Bariloche, capital de la cerveza artesanal: celebración con mucha espuma

Patagonia. Kilómetro 24,7, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Patagonia. Kilómetro 24,7, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

Bariloche. Un recorrido por algunas de las mejores cervecerías artesanales de la ciudad patagónica, que quiere ser capital argentina.

Un viaje a Bariloche no necesariamente incluye el paseo náutico por el Nahuel Huapi, la visita a los grandes lagos escondidos, las maravillosas ciudades cercanas y la Ruta de los 7 Lagos. Puede ser un viaje cervecero, y al mismo tiempo en que se degustan las bebidas se descubren los encantos de la ciudad.

¿Parece poco? No lo es. La industria de la cerveza en la zona es pionera en el país, con Bariloche y El Bolsón como centros centenarios de producción de la cerveza más rica, que se elabora desde mucho antes de que se pusiera de moda.

Por eso, la ciudad quiere posicionarse fuertemente en el mapa argentino, promover la bebida con un trabajo que consiga impacto turístico y complementar el menú de eventos que reúnen la gastronomía y sus delicias (Bariloche a la Carta, Fiesta Nacional del Chocolate), los paisajes únicos del sur y la cerveza.

Festival de la Cerveza de Bariloche 2022. Foto: Daniel Santos
Festival de la Cerveza de Bariloche 2022. Foto: Daniel Santos

Maridar con paisajes

Tras una invitación de Emprotur, el ente de promoción turística de la ciudad, Voy de Viaje participó de la primera edición de la Fiesta de la Cerveza Artesanal, y realizó una visita por algunas de las tantas fábricas locales, para conocer los secretos a la vista.

Todos coinciden en algo: el entorno es único, y se puede maridar con actividades turísticas.

Cervecería Wesley, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cervecería Wesley, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

Por ejemplo, para llegar hasta Berlina hay que ir hasta el poblado de Colonia Suiza y encontrarse con el bar y la fábrica al alcance de quien viaje, un patio para degustar de todo. Y al mismo tiempo disfrutar del recorrido de una larga calle cada vez más popular, con artesanías y propuestas variadas.

Para disfrutar de Manush, basta reservar con una mesa en el increíble bar y restaurante del centro, y combinar platos deliciosos con bebidas de estilo único.

Para ir a Wesley, se pueden hacer las tradicionales cabalgatas, o conocer el proceso de fabricación de la cerveza que se ha convertido en muy pocos años en una referencia de la ciudad (atendida por sus propios Wesley).

O Patagonia, que aunque es la más industrial de todas, en su kilómetro 24,7 ofrece una de las mejores vistas de Bariloche, un patio cervecero sorprendente con eventos, un restaurante cool, y la fábrica al alcance de la mano. Allí, Patagonia se da el gusto de ser más experimental que en cualquier otro lado, y de allí nació, justamente, 24,7.

Una por una

Cervecería Wesley, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cervecería Wesley, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

Wesley, Tom Wesley. Así, mencionado como Bond, le calza bien el sombrero de vaquero y los corrales repletos de caballos listos para llevar a turistas de paseo. El abuelo Wesley se instaló en el lugar; el padre ofreció cabalgatas; los hijos crearon cervezas.

En un rincón, donde se guardaban camiones, nació la cervecería que los herederos de Tom pusieron en marcha. Primero fue un juego de juventud, para abastecer las propias salidas de amigos; hoy, es una de las más pujantes fábricas de cerveza artesanal.

Combinado con la vista, el tradicional reducto rural que siempre congrega a cientos de estudiantes en viaje de estudios, se ha transformado, manteniendo su esencia.

Cervecería Wesley, Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cervecería Wesley, Bariloche. Foto: Daniel Santos

La fábrica fue ganando espacio, primero un galpón, otro, una casita; un carrito de expendio con muchas bocas para cada variedad de cerveza en el gran patio; los tablones para compartir tragos con amigos (o hasta con desconocidos).

Los Wesley son tres hermanos, que se reparten distintas tareas de esta fábrica en pleno crecimiento. Ellos reconocen en Berlina a su musa cervecera, y le reconocen a sus colegas que les contaron muchos de los secretos que los ayudaron a ser cada vez más sólidos.

Camaradería sobra entre los cerveceros de Bariloche. Vamos a Berlina, entonces, hecha “con el agua más pura del mundo”.

