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Imperdibles

El Chaltén, capital nacional del trekking

Un recorrido a través de un universo de lagunas turquesas, montañas, cascadas, ríos, miradores y senderos autoguiados de diferentes dificultades.

Por Agustina López.

Día 1

Eran las ocho y media de la mañana en El Calafate y empezábamos con una amiga nuestro roadtrip de cuatro noches a El Chaltén. Un poco más de 200 kilómetros nos separaban desde la tierra de los glaciares a la “capital nacional del trekking”. Sobre un Nissan gris alquilado arrancamos viaje por la Ruta 11 para luego rodar por la icónica Ruta 40, cruzando el río Santa Cruz, el río La Leona y dejando atrás el lago más grande del país: Lago Argentino.

Las veces para frenar y admirar el paisaje, pueden ser infinitas. Eso está en cada uno. Pero tomar un café, y descansar del volante, nunca es mala idea. Elegimos un mítico refugio de más de 120 años y consagrado Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia: parador La Leona.

Faltando 94 kilómetros para llegar a destino, entramos a la escénica Ruta 41 que atraviesa la estepa patagónica. Un cartel nos da la bienvenida al Parque Nacional Los Glaciares y siempre nos acompaña el inmenso Lago Viedma, con olas de espuma blanca y su base verde esmeralda. Adelante, cada vez se hacía más grande el monte Fitz Roy, también llamado cerro Chaltén.

Llegamos a la localidad que, en honor a esta montaña, se llama El Chaltén, un día despejado y ventoso. Dejamos las valijas en Chaltén Suites Hotel y nos ubicamos en una habitación con balcón a la calle principal San Martín. Nos recibió Juli y nos acomodó rápidamente las ideas: “Todo itinerario planificado de trekking con anticipación acá no sirve, el clima te acomoda los planes”. No había tiempo que perder. Eran las cuatro de la tarde y empezamos a caminar. Y nunca dejamos de hacerlo en los siguientes cuatro días.

El primer objetivo era una cascada escondida de 20 metros de alto, a tres kilómetros del pueblo, más conocida como Chorrillo del Salto. Atravesamos una senda tranquila para ir tanteando el lugar. A la vuelta, nos merecíamos probar los alfajores de los que tanto nos hablaron: Chalteños, un equilibrio perfecto de dulce de leche y chocolate.

A las siete de la tarde empezábamos a subir al Mirador de los Cóndores, un kilómetro de subida, para ubicarnos en primera fila del espectáculo del atardecer. Casi a finales de marzo, el reloj marcaba las 20 y aparecían nubes esponjosas que iban cambiando de naranja a rosa en un cielo celeste sobre una cordillera de más de 11 picos.

En la base, entre las montañas y el río De las Vueltas, estaba el pueblo. Silencio. Solamente estábamos nosotras, el viento y dos turistas más. La función duró 15 minutos en el cielo, pero en nuestras retinas para siempre.

Día 2

La foto de inicio con caras de felicidad y emoción se tomó a las 8.50: iba a ser un día importante. Habíamos madrugado, debimos desayunar bien y vestirnos en capas, algo que aprendimos allá, porque íbamos a atravesar las cuatro estaciones en un solo día. 

El otoño santacruceño es ventoso y con gran amplitud térmica. El sol es el gran aliado ante el frío, y vestirse como “cebolla” y tener calzado adecuado de trekking era una excelente idea, lo comprobaríamos después.

A las 8 llegó el traslado hasta la Hostería El Pilar, el lugar de inicio a la caminata hacia Laguna de los Tres. Con bastón de trekking en mano, nos fuimos ayudando por un sendero que bordeaba el río Blanco. Atravesamos el bosque andino-patagónico, paramos a tomar agua, cargamos pulmones de aire puro y nos asomamos por ventanales naturales de árboles con vistas a glaciares como el Piedras Blancas.

