De rastrojero a hogar móvil: la historia de “La Gauchita” y sus viajeros

Por dentro tiene todo lo necesario para ser una vivienda confortable. (Crónicas de La Gauchita)
Por dentro tiene todo lo necesario para ser una vivienda confortable. (Crónicas de La Gauchita)

Cuando Anahí Berlak y Tomás Engel lo vieron en redes sociales supieron que ese camión iba a ser parte de su vida. Era un rastrojero del año 1976, con motor original, pero con muchas reformas por delante. No lo dudaron, fueron a su encuentro y hoy, tres años después, es la casa rodante donde recorren el país.

Las peques de la familia

El cuadro familiar se completa con dos perras; Loba y Aklla, que significa “Elegida” en Quechua. “Aklla es la aventurera, ama viajar y estar afuera”, cuenta la pareja. En cambio Loba “es hogareña, le costó más la vida viajera, aunque ya se acostumbró”. Ahora ambas disfrutan de cada nueva aventura sobre ruedas y de tener un patio siempre diferente.

¿Comienzo fácil? No, para nada

Cuentan, con humor, que la primer travesía fue desde Bariloche hasta Mendoza y que en el trayecto, que se hizo de cinco días, les pasó “de todo”. “Solíamos abrir la tapa del motor (entre el conductor y el copiloto) con las ventanillas abiertas, para enfriarlo, y en plena ruta vimos una pieza del motor salir despedida por la ventana”. Ríen y explican que hasta el momento no saben cuál.

Claro que, después de hacerle todos los arreglos necesarios, fue más sencillo transitar en La Gauchita, y pudieron cumplir su sueño de vivir en casa rodante y pasear por diversos paisajes de Argentina. Para sustentarse trabajan en el camino, venden tejidos y hacen artesanías. Aunque no tienen apuro, les gustaría hacer la ruta hasta Alaska, en un futuro. Era el plan original pero con la llegada de la pandemia tuvieron que poner pausa a esa meta.

Para esta familia motorizada lo mejor de viajar de este modo es poder hacerlo a su propio gusto, “poder ir con las perras y con todo lo que queremos llevar en nuestra casa”. Además destacan la autonomía, ya que cuentan con energía solar, agua y gas. Pero lo que más resaltan es la simpatía de La Gauchita “que despierta el cariño de la gente y siempre que necesitamos hay alguien dispuesto a ayudarnos”, cierran contentos.