El Cadillal, de “villa cariño” a rincón natural exquisito en Tucumán

Son 24 kilómetros, o 20 minutos en auto, los que separan el centro de San Miguel de Tucumán con El Cadillal, encantador rincón natural tucumano. El dique, el lago, la aerosilla, los senderos, las actividades náuticas y la playita de toque familiar, se complementan con un museo arqueológico y un complejo de bares y restaurantes de buen nivel.

Hace un tiempo, el lugar era conocido como “villa cariño”, y en tiempos de calor las playas se llenaban de autos que abrían sus puertas y subían el volumen. Nada más alejado del contacto natural y tranquilo de un paisaje bellísimo.

Ahora, la “villa cariño” es para quien se encariña con otra cosa (aunque nadie impide besarse, claro): con la vegetación, con la posibilidad de realizar deportes acuáticos, o subir a la aerosilla para conseguir la imagen desde arriba de esa porción de ensueño, que se completa con las sierras de Medina o las de San Javier al otro lado, el ingreso de los ríos a lo lejos, o el reflejo del sol sobre el agua, siempre hipnótico.

Parece mentira que la capital tucumana viva una intensidad tan diferente a poca distancia de allí. Del ritmo urbano no queda nada, aunque los fines de semana el lugar sea un hervidero de gente buscando su propio símbolo de paz.

El Complejo Turístico Puerto Argentino, refuncionalizado por el Ente de Turismo de Tucumán en 2019, cuenta con todos los servicios, un hermoso anfiteatro para espectáculos, cuatro bares y restaurantes, y un museo que reúne los rastros de los pueblos originarios que aparecieron hace medio siglo, cuando se construyó el dique.

El Museo Arqueológico de Tucumán (MAT) concentra el material que se encontró durante la obra del dique Celestino Gelsi, arrastrado por los ríos hacia la cuenca en la que se encuentra el lago. Mediante un breve recorrido se pueden apreciar los objetos, con una puesta muy didáctica y completa.

Muy cerca del complejo El Cadillal está la reserva de Aguas Chiquitas, con innumerables senderos de diferente exigencia que llevan por el corazón de esta exuberante región de las yungas, mezcla con chaco serrano.

A través del bosque nativo se llega a rincones exquisitos y de gran valor paisajístico, como un río de montaña coronado por una cascada de 40 metros. Se accede desde el camino de la central hidroeléctrica sobre el río Salí, y tras dos kilómetros se cruza el arroyo Aguas Chiquitas. Desde allí, un sendero sube hacia el noroeste.

Un hotel con historia

Muy cerca de allí, en Tafí Viejo (a 17 kilómetros de San Miguel y a 10 de la coqueta localidad de Yerba Buena), se encuentra la hostería Atahualpa Yupanqui. Es una curiosidad, porque está administrada por la comuna que reacondicionó un viejo edificio de la década de 1940.

Nació como casa de descanso, pero fue puesto en condiciones y desde 2017 funciona a pleno con tarifas que están entre las mejores del mercado de alojamiento tucumano. El nombre de Atahualpa lo lleva porque aseguran que en 1917 “don Ata” vivió con su familia en Tafí Viejo.

Salas de conferencia, un museo, pileta, wifi, un predio de tres hectáreas con vistas a los cerros tucumanos, lo convierten en un buen plan.