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Cómo se adaptaron los circuitos del vino de Mendoza al contexto turístico

La pandemia y la ausencia de extranjeros empujaron a las bodegas mendocinas a una rápida reconversión. Con innovación y creatividad, surgieron nuevas posibilidades para ofrecer a los turistas argentinos. El éxito del “sunset”, atardecer en un viñedo.

Por Daniel Santos (Especial).

La pandemia enfrentó al enoturismo mendocino a la necesidad de transformarse sin perder la esencia, pero de un modo veloz. Antes que los cambios obligados por protocolos y medidas sanitarias, lo más complejo fue adaptar las propuestas a un público (y un bolsillo) argentino.

Los valores que se cobraban antes de la llegada del coronavirus apuntaban directamente a satisfacer a un turismo en un 90 por ciento extranjero que de un día para el otro dejó de viajar, y la industria debió adaptarse a la nueva realidad, aún cuando Mendoza fue una provincia aperturista desde el comienzo.

La producción del vino no se detuvo nunca: la crisis comenzó en medio de la vendimia 2020, pero las actividades fueron declaradas esenciales. Por otro lado, en junio se habilitaron aquellas bodegas con propuestas gastronómicas, y 13 comenzaron ese mismo mes a trabajar, de diversos modos.

Algunas grandes, medianas o pequeñas bodegas se prepararon para el contexto de acuerdo a sus posibilidades, y otras prefirieron no reabrir aún sus departamentos de enoturismo para concentrarse en la producción. Todas, eso sí, tras adecuar sus estructuras.

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Lo positivo del asunto, reconocen muchos de los consultados por Voy de Viaje, es haber conectado por primera vez en mucho tiempo con el público mendocino, primero, y argentino, después. O por cercanía o por precio, generalmente se mostraban esquivos a participar de las propuestas locales, y ahora se generaron nuevas alternativas. Del país, se profundizaron los principales mercados: provincia y ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba son los tres destinos que más turistas llevan a Mendoza.

La modalidad de “sunset” (degustaciones al atardecer en las bodegas), “take away” para la venta gastronómica a domicilio, combinación de vino con yoga o vino más eventos culturales, venta de vinos online, cambios en los recorridos, días y servicios para los turistas, son algunas de las variadas posibilidades actuales.

Vino al atardecer

Sobre cómo comenzó la temporada 2021, cuáles son las nuevas alternativas y de qué modo imaginan los meses por venir, dialogamos con representantes de varias bodegas de Mendoza.

Gastón Re, sommelier y especialista en enoturismo, que actualmente trabaja para Luigi Bosca, destacó el cambio al momento de enfocarse en el turista argentino y local. “Casi todas las bodegas tienen hoy un formato sunset que está funcionando muchísimo. No es ni almuerzo ni cena, sino disfrutar del atardecer en un viñedo, donde podés comer y tomar algo de un modo descontracturado, no con las tradicionales comidas en tres pasos que se acostumbraban”.

“Que sea al aire libre –agregó– no limita la cantidad de gente que podés tener como en un salón, que debe adaptarse a las circunstancias sanitarias”.

Ré destacó que, en el inicio del verano, comenzó a verse cierta reactivación con el turismo de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Luigi Bosca, donde trabaja actualmente, es una de las bodegas que aún no abrió su área de turismo. “Al estar dentro de la bodega, decidieron cuidar a sus trabajadores de posibles contagios, concentrarse en la producción y redefinir para los próximos meses dónde conviene hacerlo: en una finca, o en otro espacio”.

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De todos modos, aseguró que como no todas las bodegas han abierto, o no ofrecen lo mismo que antes de la pandemia, hay camaradería entre colegas y se derivan turismo con el objetivo de que los visitantes que lleguen la pasen bien y se lleven una buena experiencia, sea donde sea.

María Lorena Cepparo, de Bodegas Chandon y Terrazas de los Andes, contó que la de Terrazas fue de las primeras bodegas en activarse. “Fue todo un desafío pensar en el público local, sin descuidar calidad ni estilo. Creamos nuevas propuestas, nuevos menús y diversas alternativas, como picnics y picadas en las galerías exteriores, brunch con clases de yoga, que continuamos porque sigue generando interés”, detalló.

En Terrazas de los Andes, de Luján de Cuyo, habilitaron en noviembre la coqueta casa para hospedarse. “Por el momento, nos movemos con algunas restricciones respecto de la cantidad de gente, pero es una casa de seis habitaciones, cuyo encanto es estar en medio de la bodega y no muy lejos de la ciudad”.

