Aventuras al aire libre

Kitebuggy sobre una superficie que de lejos parece un salar, pero es la pista de El Barreal. Un carro tirado a tracción del viento con un barrilete.
Kitebuggy sobre una superficie que de lejos parece un salar, pero es la pista de El Barreal. Un carro tirado a tracción del viento con un barrilete.

Entre los paseos audaces por la cordillera y las excursiones más tradicionales al Parque Nacional Talampaya, se abre un abanico de opciones de actividades ideales para los buscadores de experiencias inolvidables.

La caprichosa geografía riojana es el terreno perfecto para realizar actividades poco convencionales que permiten experimentar la justa combinación entre sol, viento, montañas y adrenalina. Además de los clásicos paseos recomendados para las estaciones más cálidas, como las excursiones en 4x4 hacia la mina de La Mejicana o a Laguna Brava en el corazón de la cordillera, el itinerario lúdico al aire libre se amplía con audaces y divertidas alternativas.

Cerca de la ciudad. Ante de salir de la capital y bucear el interior provincial, el dique Los Sauces propone una divertida alternativa como primer acercamiento a la naturaleza riojana. Conocida como "tirolesa", la actividad consiste en atravesar el dique mediante una polea sujeta a un cable en tensión que suma un total de 600 metros en todo su trayecto. Con un simple impulso permite deslizarse sin mayor esfuerzo y constituye, sin dudas, una apasionante y novedosa propuesta recreativa para todas las edades, sin exigencia de experiencia.

Un poco más exige la práctica de longboard. Apenas a 29 kilómetros de la capital, en el departamento Sanagasta, la inusual disciplina deportiva, que consiste en el descenso de montaña sobre tablas largas, gana adeptos y apunta a instalarse como una nueva tradición riojana.

El origen del longboard se remonta a la década de 1950, cuando grupos de surfers de las costas de California, en Estados Unidos, que a falta de olas en el mar- practicaban en las calles.

En La Rioja, el circuito Pampa de la Viuda, propone un descenso de 4,30 kilómetros de largo y puede alcanzar una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora, es hoy uno de los preferidos por los amantes de la disciplina.

En abril pasado esa pista fue sede del Primer Campeonato Sudamericano de Longboard, a la que asistieron más de 200 competidores de distintos países.

El éxito de la competencia, de la mano de la Asociación riojana de Longboard (ARL) logró que los organizadores del mundial evalúen designar como sede a La Rioja el año próximo.

Velocidad sin motor. Una superficie que de lejos parece un salar, es una de las mejores pistas del país para entregarse al carrovelismo. En el punto nordeste, a 30 kilómetros de Aimogasta y a 90 de la capital, este deporte se practica en el departamento Arauco.

El marco lo ofrece el complejo turístico municipal Vientos del Señor en el valle de El Barreal, que dispone de refugios, asadores, hornos de barro, una confitería y una escuelita equipada con carrovelas, kitebuggys y bicicletas.

La carrovela es un triciclo donde las dos ruedas traseras están fijas y una delantera más chica hace de volante y se maneja con los pies. En dos bastidores de acero con fuselaje se recuesta el piloto y de un mástil de aluminio se sostiene una vela que se mueve por la acción del viento. El singular carro en sólo tres minutos puede superar los 100 kilómetros por hora.

Los paseos de bautismo se realizan con un instructor que conduce el carro y efectúa más de una pirueta para inyectarle una dosis extra de adrenalina.

Sólo hay que ponerse el casco, ajustarse el arnés y atreverse a incursionar en el deporte extremo.

Otra opción es hacer kite-buggy, adaptación del kitesurfing, del cual se tomó la misma vela, pero se reemplazó la tabla por un triciclo que deja al conductor al ras del piso. En la zona también se pueden hacer cabalgatas, salidas en bicicleta y caminatas.

El paisaje del valle de El Barreal es muy extraño: una pista pulida de color té con leche de siete kilómetros de largo por cuatro de ancho donde hace miles de años se secó una gran laguna.

El área está encerrada por montañas que abrazan al valle solitario y es atravesada por vientos constantes que superan los 50 kilómetros por hora.

No hay rastros de vegetación ni huellas de animales, sólo se vislumbran las construcciones de adobe del complejo turístico.

Además de deportistas en busca de adrenalina y entusiastas de deportes extremos, el valle de El Barreal atrae también familias en busca de paz y descanso, y para niños de todas las edades hay gran variedad de juegos. Cabalgatas, mountain bike, y trekking se ofrecen también como alternativas para acceder a los paisajes más escondidos de este exótico paraje natural.