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Hualco: camino a la ciudad perdida

Un recorrido por la reserva cultural y natural sitio arqueológico de Hualco, en La Rioja. Actualmente está cerrado, pero vale la pena apuntarlo para cuando se pueda volver a recorrer.

Por Redacción Voy de Viaje.

El recorrido por la Reserva Cultural y Natural-Sitio Arqueológico de Hualco, se divide en dos: uno corto que recorre los recintos de viviendas, una plaza y la parte más alta, donde vivía el cacique; y otro, más largo, que llega hasta los lugares sagrados, donde se realizaban rituales religiosos y también se observan petroglifos.

La excursión es una caminata cuesta arriba, y en el camino se encuentran fragmentos de pircas que formaban parte de habitaciones o viviendas.

En la actualidad ya se recuperaron casi 150 construcciones de un total de 300 que había en sus tiempos de gloria.

Al hacer el circuito, a medida que asciende, el camino se angosta hasta convertirse en un sendero de piedra que los mismos aborígenes transitaban hace acaso más de mil años.

Al pasar por una apacheta (amontonamiento de piedras que forman un pequeño mojón), el guía hace su ofrenda a la Pachamama y continúa la marcha. Más arriba hay una construcción que se usaba como depósito de granos que sólo se diferencia del resto por su mayor tamaño. También hay un espacio comunitario donde las mujeres molían el grano en morteros y los hombres trabajaban los minerales.

Además, se ven claramente los restos de una plaza con una entrada principal y una parte alta que sería para la tribuna.

La construcción, un arte

La técnica de construcción era simple: se colocaba una piedra sobre otra sin ningún pegamento, hasta una altura aproximada de 1,80 metro.

El techo era de barro y paja, y el piso estaba por debajo del nivel del terreno.

La mayoría de las construcciones eran cuadradas o rectangulares, aunque también las había circulares.

Además, el tamaño y la disposición geográfica de las viviendas dependían de la importancia y del nivel social.

Se calcula que en la parte más alta, probablemente ocupada por las familias de más estatus y la elite militar, llegaron a vivir alrededor de mil personas.

Desde allí arriba se ve el valle abrazado por las sierras que se diluyen a lo lejos, donde el horizonte delata la curvatura de la tierra donde, unos manchones verdes que en realidad son plantaciones de pistacho, cercan la ruta 40 que se aleja en una recta hacia la ciudad de Chilecito.

Junto al río

Desde el primero hasta el último de los pueblos entran en la panorámica junto a una fila de álamos que escoltan al río Los Sauces.

En un día diáfano es posible divisar hasta los picos nevados del cordón de Famatina.

Pero si esta vista es sorprendente, aún queda lugar en la imaginación para remontarse mil años atrás, cuando cuando del otro lado de la quebrada se podían ver las terrazas cultivadas y un valle cubierto de talas, algarrobos y chañares.

El pucará de Hualco, no es un pucará propiamente dicho, es decir su uso no se limitaba a la función de fortaleza únicamente, pero desde esta altura se hace evidente que su emplazamiento era estratégico para la defensa de la ciudad.

La amplitud visual y las laderas de las montañas terminan abruptamente en una pared de piedra que en sus partes más altas tiene 300 metros.

Además un efecto amplificador hace que cualquier ruido del valle, -por ejemplo el de un motor de camión que viaja por la ruta-, se perciba como si estuviera a 100 metros; pero cuando reina el silencio se escucha el río Hualco que murmura desde lo profundo de la quebrada.

Hualco custodia los recuerdos de esta antigua fortaleza, testimonio de la vida de quienes habitaron la región antes de la llegada del español.

Cuenta la historia que a medida que los primitivos moradores perdían sus tierras se gestaba la rebelión. En ese contexto ocurrió hacia 1630, que la furia contenida se hizo guerra y terminó con la derrota y la adopción del sistema de encomiendas.

Pero Hualco no habla de sangrientas batallas, sino de la paz que la precedió.

Espacios demarcados por gruesos muros de piedra albergan viviendas, corrales y hasta un sistema de desagües que asombra a los urbanistas de la modernidad.

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