Capital de la bebida nacional

D esde la ventana del avión miro a Mendoza que reposa sobre el rigor del desierto, al pie de la cordillera. A primera vista, es llamativo que la naturaleza provea sólo el agua que fluye de las montañas. A partir de ahí, lo que queda, en términos de Roberto Arlt, es “la prepotencia del trabajo” que garantiza el porvenir del futuro y la idiosincrasia mendocina.

La ciudad de Mendoza se presenta en medio del desierto como una urbe moderna, prolija y limpia. Parece hasta casi milagroso ver cómo los mendocinos han sido capaces de hacer florecer el desierto, con grandes y cuantiosos árboles gracias al agua que fluye por las acequias en toda la ciudad.

El agua allí es un recurso escaso y valioso y los árboles gozan de un estatus totalmente diferente del que tienen en otras ciudades.

Ubicada al centro del oeste argentino, Mendoza se presenta como el centro comercial y cultural, pero sobre todo turístico, de la región de Cuyo. Casi dos millones de personas habitan esta árida provincia montañosa, surcada  por caudalosos ríos.

La estructura geográfica de Mendoza, extremadamente carismática, hace de este un centro turístico consagrado por sus múltiples alternativas. Por un lado, las montañas andinas al oeste; las planicies hacia el este,  y las sierras, mesetas y volcanes en el sur.

La ciudad está estructuralmente preparada para el turismo, por lo que no es casual que mientras se camina por sus calles se cruce con muchos viajeros de distintos orígenes. Y esto es porque, además de su pintoresco paisaje, las ofertas turísticas abundan en cualquier estación del año.

En verano, la ciudad entera festeja la cosecha de la uva con la gigantesca fiesta de la vendimia, a la que algunos no dudan en considerar “la mayor celebración que se realiza en el mundo en honor al vino”.

Un poco más lejos de la ciudad, encontramos ríos que bajan de la montaña y ofrecen la posibilidad de realizar rafting y pesca; las montañas, como el cerro Aconcagua, son visitadas por practicantes de andinismo de diferentes latitudes y el trekking y las cabalgatas completan el programa.

En invierno, Mendoza cuenta con numerosos centros de deportes invernales, donde acuden los amantes de deportes de nieve, como el esquí y el snowboard. En otoño y primavera, los viñedos muestran su cara más colorida y agradable para los partidarios del vino, ya sea para pasear por los viñedos o comer en sus exclusivos restaurantes, con la excusa de degustar de los mejores vinos.

Capital mundial del vino. Mendoza es considerada una de las principales capitales vitivinícolas del planeta y lo que la convierte en una plaza de atracción para los turistas que recorren los circuitos de viñedos y bodegas.

La provincia forma parte de la red mundial Great Wine Capitals, integrada por ocho grandes ciudades del mundo que son zonas vitivinícolas de gran prestigio internacional. El fin de esta organización es promover el turismo, la cultura y el intercambio comercial entre las capitales del Nuevo y el Viejo Mundo, internacionalmente conocidas. Mendoza se suma a esta tendencia junto a capitales como Bilbao, Burdeos, San Francisco y Ciudad del Cabo, sólo por nombrar algunas.

En la última edición de la Fiesta de la Vendimia, la presidenta Cristina Fernández firmó el decreto por el cual se declaró al vino como “la bebida nacional”. Esto le da al vino un estatus y reconocimiento especial para que se incentive tanto el consumo interno como externo.

La provincia cuenta con más de 1.200 bodegas, ya sea de productores independientes como de grandes compañías. De la gran cantidad de fincas que existen, hay 120 que están abiertas al público. Allí, el visitante tiene a su alcance una gran variedad de opciones, que van desde seguir la ruta del vino; probar la gastronomía regional; degustar los vinos, o pasear por los viñedos.

Algunas bodegas van aún más lejos y se presentan como especies de museos, donde se exponen obras de distintos artistas o grupos musicales ejecutan música clásica.

Fiesta de la Vendimia. A lo largo de la historia, los pueblos siempre han festejado y celebrado las cosechas; la Fiesta de la Vendimia de Mendoza es precisamente eso.

La fiesta tiene una trayectoria de 74 años, ya que comenzó allá por 1936. En la actualidad, la celebración ha adquirido gran relevancia, se ha consagrado como una de las más importantes del país, y es otra de las cartas de presentación que utiliza la ciudad para ofrecerse al mundo.

El 5, 6 y 7 de este mes tuvo lugar la imponente culminación de la fiesta en el teatro griego Frank Romero Day. El teatro tuvo una convocatoria récord tanto en el predio como en los cerros que lo rodean, donde alrededor de 25 mil espectadores se dieron cita.

La gente va en búsqueda de un show con grandes escenarios, pantallas y 650 artistas, entre bailarines y actores, que presentan veladas inolvidables, siempre con el vino como eje.

La particularidad de este año y para conmemorar que el vino fue declarado “bebida nacional”, se realizó en el anfiteatro el brindis más grande de la Argentina: cada espectador tuvo en su poder una cajita de vino, para brindar cuando llegó el momento.

Vendimia gay. "Vendimia para todos" es una celebración que se realizó el pasado 12 de marzo en el auditorio Ángel Butelo, por cuarto año consecutivo, para celebrar la cosecha del vino. La celebración tuvo lugar la semana siguiente al cierre de la Fiesta de la Vendimia y, según estimaciones, acudieron unas tres mil personas. La fiesta se sustenta desde de la perspectiva y el contexto de la diversidad sexual. La trama se desarrolla con la analogía poética de un romance entre dos hombres, en los últimos días de cosecha en una bodega.

La fiesta es igual a la tradicional de la vendimia, sólo que a una escala reducida, con cerca de 60 de artistas, bailarines, dragqueens (hombres vestidos de mujer), etcétera. Por último, se eligen un rey y una reina. En esta oportunidad, la reina fue Tania León, de 20 años, que está estudiando peluquería, y el rey fue Rodrigo Rastrilla.

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