Leyenda, aventura y cascada en las sierras de San Luis

El Salto de la Negra Libre es la perla de un recorrido maravilloso para quienes buscan la naturaleza en la vecina provincia.

Las sierras y los valles de la provincia de San Luis están regados por ríos y arroyos que recuerdan y forman sus propios caminos. En algunos puntos convergen y nacen imponentes cascadas: ocultas en el medio del valle, irrumpen el silencio donde solo se escucha el canto de algunos pájaros.

Situado en el cordón montañoso de las Sierras Centrales de San Luis y unos 70 kilómetros de la capital se encuentra el Valle de Pancanta. Este es un paisaje muy tranquilo, uno de los tesoros, más impresionantes de la provincia y un destino imperdible para los amantes del senderismo y la naturaleza en su máxima expresión, conocido como "El Salto de la Negra Libre".

Existen varias leyendas que cuentan la historia de su llamativo nombre; todas similares pero con pequeñas variantes. Las versiones coinciden en que la protagonista era una mujer –probablemente una esclava negra en alguna estancia o quien llamaban “la negra” - que se escapó en busca de su libertad y el verso de sus perseguidores, se lanzó al río en este punto y nunca fue encontrada. De alguna manera en esta zona reina su espíritu libre, y también los pasos de las antiguas comunidades de huarpes y comechingones que habitaron en la región siglos atrás, y de quienes aún se encuentran vestigios.

El salto es realmente imponente: una cascada de unos 65 metros de altura en el paisaje y la forma de una pileta natural de unos 25 metros de ancho, a lo largo de los 18 metros. Llegar a este punto es sin duda la ruta del camino, pero la travesía comienza mucho antes de transitar el valle, sus ríos y arroyos.

Caminos poco explorados

Es necesario comenzar bien temprano y tener en cuenta 16 kilómetros en total entre la ida y la vuelta, sumarios a la placentera y necesaria para refrescarse y nadar en el río y en la olla del mismo salto. La duración total es de unas ocho horas. No hay grandes desniveles y el grado de dificultad es intermedio.

Es imprescindible ir con la guía o alguien que conozca el camino, que no se encuentre bien. Es necesario atravesar un campo privado para llegar al objetivo. Don Pérez es uno de los propietarios que habita desde siempre en la zona y conoce sus historias: él es quien suele recibir a los visitantes.

El camino se puede dividir en dos partes: la primera, donde se transita por el envío y se cruza por el río. El primer tramo es tranquilo, entre pastizales llanos con paredes de pircas que atraviesan el campo y dividen los terrenos. Los afluentes que se encuentran son el río Grande y el río Pancanta, así como también el arroyo Piedras Blancas. El paisaje es impactante a cada paso y cada parte del recorrido tiene sus encantos y desafíos; Por ejemplo, por ejemplo, debemos saltar las piedras, a veces escalar los murallones naturales, pasar por el agua, recorrer las innumerables subidas y bajadas, y en ocasiones simplemente estar atentos a no lastimarse con las ramas y espinas. 

Una actitud consciente

En esta zona no hay muchos árboles que den sombra. La vegetación que abunda son cortaderas, cardos, flores silvestres y árboles autóctonos como los espinillos, las salsas criollos o los molles de beber, que sólo crecen en las quebradas húmedas y laderas de ríos. Los cóndores sobreviven los cielos y se pueden divisar también algunos de sus anidos y posaderas en la parte más alta y rocosa de las sierras.

Visitar el Salto de la Negra Libre es aventurarse hacia el corazón de las sierras por caminos poco explorados y repletos de tesoros naturales, pero también es sinónimo de la paz serrana y aprender a cuidar y respetar su maravilloso patrimonio natural; ser conscientes de la importancia de su preservación sin dejar más que nuestras huellas en el camino.