Cepparo coincidió que el 2021 asoma tan difícil como el anterior, pero cuentan con una ventaja: “Tenemos el ejercicio, al poder estar abiertos con las restricciones y protocolos necesarios, para sumar nuevas opciones. Como toda la industria, estamos buscando formas de sobrellevar el momento, y cuidar que no se desarme el tejido excelente de prestadores que se combinan para que el destino siga creciendo”.

En Bodegas Chandon, en tanto, abrieron en noviembre tras un período en que aprovecharon para refaccionar su centro de visitas. “Nuestro bistró es pequeño, pero habilitamos una versión del bistró en los jardines, que los fines de semana completa su capacidad”, detalló.

Cultura y vino

Para Gianina Mozzicafredo y Emilie Giraud, de Bodegas Caro (en el corazón de Godoy Cruz), la realidad no dista demasiado de la de sus colegas. Sin embargo, las condiciones propias del increíble castillo urbano de 1884 en el que se encuentran profundizaron sus virtudes.

“Nosotros no tenemos restaurante propio. Funcionaba en el mismo casco el restaurante 1884, de Francis Mallman, que no abrió al turismo todavía. Nuestro público era el mismo, con un 95 por ciento de extranjeros”, aseguraron.

“Nuestro punto a favor es la propuesta cultural que desarrollamos desde hace tres años, con espectáculos de nivel internacional. Tuvimos que adaptar algunos eventos, pero el de tango y vino, que incluye un recorrido por la bodega y termina con el show, sigue funcionando muy bien”.

El público extranjero, la venta de cerca del 90 por ciento de la producción de Bodegas Caro al exterior, obligó a un cambio radical en el perfil. Gianina y Emilie coincidieron en que el plan de la bodega era posicionarse también en el mercado argentino, pero que la situación aceleró los procesos. “Hace rato que veníamos planificando esa apertura nacional. Una bodega como la nuestra, con vinos de alta gama en calidad y precio, dependía muchísimo de las tiendas de vino y de los restaurantes, y como el sector gastronómico se vio muy afectado al inicio, necesitamos reacomodarnos rápidamente”, señalaron.

No es el caso de sus vecinos de Escorihuela Gascón, una de las bodegas más tradicionales de la Argentina, muy instalada en el mercado argentino. Como les fue muy bien en estos meses con la venta de productos, ellos decidieron no reabrir su departamento turístico. Al igual que Luigi Bosca, lo hicieron para evitar los contagios de su gente, ya que las visitas son dentro de la bodega.

Mozzicafredo también destacó que, si bien de diciembre a marzo son los meses de temporada alta del enoturismo, hace unos años la afluencia de extranjeros había emparejado la estacionalidad. “Lo positivo es que si el público nacional se acerca más, es una tendencia que se va a mantener”, agregó Emilie.

Bien de familia

Federico Cassone, de Familia Cassone, dijo a Voy de Viaje que abrieron sus puertas al turismo sobre el cierre del año pasado. En esta bodega familiar de 22 años de historia (pero hay que remontarse unos 75 años atrás para entender sus orígenes), también han tenido que modificar sus propuestas atentos a las circunstancias actuales. “Casi el 90 por ciento de nuestros visitantes era extranjero, y de ese porcentaje el 70 por ciento de Brasil, por cercanía, por afinidad, por gustos de vino, y por supuesto por la conectividad que teníamos y que hoy se extraña”, detalló.

Para Federico, ha crecido en los últimos años el enoturismo en bodegas más pequeñas porque logran “una comunicación más personalizada” con el turista.

Los recorridos por Bodegas Cassone comienzan bajo un olivo de 130 años. Allí se cuenta la historia, que se remonta a su bisabuelo llegado de Italia y de cómo era la fabricación de vino en aquel lejano 1945. “Mi bisabuelo tuvo la bodeguita desde 1945 hasta 1960, y al fallecer se discontinuó la producción en tiempos en que la realidad era otra, y las posibilidades también. Sí conservó una de las fincas, donde hoy está nuestra bodega”, describió Cassone, que se crió en esos viñedos.

“En 1999 abrimos la bodega con 50 mil botellas, y hoy estamos en las 500 mil al año, con un perfil exportador, pero también con fuerte presencia en Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza”.

“En el recorrido se cuentan los estilos de las dos líneas que producimos: la Florencia y la Obra Prima. En la bodega se conocen los tanques de acero, las barricas, se explican los procesos de fermentación, y luego en la sala se sirven cuatro vinos para degustar”, detalló. “Es una visita rica en contenido, muy social, que explica la parte técnica, pero sin aburrir. La gente busca aprender, probar y conocer, pero no para hacerse enólogos, entonces son charlas muy entretenidas”, dijo Federico.

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