La foto del 2021. Fue uno de los lugares más elegidos en lo que va del año. Foto: Agustina López

Tras cruzar el camping Poincenot, y un puente angosto sobre el río, llegamos al famoso “último kilómetro”, un terreno con pendiente pronunciada, inestable por piedras sueltas y de dificultad muy alta, pero que llevaba a la cima.

Una hora y media demoramos, superando el vértigo de mi amiga. Lo logramos, hasta llegar al mirador natural más próximo al monte Fitz Roy con su pico de flecha y la Laguna de los Tres radiando turquesa al pie de una gran pared rocosa.

La vianda la desenvolvimos al lado, admirando la Laguna Sucia, y recargamos energías para la vuelta. Todo lo que sube, tiene que bajar... emprendimos la vuelta con bajada pronunciada y seguimos la señalética a El Chaltén, por un camino diferente al de la ida. Atravesamos pastizales, bosques, Laguna Capri y algunos miradores. Diez horas de caminata después, llegábamos al pueblo con la fuerza que quedaba. Una suprema napolitana con papas fritas en Ahonikenk, premio antes de descansar.

Día 3

Pusimos primera y comenzamos los 37 kilómetros de ripio en la Ruta 23, con paisajes montañosos de picos nevados y debajo rápidos y celestes ríos como De las Vueltas y Cañadón de los Toros. En camping Lago del Desierto nos cobraron una entrada de $500 y nos adentramos a un bosque de lengas con musgo, atravesado por un río. Es un terreno plano para pasear, pero al final hay que subir.

En 45 minutos estábamos disfrutando de Laguna y Glaciar Huemul. Un pequeño glaciar que se puede admirar desde muy cerca en una de las caminatas más accesibles, fáciles y de corta duración de la zona. De regreso al camping, antes de emprender la vuelta al pueblo, cruzamos un puente colgante para hacer unos pasos y disfrutar de la paz y el silencio del Lago del Desierto. Unos ravioles de cordero de La Tapera dieron por finalizado otro día más de trekking.

Día 4

En el desayuno nos encontramos con Vale, que viajaba sola y se unió al trekking del día. El Chaltén es así: todos los caminantes somos amigos, compañeros en los senderos. Empezamos a caminar alrededor de las 11 de la mañana, con un sol radiante. Cruzamos bosques que empezaban a cambiar su color de verde a naranja y amarillo, y casi dos horas después el cielo se tiñó de gris y las nubes taparon los cerros. Empezó a llover, pero no paramos nunca.

El magnífico cerro Chaltén. Foto: Agustina López

Caminamos al lado de un río gris lechoso hasta llegar a Laguna Torre, con sus témpanos de glaciar. Al Cerro Torre no lo vimos, por la nubosidad. Fueron 18 kilómetros en total, más de seis horas caminando, pero nos llevamos con nosotras que el lema de El Chaltén debería ser una frase de Neruda: “Si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar del paisaje”.

Día 5

El día comenzó temprano con rumbo a El Calafate, mientras el monte Fitz Roy se hacía cada vez más pequeño en el espejo retrovisor. Algún día volveremos para hacer más trekking. 

 

Datos Útiles

Desde El Calafate hasta El Chaltén hay 214 kilómetros. Se puede ir en auto alquilando en www.bookingcars.com desde $4.000 el día, con opción de cancelación gratuita. O en colectivo “Marga Taqsa”, $3.800 ida y vuelta desde el aeropuerto, con salidas a las 8 o 12.30.

Chalten Suites Hotel. Desde $8.900 una habitación basic, con desayuno incluido. Abiertos desde octubre a abril inclusive. Alfajores Chalteños: 6 unidades a $650. Vianda completa para trekking, con sándwich, agua, barra de cereal, jugo y fruta en hotel $650. “Ahonikenk”: milanesa con papas fritas $590, pasta desde $480. “La Tapera” ravioles de cordero $980, bife de chorizo con papas $1.400.

Época ideal para viajar: fines de septiembre hasta primeros días de mayo.

 

 

 

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