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Esteros del Iberá: aventurarse entre fauna y humedales

Es un destino perfecto para aquellos que decidan aventurarse en un ecosistema singular, en el cual conviven un entramado de lagunas, una vegetación diversa y abundante y especies de nuestra fauna autóctona que disfrutan de su hábitat natural.

Por Violeta Brodsky (Especial).

La visita habitual de los Esteros del Iberá se puede realizar en dos o en tres días, y algunos encantados deciden quedarse unos días más. Dejarse seducir por infinitos horizontes, caminar las silenciosas siestas de un pueblo que descansa, escuchar los sonidos que la naturaleza regala al atardecer, detenerse a observar aves y continuar siguiendo las huellas que deja el camino.

Increíbles postales en el litoral. Gentileza Hernán Povedano / Inprotur / Minturdep

Se llama “estero” a aquellas extensiones pantanosas que pueden originarse por la caída del agua de lluvia o por el desborde de un río o una laguna durante las crecidas. Los esteros son depósitos de agua estancada, con un nivel de profundidad que varía entre uno y tres metros, cubiertos de plantas acuáticas. Estas grandes lagunas se completan con embalsados (costas flotantes), bañados (esteros más pequeños) y malezales (un tipo de bañado más elevado). Los humedales sustentan la vida de especies y subespecies de animales, como mamíferos, aves, reptiles, peces e insectos. Es por ello que biólogos y guardaparques dedican su vida -con muchísimo esmero- a cuidarlos.

Arranca la aventura

Lo primero que hay que hacer al planificar el viaje es verificar el clima, ya que no sólo ayudará en materia de equipaje, sino también en el trazado de la ruta. Los caminos no son de fácil acceso y si llueve los días previos, puede ser un inconveniente. Además, es importante definir el lugar en el que se hará base para el acceso a los esteros. La mayoría de los visitantes ingresan por el portal de acceso “Laguna Iberá”, en Colonia Carlos Pellegrini, ya que ofrece propuestas en alojamiento, en gastronomía y excursiones con guías locales. Según recomendaciones, conviene ingresar por la ruta que une Mercedes con Carlos Pellegrini.

Antes del anochecer. Las puestas del sol son hipnóticas en los escenarios del litoral. Gentileza Emilio White / Inprotur / Minturdep

Son 120 kilómetros de asfalto que se convierten en camino de tierra. Si se maneja con cuidado y a poca velocidad, se llega en perfecto estado. No será necesario encontrar el cartel de “ingreso” al parque, pues la fauna se ocupa de dar al turista una hermosa bienvenida. Casi de repente, empiezan a aparecer garzas de color pastel volando bajo en la misma dirección del auto, carpinchos de pelajes rojizos, ciervos de pantano, mariposas de colores, y miles y miles de insectos. Está prohibido tocar bocina (anuncian carteles al costado del camino). Integrarse, no estorbar y respetar la calma en la que conviven las especies será siempre obligación dentro del parque. Al final del camino, un puente da ingreso a Colonia Carlos Pellegrini. Al atravesarlo no se pasa desapercibido, ya que el ruido metálico que produce el golpe de las ruedas sobre la base del puente avisa que han llegado nuevos turistas.

Pellegrini, la base que se convirtió en destino

Colonia Carlos Pellegrini es un pequeño pueblo de tan solo 1200 habitantes enclavado a orillas de la laguna Ibera. Fue, hasta pocos años atrás, un típico pueblito correntino, con la particularidad de estar aislado de la geografía provincial. Si bien la fecha de fundación del pueblo data de principios del siglo XX nació mucho tiempo antes como un asentamiento de cazadores.

Recién a partir de 1985 Pellegrini inició cambios estructurales de la mano de la Reserva Natural Provincial del Iberá y así se contribuyó a repoblar las especies típicas de la fauna, hasta entonces amenazadas y perseguidas por la caza, práctica que hoy ya se encuentra penalizada.

Actualmente, gran parte de la población de Pellegrini depende del Ecoturismo; un turismo que busca conservar el recurso y brindar al visitante una experiencia de disfrute y aprendizaje. Fuera de la oferta turística relacionada a los Esteros, Pellegrini es un pueblo hermoso y tranquilo al que conviene darle un lugar en la agenda de viaje para recorrerlo y conocer a sus pobladores nativos, quienes conocen y conviven en armonía con este hábitat y son dueños de los mitos e historias que trascienden de generación en generación.

