Clásica y moderna, una ciudad infinita

Cuidados espacios  integran el amplio horizonte que ofrece el río a la ciudad. Prolija y vanguardista, Rosario enamora a locales y visitantes.
Cuidados espacios integran el amplio horizonte que ofrece el río a la ciudad. Prolija y vanguardista, Rosario enamora a locales y visitantes.

La conservación de los signos históricos es un sello rosarino, que con elegancia funde historia y memoria cultural con los nuevos tiempos.

La conservación de los signos históricos es un sello rosarino, que con elegancia funde historia y memoria cultural con los nuevos tiempos. La mayor obra en tamaño y trascendencia es el conocido Monumento a la Bandera, que se ilumina por las noches con luces azules y blancas.

Ubicado en la zona central de la ciudad, donde en 1812 se izó por primera vez la insignia argentina, se impone como punto clásico del recorrido frente del río. Emula a una gran embarcación en su camino a la victoria recreada con placas de mármol travertino y piedra.

La torre, de 70 metros de altura (a la que se accede con un ascensor y cuesta $ 3), ofrece una postal panorámica de la gran ciudad recostada a la vera del río.

Abajo, una “escalinata cívica” con reminiscencias de teatro griego conduce al Propileo triunfal.

En la parte posterior, se despliega el nuevo Pasaje Juramento que une al monumento con el casco histórico de la ciudad. Allí, se erige homenaje a Lola Mora: una rambla flanqueada por una serie de esculturas, duplican sus siluetas invertidas sobre un espejo de agua.

La poderosa muestra de la artista argentina es antesala de la clara intención de los rosarinos de llevar arte a las calles.

Arte urbano. Mientras se pasea por la zona céntrica, obras de artistas locales reproducidas a escala gigante sobre distintos edificios acompañan el recorrido. Se trata del Museo Urbano Arte a la Vista de Rosario, un inédito museo al aire libre compuesto por una colección de 19 murales diseminados por toda la ciudad. Así, la belleza del trazo de Berni, Schiavoni, Vanzo, Gambartes, Bertolé yOuvrard, entre otros, trepan las paredes para entrar en el paisaje urbano.

La identidad de Rosario está íntimamente ligada al arte y la cultura, que se condensa sobre todo en dos museos inexcusables para conocedores y amateurs: el Macro y el Castagnino.

El Macro tiene una amplia colección con los cinco grabados de Antonio Berni de la serie de Juanito Laguna premiados en la 31ª Bienal de Venecia en 1962, el Concepto Espacial (1951) de Lucio Fontana y pinturas ganadoras de los Premios Rosario, como las de Juan del Prete y Raquel Forner. A estos trabajos se suman producciones de una lista de artistas argentinos contemporáneos. Eventualmente se realizan muestras temáticas e itinerantes.

El Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino cuenta con un patrimonio que se divide en dos colecciones permanentes con pintura europea desde el siglo XV al 20 y pintura argentina desde los precursores hasta nuestros días.

El carácter heterogéneo que presenta Rosario la descubre como una ciudad consolidada. Emblemáticas mansiones de estilo francés contrastan con el aire  art decó que se respira en sus calles. Modernos géneros arquitectónicos combinan sutilmente con tradicionales y clásicas casonas. La armonía estética se evidencia en un exploratorio paseo por el barrio Pichincha.

Las fachadas de viejos burdeles remontan a la época de oro de la ciudad cuando en sus costas recalaban muchos barcos y  gran cantidad de marinos inquietos y ávidos del sexo opuesto. Hoy, Pichincha es un barrio con elegancia bohemia y chic, bares cool y restaurantes gourmet.

La “Chicago argentina”, mote que ganó a fines del siglo 19, renombrada hoy como la Barcelona argentina, se perfila a sumar una nueva comparación que la acerca a las grandes metrópolis.

Sabores del Paraná. Uno de los ríos más importantes de Sudamérica, el Paraná, se desliza con su rica fauna ictícola junto a las costas de Rosario. De él proviene la gran variedad de pescados frescos que centralizan la identidad gastronómica de la ciudad: suruburí, pacu, boga son los más destacados, a las brasas, con hierbas y limón o preparados con  nuevas tendencias gourmet.

La parrilla Escauriza, en la Bajada homónima y el Paseo Ribereño, casi frente al gran puente Rosario-Victoria, con sus especialidades en pescados de río y carnes asadas es ideal como broche de oro de un día de paseo por la costanera.

En el centro otros clásicos para de pescados del Paraná son Deck, Bajada España y PK2 de Río.

Rosario es la gran ciudad-puerto de una de las principales zonas ganaderas del país, el sur santafesino.

En el inicio del bulevar Oroño, el restaurante Hereford y su exquisita y delicada cocina de autor, aparece como una de las alternativas gourmet nocturnas. Para una comida familiar, parrillas como Haras y La Estancia, sobre la avenida Pellegrini y en el barrio Pichincha, hay parrillas de ambiente más íntimo, como Chicharra y El Toto Asador Boutique.

El nivel de los restaurantes locales iguala a  Buenos Aires, pero con costos notablemente más bajos.

Para los amantes de lo dulce, una referencia que no debe pasar de largo: Rosario es la Capital Nacional del Helado Artesanal.

Por último, no hay que perderse una visita al café El Cairo, famoso por ser lugar de reunión y de inspiración de los cuentos de Roberto Fontanarrosa.