El puerto de Mar del Plata: mucho más que una excursión turística

Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)
Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)

Puede demandar incluso más de un día hacer el recorrido completo. Aquí, algunos tips para aprovechar esta experiencia.

La actividad pesquera es la principal fuente de ingresos de Mar del Plata, no la turística. El puerto es un lugar obligado de visita en la ciudad, pero no alcanza con disfrutar de un buen plato de delicias marinas en sus típicos restaurantes para entender la relevancia que tiene.

La vida en el puerto y en los barrios tradicionales que lo rodean tiene otro espíritu. El aire es denso, no sólo por los olores que emanan de los barcos y la cantidad de lobos marinos que circulan libremente por la banquina de pescadores, sino por el peso de la historia.

Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Inprotur)
Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Inprotur)

Visitar el puerto “como se debe”, puede llevar más de un día, pero como mínimo el día entero.

Recorrer la base naval, caminar por la escollera sur hasta llegar al Cristo, visitar la reserva de lobos marinos y comer un buen plato, son apenas los aperitivos de la propuesta que hace el puerto marplatense.

Una visita imperdible es entrar al pequeño museo del Hombre del Puerto “Cleto Ciocchini”. De afuera, el ingreso es demasiado simple. Recibe a los visitantes el pintor marinista Héctor Berichini, un anfitrión de primera, entrado en años, que al abrir la puerta propone dos opciones: o recorrer los pequeños salones con objetos de mar y puerto en forma autoguiada, lo que te puede llevar 20 minutos, o sentarse con él a recibir una charla magistral sobre la historia de encuentros y desencuentros entre Mar del Plata y su puerto.

Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)
Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)

Con la segunda opción, el telón se abre y de a poco llega la luz: es que la charla está ilustrada con fotos antiguas, pinturas y palabras. Es una luz de esas que iluminan el pensamiento y nutre a los curiosos ávidos de conocimiento.

Vemos entonces que más de un siglo antes de la fundación de Mar del Plata, la actual playa Bristol era considerada un puerto natural con un pequeño muelle conocido como puerto de Laguna de los Padres, por los padres jesuitas que hacia 1750 ya se habían instalado en la zona.

También nos enteramos que estas tierras pertenecían a un portugués, Don Coelho de Meyrelles y se desarrollaban incipientes y rudimentarias actividades portuarias.

Muchos años más tarde Peralta Ramos, Pedro Luro y Fermín Bonnemort comprarían los terrenos para desarrollar lo que hoy conocemos.

Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)
Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)

Tras varios años de convivencia pacífica entre la aristocracia porteña que venía a descansar con la actividad de los pescadores en la playa, separados a escasos 1500 metros unos de otros, un político de turno decretó la expulsión de los pescadores de la Bristol y ordenó su desplazamiento hasta la ubicación actual del puerto.

Ambos sectores de la ciudad crecieron dándose la espalda.

El puerto es sinónimo de inmigración e identidad

Una empresa francesa construyó el nuevo puerto. Se explotaron canteras locales para construir las escolleras de casi dos kilómetros de extensión y se implementaron unas grúas gigantescas dignas de cualquier película de ciencia ficción, pero en 1911.

Llegaron trabajadores de todo el mundo, constructores franceses, pescadores italianos y vascos y hasta buzos árabes, con experiencias en construcción de otros puertos que tenían la capacidad de aguantar la respiración bajo el agua y, sin escafandra, realizaban la tarea fundamental de la nivelación subacuática.

Pueblo de pescadores (1900 – 1950)

En la intersección de la avenida Juan B. Justo y la avenida Edison que desciende hacia el puerto, había hasta no hace muchos años un cartel indicador “Pueblo de Pescadores”.

En realidad, esa nunca fue una denominación oficial, ni siquiera vecinal, ya que el pueblo era Peralta Ramos hasta su unión con Mar del Plata en 1949, y la Asociación de Fomento que funcionó a partir de 1937 se denominó “del Puerto”.

Al recorrer las calles de los barrios portuarios, se conoce y se vive la otra Mar del Plata.

Clásicos del puerto marplatense

Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)
Postales del puerto de Mar del Plata, para descubrir en una visita turística. (Foto: Claudia Santos)

Banquina, Lobos y restaurantes, el paseo turístico clásico en el Puerto Reserva Natural de Lobos Marinos. Grandes y chicos disfrutan al encontrarse con una colonia continental única de aproximadamente 800 lobos marinos machos, que viajan hasta Uruguay para aparearse. Ni una hembra se encuentra aquí.

Banquina de los pescadores. Este es el lugar más instagrameable del paseo. Las lanchas pesqueras se distinguen con sus vivos colores amarillo, naranja y rojo. Suelen salir de madrugada y volver por la tarde. En Mar del Plata se pesca caballa, anchoíta, besugo, mariscos, bonito, corvina, merluza, tiburón cazón, mejillón, mero, abadejo, etc.

Restaurantes del puerto. Más de 15 restaurantes ofrecen menús con peces y mariscos grillados, en tablas, degustaciones o platos gourmet para todos, todas y para todos los presupuestos.

Temas Relacionados