Recorrió el país durmiendo en un auto del 66 y cuenta su experiencia

Antes de la restauración el motor había estado años apagado. (Instagram:@lavida_es_otra_cosa)
Antes de la restauración el motor había estado años apagado. (Instagram:@lavida_es_otra_cosa)

A Pablo el comienzo de la cuarentena lo encontró en casa y con ganas de experimentar. Demostrando que no hace falta contar con mucho dinero o experiencia previa, comenzó el proyecto de restauración de un Siam Di Tella del año 1966, que en poco tiempo se convertiría en su hogar.

Una casa compacta

“Hacer una autocaravana casera en tu tiempo libre es posible, y más en tiempos de pandemia, donde el tiempo es lo que sobra y la imaginación vuela”, explica Pablo. Puso manos a la obra y construyó los muebles que necesitaba, incluida un pequeña cocina con pileta y todo. También la instalación de un panel solar en el techo.

En ruta

Cuando las restricciones lo permitieron, empezó su viaje en el que recorrió más de 17.000 kilómetros. Partió desde Buenos Aires hasta Tierra del Fuego y de ahí hasta La Quiaca. En medio año de viaje sólo pasó cinco noches fuera del Di Tella.

Cuenta anécdotas como el almuerzo que cocinó “al motor”, en Puerto Pirámides colocando carne y verduras en un envoltorio (bien cerrado) de papel aluminio y atándolo al interior del auto, para que se haga con su calor.

También recuerda la Navidad pasada, cuando caminó 12 kilómetros en Punta Cantor, y durmió en soledad a orilla del mar “una noche única, inigualable, impagable y muy recomendable para hacer aunque sea una vez en la vida”, dice. Pasó la jornada pescando y nadando, pero “Papá Noel no me trajo nada”, se ríe.

De forma muy transparente muestra la parte más linda, pero también el detrás de escena, de sus días de ruta, como las veces en que no encontró lugar para pasar la noche después de un día agotador o los problemas mecánicos que surgieron. Por ejemplo la vez en que una zona de ripio en la Ruta 40 rompió un elemento del auto y su día que “venía mal” empeoró. Pero mira el lado positivo y explica que la situación desembocó en el encuentro inesperado con personas que lo ayudaron y se volvieron sus amigos.

Aunque el proyecto fue en solitario, cuenta que en el camino conoció mucha gente "que se fue acoplando a la ruta del viaje". "Mis copilotos" es la forma en que nombra a las personas que lo siguen y están atentas a cada uno de sus movimientos en viaje. Sus travesías pueden seguirse en los videos que sube a redes sociales.