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Imperdibles

Cuatro lugares para maravillarse de Salta

Chicoana, San Antonio de los Cobres, Cafayate y San Lorenzo, paradas necesarias en un viaje al noroeste argentino. Gran variedad de paisajes, cultura ancestral, gastronomía y actividades recreativas.

Por Daniel Santos (Especial).

Todas las estaciones son buenas para visitar Salta. El destino turístico desarrolla en esta época del año todas sus líneas de acción para recuperar la cantidad de turistas de niveles prepandemia, y a partir de allí volver a crecer. 

El foco está puesto en la afluencia habitual desde Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Tucumán y Ciudad de Buenos Aires, pero en esta primavera y con miras hacia el próximo verano sumaron al Litoral argentino. 

Desde Salta destacan a Voy de Viaje el impulso que dio el programa PreViaje, ya que es uno de los destinos con mayor demanda de servicios turísticos para viajeros y viajeras nacionales, mientras se trabaja en la reactivación del turismo internacional con acciones específicas y simultáneas. Con Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay están buscando recuperar la conectividad aérea directa, pero también sueñan con Perú, el sur de Brasil y el Caribe.

Son tantos los destinos salteños que es imposible resumirlos en una nota. Paisajes que asombran, colores naturales, historia milenaria presente, fauna y flora únicas, se combinan con la posibilidad de practicar actividades deportivas o recreativas, o simplemente elegir un rincón para conectar con lo natural y descansar.

Elegimos cuatro lugares repletos de magia, en distintos puntos de Salta, para poder programar un próximo viaje hacia el corazón del Noroeste argentino. 

Chicoana

Chicoana está ubicado al suroeste de la provincia, y lo consideran un rincón mágico “porque su gente es mágica”. Sus habitantes conservan con orgullo las tradiciones milenarias y lo manifiestan en su estilo de vida y en el cuidado del patrimonio.

Todo combinado con la belleza del paisaje, que permite desde la observación de aves, el trekking, los paseos en vehículo o a caballo por el valle de Lerma. 

Se trata de un pueblo tranquilo, con mucha historia y casonas antiguas, y una plaza (Martín Miguel de Güemes) e iglesia (San Pablo de Chicoana) declaradas Lugar Histórico Nacional en 1974, por los acontecimientos que ocurrieron durante el período de la independencia nacional.

Las tamaleras del lugar elaboran sus productos característicos todo el año, y son la estrella de una gastronomía que se distingue por sus sabores únicos. El tamal es el plato más representativo, y se puede probar de carne de cabeza, carne y charqui. 

La Cuesta del Obispo está en la zona oeste, y su recorrido lleva al punto más alto (3.348 metros de altura) y al encuentro de los cóndores. 

El ascenso se realiza por un camino zigzagueante, con miradores naturales que permiten apreciar las cumbres de las montañas y el paisaje natural. Y es elegido por ciclistas de todo el país para un recorrido increíble.

También está la Quebrada del Escoipe: montañas coloridas, el río que le da nombre, y los ambientes cambiantes de las Yungas, Prepuna y Puna. 

San Antonio de los Cobres

Es otro de los lugares mágicos salteños, entre desiertos, montañas y salares en los alrededores. Es uno de los puntos clave del Tren a las Nubes, un clásico de cada visita a la provincia. Allí, la Puna se manifiesta en toda su inmensidad y uno puede llevarse la fotografía más increíble.

El pueblo está a 168 kilómetros de la ciudad capital, a unos 3775 msnm, al pie del Cerro Terciopelo. La iglesia y sus calles en el corazón de la Puna, son paradas necesarias. Es posible ver cómo las construcciones conservan técnicas ancestrales, con paredes de adobe y techos de caña.

También la región de la Puna es el mejor lugar para conectar con las tradiciones de gran arraigo entre los locales, transmitidas de generación en generación. 

En una visita a San Antonio de los Cobres se puede conocer la Reserva Natural de Fauna Silvestre Los Andes, que incluye Tolar Grande. Fue creada para proteger ambientes increíbles y su particular fauna. A lo largo del camino hay llamas, vicuñas y guanacos, utilizados desde antaño para la obtención de lana y como animales de carga. Se puede programar un paseo con llamas, recorriendo el pueblo, la historia y las tradiciones.

Y, por supuesto, no hay que perderse la visita a las Salinas Grandes, en medio de montañas y a más de 3.000 msnm. 

Cafayate

Vinos y viñedos (con la ruta vitivinícola más alta del mundo), helados de torrontés, paseos a caballo o caminatas, edificios históricos, gastronomía singular. Cafayate es un lugar increíble en los Valles Calchaquíes. 

La Quebrada de las Conchas, flanqueada por ríos y dentro de un cinturón de viñedos y bodegas de alta calidad, es exquisita. Está rodeada de montañas multicolores, donde además se puede practicar turismo aventura en sus diversas formas, desde las más exigentes hasta las aptas para todo público. 

Hay ferias y talleres donde se puede ver a los artesanos en acción, produciendo piezas de alfarería, plata y telares. Y los rincones gastronómicos, claro.

La Catedral Nuestra Señora del Rosario es una de las iglesias más lindas de Salta, construida en 1885, y una de las pocas en Sudamérica que conserva sus cinco naves originales. 

Villa San Lorenzo

A 15 minutos de la ciudad de Salta, está en el medio del verdor de la región de las Yungas, al pie de una quebrada. Es el lugar preferido para los amantes del turismo aventura, pero también para quienes deseen relajarse.

Esta villa veraniega tiene enorme riqueza arquitectónica, con variedad de estilos que se conjugan entre sí con el paisaje natural. El clasicismo europeo y el neocolonial, son testigos de la llegada de inmigrantes que contribuyeron a la identidad del pueblo. Las dos avenidas de San Lorenzo terminan en “La Dávalos”, con la imponente Quebrada de San Lorenzo. El río homónimo, la frondosa arboleda y la pintoresca feria artesanal, completan la visita hacia un lugar con microclima especial. 

La iglesia San Lorenzo Mártir, construida entre 1910 y 1912, cuenta con imágenes antiguas de estilo barroco, y otras contemporáneas realizadas por los artesanos salteños.

Otra alternativa es conocer el Castillo, una fortaleza de piedra única en el Noroeste, con una torre de 25 metros construida a finales del siglo XIX. Está rodeado de imponentes casas y casonas de campo con verdes y gigantescos jardines. 

Para la construcción, se usaron piedras acarreadas desde los ríos San Lorenzo y Castellanos a lomo de mula, y el cemento fue toda una novedad de la época. 

En Villa San Lorenzo hay alternativas para disfrutar de tardes perfectas, con sitios donde degustar tés de diferentes sabores y probar desde el más refinado hasta el mate cebado más tradicional. Y todo, por supuesto, acompañado de exquisiteces como colaciones, dulce regional o pan casero.

La oferta gastronómica es variada: parrilladas al aire libre, restaurantes de cocina gourmet o de fusión, locales de cerveza artesanal y comida rápida, entre otros. 

Y, por supuesto, la oportunidad para degustar la variedad de vinos de altura en sus variedades cabernet, malbec y torrontés. 

Como promocionan desde la provincia, es tiempo de Salta.

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