Malargüe: un recorrido por los bellos sitios del sur mendocino

Malargüe busca reacomodarse para la salida de la pandemia. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes.
Malargüe busca reacomodarse para la salida de la pandemia. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes.

Mendoza es uno de los destinos más buscados por los argentinos. Dentro de la variedad, en el sur se encuentran los tesoros de Malargüe.

Después de que la provincia de Mendoza se consolidó como uno de los principales destinos turísticos a finales de 2019 y principios de 2020, la pandemia y las restricciones fueron un duro golpe para la actividad.

Malargüe, que disfrutó una de las mejores temporadas de verano de su historia, buscar revertir la adversidad con la consolidación, revalorización y diversificación de su oferta turística. A la fecha, estiman que hay entre un 60 y un 70 por ciento de reservas para el verano.

Voy de Viaje tuvo la oportunidad de recorrer algunos de los “platos fuertes” del menú turístico: a la imponencia de su paisaje natural es posible contemplarla y disfrutarla de diferentes maneras, según el gusto del turista.

Por ejemplo, en los Castillos de Pincheira, Potimalal o Valle Hermoso. Para pasar una noche, los más aventureros podrán elegir la carpa y enfrentarse a las inclemencias climáticas; pero los que no resignan la comodidad, tienen la posibilidad de dormir en una cama contemplando un cielo inigualable.

El “glamping” (glamour más camping) ha llegado para quedarse, de la mano de jóvenes malargüinos que levantaron domos o dormis.

Leandro Castro vive en el Valle de Poti Malal junto a su madre y su padre, puesteros de más de 60 años que han pasado toda su vida allí, y se dedican a la cría de chivos y cabras.

Leandro es el menor de sus seis hijos, y el único que no se ha mudado a la ciudad para apostar al desarrollo del Parador Turístico Potimalal, donde construyó dormis y domos. No sólo el paisaje de la montaña junto al río y el cielo que ofrece estrellas por doquier invitan a pasar la noche; también el desayuno con pan de campo, queso de cabra y dulce de leche de cabra, todo hecho de manera casera.

La gastronomía local dice presente en cada lugar, con el chivo como capitán, y también juega de titular para el equipo de la dirección turística que busca incentivarla.

“Queremos que las generaciones más jóvenes encuentren una posibilidad en el turismo como forma de incentivar el arraigo”, comentó Marcelo Rivarola, director de Promoción y Políticas Turísticas del departamento, al hablar del turismo rural, y de ofrecer a los turistas la posibilidad de vivir “desde adentro” cómo es el día a día de familias de puesteros y arrieros. A su vez, estos pueden diversificar su economía.

Recorrer el lugar junto a guías turísticos formados en diferentes disciplinas, permite aprovechar el imponente paisaje cordillerano, las historias del lugar que esconden descubrimientos paleontológicos, o las transformaciones geológicas que originaron bellezas como la Laguna de la Niña Encantada o el Pozo de las Ánimas.

También se pueden descubrir los mitos que intentaron darle una explicación antes que la ciencia, historias de pueblos originarios y la conquista española, o el desarrollo de diferentes actividades económicas y sus consecuentes marcas en la tierra.

Recorriendo el Geoparque Llano Blanco, o caminando hacia las piedras donde se encontró arte rupestre, se aprecia la iniciativa de los lugareños de preservar y conservar los recursos naturales, antropológicos y paleontológicos, en un departamento que históricamente estuvo signado por el extractivismo.

Es una buena oportunidad de volver a mirar y elegir lo propio para tomarnos un descanso y recargar energías maravillándonos con lo que transmiten escenarios naturales como estos.