Nieve y algo más en Bariloche

Si hay que designar una capital del invierno en el hemisferio sur, Bariloche tendría todas las posibilidades de llevarse el título. La nieve está literalmente a la vuelta de la esquina y el centro es tal como uno imagina una aldea de montaña: techos a dos aguas, fachadas de piedra y madera tallada. Hasta están los perros San Bernardo para la foto. Esta raza, que nació en el corazón de los Alpes para socorrer a los peregrinos perdidos en las tormentas de nieve, se siente como en su casa en el paisaje andino. Bariloche es también el mayor polo gastronómico de la Patagonia, y luego de las jornadas de esquí o de los paseos en raqueta por los bosques nevados siempre hay una opción para comer rico: desde ahumados patagónicos hasta fondues hechas por descendientes de suizos.

DATOS ÚTILES. Información útil para esquiar en Bariloche.

Una ciudad, varios inviernos

Antes de cada temporada, los vecinos de Bariloche miran hacia el cielo esperando que las nevadas sean abundantes. Este año sus plegarias fueron escuchadas y las condiciones ya eran óptimas a principios de junio. La temporada empezó incluso más temprano de lo habitual, con parte del cerro Catedral abierto y funcionando para el fin de semana largo de junio.

Sin embargo, este año el teleférico del cerro Otto estará cerrado durante toda la temporada por obras de mantenimiento en sus cables. Esto no impide que los demás atractivos de esta montaña funcionen: a pocos kilómetros del Centro Cívico, y directamente desde la carretera del Circuito Chico, el refugio y el centro de nieve de Piedras Blancas ya recibieron sus primeros visitantes para la temporada. Los viajeros se disponen a disfrutar de la nieve con bajadas en culipatín, paseos en raquetas o esquí de fondo. Allí también van quienes se animan a pararse por primera vez sobre tablas, lejos y al reparo del vertiginoso bullicio del cerro Catedral.

Todas las infraestructuras de la ciudad y de sus alrededores funcionan a pleno durante la temporada, al igual que en verano. Y más particularmente el recorrido chocolatero, que se pone a tono con el frío del invierno. Las principales casas se destacan en la calle Mitre con sus llamativas vidrieras y sus colores vivos: violeta y dorado para Rapa Nui, rojo para Mamuschka o malva para Tante Frida.

Nieve asegurada en Catedral

Todos los años se anuncian algunas mejoras o inversiones en los centros de montaña del país. Y Catedral, el mayor de todos, no es la excepción a la regla. Este año cumple 80 años. Es el más anti-guo de los resorts de esquí del hemisferio sur, pero también el más grande. Un par de cifras alcanzan para demostrar que es un lugar donde hay pistas y propuestas para todos, desde el más primerizo de los principiantes hasta el más experto de los esquiadores acostumbrados a campeonatos: tiene 120 kilómetros de pistas señalizadas, 600 hectáreas esquiables (sin contar las zonas de fuera de pista y las vertientes donde se accede con heliski), 34 medios de elevación y 14 paradores gastronómicos diseminados en toda la montaña.

Además, puede atender a 36 mil personas por hora entre sus distintos sistemas de elevación, que van desde las telecabinas hasta tapices o pomas. Está equipado con un snowpark, es decir un predio especialmente diseñado para los que quieren hacer figuras acrobáticas con snowboards. Catedral agrega siempre nuevos deportes -como el snowbike y su versión motorizada, el snowscoot- o excursiones por la montaña a bordo de snowbuses.

En cuanto a inversiones, este año se agregaron máquinas para producir nieve artificial, especialmente en la base del cerro y la plaza Oertle. Son las zonas donde suele faltar nieve durante la época turística cuando ésta se va derritiendo. Gracias a estos cañones, se garantiza “pólvora blanca” hasta el último día de la temporada.