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Argentina

Por las Entrañas Riojanas: tierra de grandes contrastes

Tres días por las fértiles zonas del valle de Famatina y por la árida geografía de la mina La Mejicana. Atrapantes paisajes de contrastantes colores y desolación.  Un fuerte sincretismo religioso está vigente en las fiestas populares.

Por Gustavo Rebord (Especial).

Al oeste, en los nevados del Famatina, resalta el cerro General Belgrano, de 6.250 metros. Esas laderas están coronadas por distintos minerales como oro, plata y estaño que hicieron perder el sueño a generaciones de ambiciosos.

El fin de semana largo de agosto llegamos a Angulos, un caserío ubicado a poco más de 60 kilómetros al norte de la ciudad de Chilecito y a 1.800 metros sobre el nivel del mar donde nos instalamos. En una geografía donde sobresalen los lechos secos de los ríos Blanco y Durazno y áridas quebradas pobladas por enormes cardones, aprovechamos para hacer largas caminatas. Descubrimos un territorio de grandes montañas, que a pesar de su aridez, presenta diversidad vegetal que atraviesan manadas de cabras, ovejas y guanacos. Es una zona donde el sincretismo religioso sigue vigente en las fiestas del Tinkunaco, encuentro (en quechua), de Dios con el pueblo, el último día del año y la celebración del Niño de Gualco, el segundo sábado de septiembre. 

Al transitar por la ruta provincial 11, unos kilómetros antes de llegar a Angulos, se encuentra el oratorio del Niño de Gualco. Una capilla y la vivienda de la cuidadora, entre algarrobos y vides, reciben a devotos y visitantes y una gran plaza con un altar de piedra es el marco de los festejos. 

En esas coordenadas la providencia nos cruzó con Javier Quintero, conocedor y baqueano que montado a caballo, con montera de cuero y una mula de tiro, terminaba de saludar y agradecer al Niño, antes de regresar a su casa.

Conversamos con Javier quien ofició de guía el resto de la visita a la región.

Una de las tantas historias que remiten al origen del Niño de Gualco asegura que cuando mineros y camperos, pasaban cerca de un viejo asentamiento llamado Hualco o Gualco, sentían el llanto de un bebé. Uno de ellos, tentado por la curiosidad decidió buscar la procedencia de los gemidos y encontró la imagen de un niño dentro de una tinaja. En ese momento, comenzó la devoción por el “Niño” que se afianza en sus milagros. 

Por estos días se hace la fiesta en el oratorio y en diciembre tiene lugar la peregrinación que conduce la imagen a través de un recorrido por las localidades comprendidas entre Famatina y Angulos, y que concentra a cientos de promesantes que acompañan cánticos al ritmo de la caja.

Por las costas del Durazno

La localidad de Angulos está rodeada por los ríos Durazno y Blanco lo que la hace propicia para la producción de frutales y nogales. Aunque sus lechos parezcan secos, el agua llega por acequias que distribuye el agua por turnos en las diversas fincas. 

Partimos en caminata por jarillales, hasta encontrar el lecho arenoso con grandes piedras dispersas y barrancas erosionadas que hablan del torrentoso caudal en época estival. El curso de a poco se interna en una quebrada con laderas pobladas de cardones gigantes y el viento trae aromas de hierbas silvestres y espinillos florecidos. 

De la nada surge el agua cristalina, helada y por ese rastro sigue el trekking que exige cruzar de un lado a otro a los saltos. Los arenales se cubren de una fina capa de sal y en la quebrada, la sombra de los cerros, trae alivio al calor. 

El cordón de la sierra de Velasco moldea la dirección del río y la intervención del hombre creó un pequeño embalse, desde donde se desprende un canal que conduce el agua a otro valle.

Continúa la marcha y cuando promedia la decena de kilómetros de caminata, el canal se eleva y sortea una ladera para alimentar al embalse Chañarmuyo. La postal es fantástica: un espejo de agua transparente rodeado de montañas con laderas a pique. 

La represa abastece a varias poblaciones afincadas en esas tierras calientes y arenosas.

Dos kilómetros más y recibe un monte de cardones, portal de salida de la montaña.

El regreso fue al atardecer gracias a la voluntad del conductor de una vieja R12 que nos condujo los 21 kilómetros que separan de Angulos.  

Río Blanco

En el afán de no perder ninguna oportunidad de conocer más de la zona decidimos hacer un trekking por la costa del río Blanco y hacia arriba, a lo largo de seis kilómetros, en búsqueda de La Toma, especie de embalse que conduce el agua de riego.

El paisaje es muy distinto al anterior. Se avanza hacia el oeste con la postal de la cordillera de Famatina que muestra una sucesión de cordones que crecen en altura hasta llegar a los nevados.

El curso de agua no supera el metro de ancho y nace en la alta montaña como fruto del deshielo. Serpentea cristalino, puro, en un ancho cauce que muestra sus paredes de diferentes alturas. En ellas se pueden reconocer las diversas capas de tierra aportadas por las lluvias. Dicen los lugareños que cuando llueve en la cordillera, el caudal es incontenible y arrasa con lo que encuentra a su paso.

Todo el sendero es de arena y la caminata se torna pesada. El sol se refleja en las piedras y un dicho acuñado en la zona afirma que: “aquí el que viene blanco se va negro por el sol”.

Después de cinco kilómetros de trekking, que en varios tramos exige saltar el río, se arriba a La Toma. Un muro de hormigón entre dos cerros, crea un embalse, allí el agua sigue por un canal para ser usada como riego por las quintas frutales. 

Sucesivos aluviones arrastraron arena y piedra y esos depósitos disminuyen la capacidad de la represa.

En una pequeña isla entre piedras, paja brava, agua y arena decidimos acampar para almorzar con la imagen cautivantes del río entre enormes muros de color rojo, que forman un cañón.

Luego penetramos a un valle, todo de arenisca rojiza, que se eleva en picos inclinados para el mismo lado, como si el viento los moldeara.

El suelo es una extensa duna que concentra mucho calor.

Intentamos trepar los pequeños cerros pero la tierra suelta con pedregullo de manera tenaz lo impedía. Optamos por recorrer distintos laberintos hasta que llegó la hora de regresar. El descenso fue oportuno para refrescarnos en el río con los pies en el agua helada y un paisaje de rústica belleza.

Al ingresar al pueblo, la plaza estaba invadida de música, árboles decorados con globos, mesas en la calle, y algunas señoras distribuían a los niños chocolate. Conmemoraban un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín.

Lo que hay que saber

Clima: las temporadas de lluvias (de noviembre a marzo) desbordan los ríos.  

Guía: para visitar la mina La Mejicana se recomienda contratar un avezado guía o baqueano. En nuestro caso fue Javier Quintero (teléfono 38-2566-8596).

Abastecimiento: las compras de alimentos se pueden hacer en Famatina y el combustible preferiblemente en Chilecito.

Recomendación: para subir a la mina hay tener en cuenta que el vehículo gastará mayor cantidad de combustible por la altura. 

Distancia. De Córdoba hasta Angulos: 600 kilómetros. 

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