Berlina, en Colonia Suiza

Cevecería Berlina, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cevecería Berlina, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

Así se presentan en la misma fábrica, donde uno puede encontrarse a uno de sus dueños en la “cocina”... tomando mate mientras prepara cerveza. Tradiciones populares que pueden complementarse sin problemas.

Para llegar, hay que ir hasta la coqueta Colonia Suiza tras recorrer unos 30 kilómetros de hermosos paisajes desde Bariloche.

La fábrica tiene un espacio nuevo, para su museo: quienes realicen la visita, podrán ver vitrinas con premios y más premios, medallas, certificados, todo obtenido con su variedad de cervezas, a poquitos metros de donde ocurre la magia.

Marco, Franco y Guido son tres hermanos que hace casi dos décadas (en 2004) iniciaron el sueño con una cervecería que aún es punto de referencia en el kilómetro 12 de avenida Bustillo.

Cervecería Berlina, Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cervecería Berlina, Bariloche. Foto: Daniel Santos

De la nueva generación de cerveceros, son los más antiguos y también los responsables del cambio que vivió la actividad. Reconocen que han visto la transformación de la industria al mismo tiempo que la de los consumidores, que han aprendido a beber cerveza.

El origen es similar al de Wesley, de primero hacer cerveza para uno y después cervezas para todos. Como los tres mosqueteros de la cerveza artesanal patagónica.

Los ingredientes elegidos, el proceso de elaboración, las técnicas, las fórmulas precisas. Las fábricas cuentan sus secretos a la luz de quien quiera conocerlos, y complementan con la cata de variedades tan distintas como deliciosas. Seguro, hay un sabor para cada gusto.

El patio cervecero con fogones, para cuando hace más frío, cuenta con gastronomía nada sofisticada pero rendidora, en una escenografía de toneles antiguos (de madera) y modernos (de aluminio).

¿Industrial? No sólo eso

Patagonia. Kilómetro 24,7, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Patagonia. Kilómetro 24,7, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

Si algunos piensan que no corresponde una visita a Patagonia en el circuito de cervecerías artesanales, se equivoca. Aunque detrás haya una multinacional, en ese rincón maravilloso del kilómetro 24,7 hay más que un paisaje bonito.

Allí está una fábrica muy experimental, comandada por Valeria, la maestra cervecera (una rareza, en un circuito muy masculino) que además sabe todo lo que uno necesite preguntar. Ella es de Bolivia, y llegó a Bariloche para vivir una gran experiencia profesional.

Cervecería Patagonia, Bariloche. Foto: Daniel Santos
Cervecería Patagonia, Bariloche. Foto: Daniel Santos

Allí se dan sus gustos, probando con los productos regionales como el piñón, la rosa mosqueta, las frambuesas o hasta los hongos. En las vistosas máquinas de cobre, a la vista del gran salón, prueban y prueban.

A veces, los resultados los sorprenden. Otras veces, se sigue buscando. En la experimentación está el encanto, dice. Así, nació en ese paraíso barilochense la 24,7, primera receta cien por ciento patagónica de Patagonia.

Para ella, la comunicación es la clave. Hay que hacer un poco de docencia para que la gente conozca, aprenda, y pueda disfrutar de cervezas distintas a las populares.

Gastronomía mundial... y cerveza

Manush, en Bariloche. Foto: Daniel Santos
Manush, en Bariloche. Foto: Daniel Santos

La última visita que hicimos para Voy de Viaje fue Manush, un local que se ha convertido en un fenómeno que crece y crece desde que se vivió la tragedia de las cenizas del volcán Puyehue que cubrieron toda la ciudad.

La cerveza nació en 2005, gracias a la dedicación de Martín García, que empezó en el garaje de su casa. En medio de la oscuridad, sin turistas, montaron un pub y restaurante.

Manush, en el centro de Bariloche. Foto: Daniel Santos
Manush, en el centro de Bariloche. Foto: Daniel Santos

Su hermana Leticia es cocinera, y decidió renunciar a su trabajo en Inglaterra y volver al sur con su marido chef Takeru Adachi, Take. Él es japonés, y juntos dirigen la cocina.

Se puede decir que la cerveza abrió el camino, la gastronomía lo potenció. Hoy, son una marca increíble en el centro de la ciudad, con un restó de gran estilo y buen gusto.

Hay una historia de éxito, pero también una historia de amor entre las paredes de este espacio muy recomendable.