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Imperdibles

Amaicha del Valle: gracias a la tierra

En el mes de agosto, en diversas partes del país se celebra a la Pachamama. Viajamos a Tucumán, para la celebración en la Ciudad Sagrada de los Quilmes Amaicha del Valle.

Por Gimena Guzmán (Especial).

Alrededor del algarrobo, el árbol sagrado, se forma un círculo cercado por piedritas, que delimita hacia fuera la ronda de familias tucumanas y visitantes de otras partes del país que esperan ansiosos dar inicio al ritual. Hacia adentro, referentes de la comunidad originaria de los Quilmes son los encargados de ubicar sobre una gran manta las ofrendas que serán devueltas a un pozo realizado en la tierra, y que incluyen lo mejor de la cosecha del año: alimentos, frutos, semillas, hierbas, agua, bebidas, tabaco, dulces, entre tanto. 

Una vez que todo está en su lugar, con el sol radiante del mediodía y las Ruinas de la Ciudad Sagrada de los Quilmes como postal de fondo, comienza la ceremonia con la representación del fuego, y se prende una pequeña fogata para ahuyentar las malas vibras y renovar el espíritu. 

Así, entre copla y copla, dan vueltas por el círculo sahumando a los hijos de la tierra con incienso, palo santo, hojas de coca, entre otras.

"Agua para que la Pachamama nos bendiga con sus lluvias para la siembra, vino porque no hay ceremonia sin vino, maíz porque es nuestro alimento principal, algarroba que es el fruto que nos da el árbol sagrado, caramelos que representan la alegría de un niño, la hoja sagrada de la coca que adoptamos de la cultura Inca, pan para que a nadie le falte en la mesa; y para todos los hijos de nuestra Pachamama, que nos escuche y nos bendiga a cada uno”. 

Con estas palabras empiezan los representantes comunitarios a permitir -por turnos- acercarse al manto de ofrendas para agradecer a la Madre Tierra su generosidad y abundancia, a la vez de honrarla para que se fortalezca. 

Mes de los vientos

En el Noroeste, cada 1º agosto y se extiende a cualquier día del mes, comienza con una infusión o tres tragos de caña de ruda en ayunas, que representa la limpieza física, mental, espiritual y emocional para comenzar un ciclo más de vida. Según la cosmovisión andina del Qollasuyu, en el mes de los vientos fríos y cálidos la tierra se despierta, lo mueve todo y ahí estamos sus hijos e hijas para celebrar el Sumaj Kawsay, que en quechua significa el buen vivir.

“Es importante que la gente recuerde que todo lo que podemos imaginar que hay en la naturaleza es de la Madre Tierra. Cuidémosla, no se olviden de ella, venimos de ella y volvemos a ella”, señala Irina Molca de Quilmes en la ceremonia. 

La comunidad es clara en su mensaje, a la Pachamama le debemos todo. La palabra deriva del quechua: “Pacha” significa universo, mundo, lugar y “Mama”, madre.

La veneración se vive llena de emoción y respeto, es una oda al color con bailes, cantos ancestrales y gastronomía típica. Los turistas también visitan las ferias artesanales que rodean a la plaza de Amaicha, mientras que los protocolos se cumplen con naturalidad: alcohol en gel al ingresar a los espacios más convocados, distancia posible y barbijos bien colocados.

Recomendaciones de Amaicha

Además de esta celebración tradicional para cada mes de agosto, es mucho lo que se puede hacer en un viaje a Amaicha del Valle. Por ejemplo, recorrer la ruta del vino tucumano.

A lo largo de unos 100 kilómetros, hay 14 bodegas que brindan un maridaje especial de elaboración de vinos, en el Valle Calchaquí tucumano. 

Una visita imperdible es a la bodega comunitaria de los Amaichas, que funciona a 2.200 metros de altura. A fines de 2011 se comenzó con el trabajo arquitectónico en piedra de lo que hoy los turistas pueden visitar para degustar de sus dos varietales: criollo y malbec. “Es un vino de producción casera, los miembros de la comunidad traen sus propias uvas y la bodega se encarga de la producción”, cuenta Gabriela Valderrama, referente de la Asamblea General.

El pueblo originario trabajó para tomar decisiones sobre su presente y futuro y en el 2015 se efectivizó la producción de vinos y hoy está abierta al turismo. “Actualmente se producen 15 mil litros por año y en febrero estamos listos para la vendimia”, expresa Micaela Lera, responsable de recibir a los visitantes durante todo el año.

Los vinos se llaman Sumak Kawsay, cuyo significado es “el buen vivir de los Amaichas”  en Quechua. Se realizan envíos a todo el país, solicitando al mail o a su teléfono. bodegacomunitarialosamaichas@gmail.com / 0381 511-8546

También podemos realizar la Ruta del Artesano, un recorrido autoguiado que invita a conocer los diferentes talleres de artesanías en sus propios hogares. Está señalizado con un sistema de cartelería, en su mayoría por caminos de tierra. 

Cada tejido, cerámica, cuero, madera, tallado en piedra, joyería tiene un proceso largo y difícil, además de contar una historia y una tradición. Conversar con los artesanos completa la experiencia. 

Ojo, hay que tener la precaución de llevar dinero en efectivo, ya que muchos artesanos no cuentan con sistema de cobro con tarjetas y se colabora con la economía de las familias. 

El Museo de la Pachamama, también llamado “La Casa de Piedra”, fue diseñado por el pintor, escultor y artesano autodidacta Héctor Cruz. Forma parte de un proyecto de museos del mundo andino y está divido en cuatro salas de exposición con las categorías de geología, etnología, tapices y pinturas, y un patio similar a una fortaleza de piedra donde se encuentran esculturas referentes a la Madre tierra, el dios Sol, la diosa luna, entre otros.

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