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Voy de viaje

Una catarata de adrenalina

Por Redacción LAVOZ.

Ya el simple hecho de asomarse a las cataratas desde los distintos y numerosos balcones distribuidos estratégicamente en las pasarelas, emociona y sobrecoge al visitante.

Imagine si, a bordo de un lanchón. munido de salvavidas  y provisto de un bolso impermeable que le entregan al abordar, para que guarde ropa y cámara fotográfica, lo llevan hasta metros de la caída del Salto San Martín; lo pasean por debajo de los saltos Los Tres Mosqueteros, o lo acercan a la boca del escenario que forma la Garganta del Diablo.

Las aguas del río Iguazú, a esa altura, bajan tumultuosas y agitadas, pero los avezados pilotos de los botes saben por dónde conducir para que no haya accidentes.

¿Ya se lo imaginó? Pues tiene que experimentarlo. En esa excursión es la adrenalina que corre en cataratas por sus venas. Y lo podrá ver en los rostros de los turistas; ojos grandes, ceño fruncido, sonrisa forzada y boca abierta. Y lo escuchará en las onomatopeyas de los extranjeros con sus consabidos “¡wow!”.

La excursión parte de un embarcadero ubicado cuando el río sale del área de la isla San Martín y finaliza en otro embarcadero, ubicado justo frente a la isla y donde finaliza el circuito inferior.

No dura más de 25 / 30 minutos, pero parecen horas, interminables, de más de 60 minutos. Sin embargo, cuando el empapado viajero deja el bote, siente el irrefrenable deseo de volver a hacerla.

Hay otras excursiones que complementan la visita a las cataratas, como el safari en la selva. Usted alguna vez, ¿escuchó a una hormiga emitir sonidos? Bueno, en esa excursión podrá escuchar el sonido de la hormiga Tigre cuando está enojada o se podrá cruzar con una piara de pecaríes, que andan marcando su territorio.

Pero además de la selva, hay otras actividades más “urbanas”. El parque está cerca (18 kilómetros) de la ciudad de Puerto Iguazú que, con más de 80 mil habitantes, tiene al turismo que generan las cataratas como su principal motor económico.

Además, Puerto Iguazú está unida a través del puente internacional Tancredo Neves con su par brasileña, Foz do Iguazú, y la paraguaya Ciudad del Este, conectada a Brasil por el Puente de la Amistad, en la zona conocida como la triple frontera.

En la entrada al puente se ubica el Duty Free Shop Puerto Iguazú, un moderno y enorme centro comercial de 5.000 metros cubiertos, donde es posible conseguir artículos de perfumería, bebidas, ropa, comestibles, relojes, joyas, juguetes y electrónica, entre otros rubros, a precios muy convenientes.

Precisamente, conocer el Hito Tres Fronteras donde se unen las aguas de los ríos Iguazú y Paraná, en Puerto Iguazú, es uno de los paseos recomendables. Parado en ese hito, el viajero está justo entre los tres países.

También hay allí una feria artesanal, con artículos regionales típicos de la zona.

En materia de hotelería, Puerto Iguazú cuenta con varios hoteles cinco estrellas, de cadenas internacionales, aunque la oferta comprende también alojamientos más económicos y hasta campings.

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