Cita con la naturaleza en Puerto Madryn y Puerto Pirámides

A15 kilómetros de Puerto Madryn, la Land Rover abandona la ruta para dejarnos en la playa al pie de la barda costera. Iniciamos el ascenso de poca exigencia física y, a medida que ganamos altura, el paisaje –chato hasta acá– empieza a cobrar volumen. Abajo, la playa dorada es mucho más amplia, y el mar, de un intenso azul metalizado, domina el paisaje. Durante el trekking de poco más de un kilómetro, Julián, nuestro guía, callado en la camioneta, se transforma una vez en tierra. Se pone el traje de anfitrión, levanta el ala del sombrero que lo cubre en parte y, tras una breve autobiografía, sentencia: “Yo de acá no me voy ni loco”. Nos familiariza con la vegetación del lugar: el tomillo salvaje, de aroma intenso (mucho más que el de la maceta del balcón); el medicinal quilimbay y el botón de oro, con su bonita flor amarilla. Estira el brazo y señala hacia abajo a las aves que invaden la restinga: gaviotas y ostreros.

DATOS. Información útil para conocer Puerto Madryn.

Otro breve recorrido en 4x4 y desembocamos en El Doradillo. Saquen las cámaras, acérquense todo lo que puedan. Con ustedes: las ballenas. Son madres que eligen las tranquilas aguas del Golfo Nuevo para criar a sus ballenatos, y la abrupta pendiente de la costa les permite acercarse a la orilla.

Al alcance de la mano

Recorremos 100 kilómetros hasta Puerto Pirámides y bien entrada la noche llegamos al Océano Patagonia. Es un apart hotel propiedad de Marcelo Battilana, quien asegura que “se pueden ver ballenas desde la cama”. Lo certificamos con la salida del sol.

Un antiguo pub, que generaba bastante “alboroto” en el pequeño pueblo, se transformó en el pintoresco restaurante La Estación. “Nuestros platos no tienen la pretensión de la cocina gourmet… sólo tienen la aspiración de agasajar a quienes nos visitan”, reza un cartel en sus paredes de madera, entre discos de vinilo, imágenes de músicos y remeras de clubes de fútbol.

Como este año más de 800 cetáceos llegaron al golfo –todo un récord–,con el salvavidas puesto nos embarcamos para un avistaje “garantizado” y tan cercano que casi podríamos tocarlos. A medida que nos adentramos en el mar, la excitación va en aumento. Mientras cada pasajero desenfunda su cámara, el guía termina la clase y sólo se esfuerza por ordenarnos: “Ahí viene una”, “Por allá hay otra”. Una masa de 14 metros y 40 toneladas se desplaza lentamente cerca de la embarcación, y luce en la cabeza unas callosidades que permite identificarla (son como nuestras huellas dactilares: no hay dos iguales). El ballenato nada a su lado e imita sus movimientos. Desaparecen, salen a flote y exhalan el aire con movimientos suaves. Más allá, una cría salta y, al caer, levanta una cortina de agua; otra golpea la superficie con su cola. Hay muchas, y cada una exhibe su coreografía para regalarnos una experiencia inolvidable.

Entre pingüinos

A 75 kilómetros al norte de Puerto Pirámides se encuentra la Estancia San Lorenzo, que entre septiembre y abril alberga a una inmensa colonia de pingüinos magallánicos –se estima una población de 500.000– que llegan a estas costas a reproducirse y criar sus pichones. Pero antes de visitar la pingüinera hay una parada obligada: cordero al asador en los antiguos galpones de esquila, hoy reacondicionados como un comedor de campo.

Un vez en la pingüinera, con el intenso mar azul de fondo, recibimos las instrucciones para “no meter la pata” en alguna de las cuevas que los pingüinos excavan para hacer sus nidos. La actividad es intensa: mientras algunos mueven sus cabezas y se acicalan las plumas, otros, con graznidos –similares al rebuzno-, miradas desafiantes y aletazos, pelean por la mejor ubicación para sus nidos. Al mismo tiempo que realizamos el recorrido por los senderos demarcados, un guía nos alerta de la presencia de elefantes marinos en la costa, sumando otro atractivo más al paisaje.

Una postal visual y sonora

A cinco kilómetros de Puerto Pirámides, la Reserva Punta Pirámides congrega a muchos turistas para observar desde miradores especiales una gran colonia de lobos marinos de un pelo (los machos adultos de esta especie lucen una melena de pelaje espeso y grueso, por lo que también se les llama leones marinos), gran cantidad de aves marinas y la ballena franca austral. El lugar ofrece un espectáculo no sólo visual sino también sonoro, por el permanente ruido que imiten los lobos marinos y las aves costeras.

Hotel verde

Construido bajo estrictas normas de sustentabilidad, el hotel boutique Océano Patagonia, ubicado en primera línea al mar en Puerto Pirámides, obtuvo el segundo puesto en el Concurso Hotelería Sustentable organizado por Hoteles Más Verdes, en el marco de Hotelga 2017. Marcelo Battilana, uno de sus propietarios, comenta: “Asumimos el compromiso moral de construir un edificio sustentable desde cero, bioclimáticamente eficiente, y que con buenas prácticas de manejo sustentable permita reducir al mínimo el impacto sobre el medio ambiente”.

Mediante la geotermia, obtiene energía renovable para la provisión de agua caliente, calefacción y aire acondicionado. Además, desarrolló un sistema que le permite reutilizar parte del agua, y tanto la iluminación como la mampostería y la carpintería han sido pensadas para un mejor aprovechamiento energético.