Excursiones recomendadas

Para recorrer los Esteros de Iberá existe una gran cantidad de excursiones, que pueden ser diurnas o nocturnas. Se pueden contratar al llegar al lugar. Sin tantos intermediarios, se fija una hora, punto de encuentro y comienza la aventura.

A escasa distancia. La prolífica fauna local se puede disfrutar de muy cerca. Gentileza Darío Podestá / Inprotur / Minturdep

La excursión más sorprendente es el paseo en lancha y el mejor horario para hacerlo es al amanecer. A los pocos minutos de estar embarcados en el corazón de los esteros, el motor se apaga y poco a poco las olas se disuelven en una laguna calma. El sol naranja refleja de manera pareja sobre el agua y el horizonte desaparece. De allí su nombre Yberá que, en guaraní, significa “aguas brillantes”.

Es momento de escuchar en silencio la voz del comandante de la lancha y de estar bien atentos.

De a poco van apareciendo las aves: algunas vuelan por el cielo, otras a media altura y otras anidan sobre la vegetación flotante. Están las grandes y solitarias, como la elegante garza mora (mide más de un metro) y aquellas muy pequeñas que se mueven en grupos como los capuchinos (pesan apenas 8 gramos).

El guía avanza lentamente la lancha con una caña que usa de remo para poder acercarse a los animales que van apareciendo en el camino, sin inquietarlos. 

La prolífica fauna local se puede disfrutar de muy cerca. Gentileza Matías Romano / Inprotur / Minturdep

Todo el paseo se completa con sus relatos. “Esos pájaros que ven de a dos son chajá (el nombre se lo da el particular sonido que hacen para avisar el peligro). Siempre de a dos por eso nosotros le llamamos el último romántico. Su pareja dura para toda la vida, cuando uno muere al tiempo lo hace el otro. Es uno de los casos más interesantes y claros de monogamia en la naturaleza”, comenta Juan Carlos, quien dirige la travesía.

Entre los juncos se pueden ver sobresalir los cuernos de los ciervos de pantano hoy están acostumbrados a la presencia del turista y mantienen la calma ante la ausencia de un predador. Caminan con las patas sumergidas por las orillas de las islas flotantes comiendo vegetación.

Otra especie que hoy se encuentra restituida son los carpinchos, antes blanco de cazadores por su valioso cuero. “Al no tener más depredadores (lamentablemente hoy los yaguaretés tampoco aparecen hoy en el escenario de este ecosistema) están más perezosos y menos alertas al peligro”, resalta Juan Carlos.

El yacaré, gran protagonista

Sin dudas lo más esperado por los turistas en este paseo -y un ícono de los esteros- es el yacaré y aparece varias veces en distintas situaciones (tomando sol sobre alguna isla o sumergido casi por completo en la laguna). Su boca está cerrada, pero se pueden ver sus grandes dientes blancos y afilados. 

Sorprende, al verlo tan de cerca, el detalle de la cuadriculada, oscura, gruesa y brillosa de su cuero y los movimientos lentos -pero atentos- con los que se desplaza.

Iberá ofrece también trekking por el Sendero Carayá para el avistaje de monos aulladores, cabalgatas y paseos nocturnos donde se pueden apreciar los sonidos y observar a todos aquellos animales que despiertan o se activan al caer la noche.

El extranjero

A lo largo del recorrido y en cada excursión se escuchará con frecuencia el nombre de Douglas Tompkins o “el extranjero”, un multimillonario filántropo ecologista estadounidense que, en la década de 1990. 

Llegó a este lugar casi por casualidad, junto a su esposa Kristine McDivitt Tompkins. Impactados por el paisaje y la facilidad con la que se podían avistar grandes mamíferos, adquirieron la estancia Rincón del Socorro y otros campos en Iberá, con el objetivo de crear el mayor parque natural de Argentina, traer de vuelta a las especies de fauna que se habían extinguido y promover una economía basada en el turismo de naturaleza. 

Fue un proyecto ambicioso y muchas veces cuestionado (hoy a cargo de Kristine) que se transformó en una de las más importantes organizaciones de conservación ambiental del país, con cinco proyectos de restauración de ecosistemas y reintegración de especies en territorios claves. Su trabajo más conocido es el Proyecto Yaguareté, que busca insertar nuevamente esta especie en peligro de extinción a su hábitat natural.

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