Día 2 en Puerto Madryn: hora de embarcar y buscar ballenas

Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En la embarcación de Peke Sosa. (Foto: Daniel Santos)
Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En la embarcación de Peke Sosa. (Foto: Daniel Santos)

Dos experiencias diferentes sobre embarcaciones en Puerto Pirámides.

El segundo día de nuestro viaje a Puerto Madryn nos permitió disfrutar dos experiencias de avistaje desde embarcación.

Descansados de la bicicleta del día anterior, salimos rumbo a la joyita de esta experiencia en temporada de ballenas.

Día 2 en Puerto Madryn: embarcar en Puerto Pirámides

El tiempo ayudó. Lo que estaba programado se pudo hacer, así que llegamos a Puerto Pirámides para ver las ballenas. Nos dicen que hasta julio contaron y sistematizaron 1.031 ejemplares, así que la posibilidad de verlas era estadísticamente alta.

Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)
Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)

Todos, igual, le bajan el precio y advierten que a veces se ven mejor (saltan, muestran la cola, pasan por debajo de la embarcación), otras veces apenas se las puede apreciar en los alrededores de la gran lancha. Como para que nadie se decepcione tanto si no hay espectáculo a la vista.

Tuvimos suerte: apenas nos metimos en el mar con chalecos e instrucciones necesarias de Avistaje Peke Sosa, empezaron a saludar en “modo ballena”, y fue un festival en el agua.

Animales tan enormes, tan cerca, merecen la visita. La figurita difícil es encontrar algún vallenato albino, que son las rarezas del avistaje. En la primera salida, no tuvimos esa fortuna; en la segunda, sí.

Con el ojo entrenado en ballenas

El circuito de hora y media nos permitió ver estos enormes mamíferos en su hábitat, mientras los guías daban datos acerca de sus comportamientos, del poco tiempo de estudio que tienen (50 años), y de todo lo que no sabemos todavía de ellas.

Lo que sí se sabe es que los machos llegan cada año para aparearse, buscando hembras que comparten entre varios, durante el acto de cópula; y están las que vienen a parir y a enseñar a sus crías a convertirse en ballenas.

Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. (Foto: Daniel Santos)
Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. (Foto: Daniel Santos)

Lo que más se puede ver son las madres junto a sus hijos, aunque para eso hay que confiar en la palabra de los que saben. “Esa es una hembra”, “ése es un juvenil”, narran. El ojo no entrenado no distingue mucho, pero se maravilla con el espectáculo de cualquier modo.

“Miren ahí que va a saltar”, “miren allá que va a sacar la cola”. A veces, no aciertan, pero la mayoría sí. Tantos años en el mar mostrando ballenas los volvió expertos, y mejor seguir sus consejos.

Una vez de vuelta en tierra firme (algunos sufrieron el mareo por la marea), es tiempo de almorzar antes de volver a salir. Al azar, pesca del día (abadejo tocó en suerte), y una entrada de rabas.

En el “Yellow Submarine” de Puerto Pirámides

A la siesta, es el turno del Yellow Submarine, de la empresa Southern Spirit. Es la joyita de Puerto Pirámides, de las nueve que se dedican al avistaje. El plus (también económico, porque cuesta el doble) es poder ver los mamíferos desde abajo.

Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En el Submarino Amarillo de Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)
Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En el Submarino Amarillo de Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)

Por un lado, la cubierta. Por el otro, el submarino. Ahí sí que hay que tener más suerte, porque mientras por arriba el espectáculo vuelve a ser sorprendente, por abajo es más complejo: el 90 por ciento del tiempo se ve agua y cada tanto se distinguen contornos de ballenas. A lo mejor, sólo no tuvimos tanta suerte.

El capitán es muy divertido. Hace la introducción antes de embarcar con buenos chistes, como cuando pone el “salvavidas de plomo”: “Es pesado, así se hunden más rápido y el sufrimiento es corto”, dice. Se ríen los que entienden español, y los que no, no.

El recorrido es largo, y se aleja mucho más que el anterior, siguiendo ballenas, mostrando la costa y la “pirámide” desde diversos ángulos, o pasando por un rincón de lobitos marinos. Pero la pista que siguen es la de nuestro objetivo: en el horizonte escupen agua o saltan lejos.

Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En el Submarino Amarillo de Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)
Tres días en Puerto Madryn, por los rincones más lindos junto al mar patagónico. En el Submarino Amarillo de Puerto Pirámides. (Foto: Daniel Santos)

Sobre el final, después de que todos odiamos a las torturadoras gaviotas que lastiman el lomo de las ballenas, tenemos la suerte de ver a un joven albino. En realidad, tienen diferencias genéticas, pero cuando crecen su cuerpo va a tomar un color grisáceo, parecido a las “normales”.

Es un espectáculo aparte, y por eso es lo más esperado. Ese color, que contrasta con el mar y con sus propias manchas, lo hacen único.

Más que el submarino, eso valió el precio más caro.

Así siguió el viaje, con ballenas desde la costa en El Doradillo y una visita a una estancia patagónica. Leé acá.

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