Parque Nacional Pre Delta, un paraíso a orillas del río

El Parque Nacional Pre Delta, en Entre Ríos, es un área protegida en constante transformación que permite contemplar la naturaleza litoraleña y descubrir especies únicas a través de senderos y laberintos acuáticos.

En el oeste de la provincia de Entre Ríos, y a seis kilómetros de la ciudad de Diamante, se ubica la puerta al Parque Nacional Pre Delta, un rincón del país ideal para ir en familia y realizar actividades náuticas y caminatas. Tras cerrar su ingreso por un año debido a las inundaciones, hoy se encuentra recuperado y con una biodiversidad beneficiada.

Visitar el área protegida es una oportunidad para sumergirse entre sus islas –el Ceibo, la Manga y el Barro– y perderse entre laberintos de riachos, arroyos y bañados que conceden al lugar la apariencia de un archipiélago. Hace 25 años que busca conservar, a lo largo de sus singulares 2.600 hectáreas, una importante comunidad de leñosas del monte blanco.

DATOS. Información útil para una escapada al Parque Nacional Pre Delta.

Emprender la marcha

El ingreso al parque es gratuito y en su cabecera se encuentra el área recreativa Paraje La Jaula, que cuenta con servicios de camping agreste con asadores, mesas, baños y proveeduría para pasar un agradable día. Es una buena oportunidad para descansar y contemplar el paisaje para luego emprender la marcha y recorrer 400 metros hacia la laguna Curiyú, un sendero de baja dificultad y adaptado para personas con capacidades diferentes.

Luego, si quedan energías, el Sendero de las Lagunas es un circuito de pasarelas de 1.000 metros que permite llegar a los espejos de agua Irupé y Las Piedras. Hay que tener la cámara de fotos a mano porque, tras atravesar el bosque, se podrán observar patos, garzas, gaviotines y gallinetas, entre otras especies.

Otro punto importante se localiza en los límites del área protegida, donde se encuentra el Paraje La Azotea, al que se puede acceder en auto. Desde allí se puede visitar la barranca natural de la selva ribereña, que se manifiesta exuberante y que marca el comienzo de lo que se conoce como Delta del Paraná.

En las lagunas que se forman en esta zona se destacan los irupés de enormes hojas flotantes y, si se agudiza la mirada, es posible descubrir las huellas del carpincho o la nutria y observar yacarés y lagartos overos; naturaleza oculta entre los pajonales. Hacia el interior del territorio, sorprende el contraste de vegetación. Hay bosques de espinillo y pajonales hasta llegar al centro insular, donde se puede encontrar la especie emblemática del parque: el martín pescador grande.

Vida en el agua

La singularidad de esta región radica en sus cursos de agua, donde pareciera más fácil navegar que caminar, lo que permite descubrir el corazón del Delta. Es que aquí, los ambientes terrestres también se consideran acuáticos, porque quedan muchas veces sumergidos. Para conocer el área protegida por agua se pueden contratar excursiones en lancha, que salen desde un pequeño muelle y duran entre 40 minutos y 6 horas.

Una posibilidad es visitar el arroyo La Azotea, que requiere atravesar el riacho Vapor Viejo para después finalizar el recorrido en el arroyo Las Mangas. Vale la pena también realizar la excursión que sale del Paraje Las Mangas, en el sector norte de la isla del Ceibo, donde se desembarca para conocer la laguna Los Baños.

Aún queda mucho por descubrir, ya que bajo el agua es donde se esconde la singularidad biológica del parque nacional. Es uno de los mayores reservorios ictícolas de Argentina, con 178 especies de peces reconocidas que utilizan sus arroyos y riachos para alimentación y refugio. Por las aguas viajan sábalos, dorados, surubíes y el amenazado lobito de río, además del yacaré overo, especie que se suponía extinta en las zonas del Delta.

Se trata, sin duda, de un mosaico cautivante de humedales para visitar una y mil veces.