres simétricas y una galería de arcos que propone un espacio de transición antes de ingresar al zaguán y que dicen era el lugar elegido por el mandatario para dormir la siesta en hamacas allí colgadas.

En el Patio de Honor

Un gran patio central con galería permite ingresar a un hall que sobre la izquierda presenta una sala de recepción, con cielo raso de espejos franceses y piano de cola alemán, y, a la derecha, un escritorio donde Urquiza llevaba sus negocios y comandaba el gobierno y al que sólo tenían acceso invitados y la familia.

Otras 19 dependencias estaban destinadas a dormitorios. En el ala norte, los hijos varones y en el sur, las hijas mujeres; también había uno destinado a huéspedes, donde durmieron Mitre y Sarmiento.

El dormitorio principal hoy se lo denomina Sala de la Tragedia porque en él fue asesinado el general en brazos de su hija. Su esposa lo transformó en un oratorio.

La residencia tiene también un amplio comedor con mesa de caoba para 30 personas con vajilla china decorada con su rostro; platería, cristalería, y diversas obras de arte.

Sorprende en esa época la dependencia sanitaria con disponibilidad de agua corriente con cañerías caliente y fría y una máquina para producir gas con carburo destinada a proporcionar la iluminación.

En las galerías hay ocho pinturas de Juan Manuel Blanes con representación de las batallas libradas por Urquiza que el general narraba al pintor para que plasmara en la obra. A propósito, la novena El general, el pintor y la dama, de María Ester de Miguel menciona esas conversaciones.

Las cuatro galerías tienen solados de mármol en forma de damero blanco (de Carrara) y negro (de Génova) y la cerámica de las habitaciones fueron importadas de Francia.

Patio del parral

El patio del parral, era el secundario donde vivían los empleados más destacados de Urquiza. También de forma cuadrada, concentraba las actividades de servicio, cocina, despensa, habitaciones para empleados jerárquicos y otro comedor.

Un segundo escritorio estaba destinado a la administración de las empresas del propietario.

Entre las habitaciones y el patio, el arquitecto Pietro Fosatti, diseñó un pergolado de hierro forjado para sostener las parras del lugar.

La cocina familiar fue un espacio vital para la vida del palacio ya que allí se hacían conservas, dulces, pastas y embutidos. Protagonista de ese espacio es una cocina de hierro de forma octogonal y detalles de bronce con cuatro hornallas y tres hornos.

Casi como un pueblo se movía en el palacio ya que trabajaban 300 personas en los servicios y en la atención de quintas y huertos que permitía el autoabastecimiento.

A través de un arco de medio punto se ingresa al jardín posterior donde dos avenidas sirven para la circulación, una conduce al lago y otra a la pulpería, panadería, herrería y cocheras.

En el cruce de esas vías reciben cuatro bustos de mármol de Napoleón, Julio César, Hernán Cortes, y Alejandro Magno.

Este jardín al igual que los ya mencionados tiene fuentes, canteros, y variadas especies de árboles que generan una acogedora sombra.

Cerca de la pulpería hay un palomar y un enorme portón de cuatro hojas para carruajes y una capilla dedicada a San José. Ese oratorio es octogonal y tiene una cúpula cuya cara interna tiene murales pintados por Juan Blanes y por fuera está recubierta por azulejos que ofrecen un clima acogedor y de enorme belleza.

El límite norte del eje transversal esta conformado por la pulpería, el palomar, un enorme portón de cuatro hojas para carruajes y la capilla.

Este Oratorio se destinó a la advocación de San José posee una planta octogonal y cúpula con murales en el interior del pintor Juan Blanes en el exterior esta recubierta de azulejos Pas de Calais.

Lago artificial 

Una calle coronada de álamos conduce al algo artificial, en sus laterales se ubicaban las huertas y quintas de árboles frutales.

El espejo de agua tiene una superficie de 120 metros por 180 y una profundidad de cinco metros. Fue cavado a mano y lo circundaba un paredón con verja de hierro. Tuvo dos muelles y se alimenta con agua traída por bombeo de una laguna cercana. Se comenta que el general navegaba en una embarcación a vapor llamada San Cipriano, y era un sitio selecto para recepciones y fiestas entre templetes y glorietas.

El palacio San José fue declarado Monumento Histórico en 1935 y reabrió sus puertas como museo en 1936.

Una noche en la casa 

La casa ofrece visitas nocturnas con espectáculo de luz y sonido. En un clima intimista y acogedor, invita a descubrir los secretos de la vida cotidiana, a transitar las habitaciones familiares mientras las luces ponen su cuota de magia. Melodías de la época interpretadas en el piano, la guitarra criolla en el segundo patio y diversos detalles ubican a los visitantes en un tiempo y un espacio que permite recuperar el pasado.

Lo que hay que saber

Dónde. Zona rural de la localidad de Caseros a 30 kilómetros de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.

Cómo ir. Por ruta provincial 39 a la altura del kilómetro 128 hay que desviar hacia el norte tres kilómetros. Todo el recorrido es por camino de asfalto.

Horario de atención. Lunes a viernes de 8 a 19; sábados, domingos y feriados de 9 a 18.

Entradas. Visita por persona diurna $ 15 y nocturna $ 40,

Servicios. Venta de recuerdos, estacionamiento, bar, restaurante, archivo y biblioteca.