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Voy de viaje

Tres ciudades de ensueño

Istria, la mayor península del mar Adriático, se encuentra entre el golfo de Trieste y las costas croata y eslovena. Allí asoman hermosos pueblos como Piran, Portoroz y Ospatija.

Por Juan Carlos Lopresti (Especial).

 

Después de atravesar buena parte del norte italiano por la imponente autopista Tangenziale, atravesamos Trieste, la última población italiana en el camino a Portoroz, ciudad de Eslovenia, al sudoeste del golfo de Trieste,

Antes, en la primera estación de servicio de Eslovenia compramos a 15 euros la viñeta para transitar las rutas nacionales durante una semana. Este es un requisito obligado para los automovilistas en numerosos países europeos.

Portoroz, significa Puerto de las Rosas y es una ciudad costera ya conocida en el siglo XIII como centro termal cuando se descubrieron las virtudes del agua del mar, entre Italia y Croacia, en Istria, la mayor península del mar Adriático.

La ciudad presenta una imagen de modernos edificios y hoteles con salones de congresos y eventos y un casino con limusina, características que la posicionaron como una atracción para el turismo europeo.

En el aspecto económico debe parte de su próspero desarrollo a la comercialización de la sal proveniente de las salinas de Secovlje y al fango, que se utilizan en los programas de belleza y salud que ofrecen los hoteles. El centro de la ciudad es atravesado por el Paseo Marítimo con un cantero y palmeras en el medio y numerosos restaurantes y lugares de ocio con playas privadas. Ese es el lugar elegido para degustar platos típicos acompañados de una buena cerveza y observar el horizonte de mar.

En la actualidad Portoroz cuenta con 3.000 habitantes estables y ya a principios del siglo 19 era el lugar preferido de la burguesía austríaca. La topografía muestra diversas colinas sobre las que se construyó la parte urbana y por ello avanzar por sus calles implica un constante subir y bajar.

El buen nivel de vida se refleja en el movimiento comercial, especialmente de indumentaria de famosas marcas.

Muy cerca, se encuentra la gruta de Postojna que desde su descubrimiento hace 185 años fue visitada por 30 millones de turistas. Tiene 27 kilómetros de pasajes, galerías y salas subterráneas que se recorren en una original visita guiada.

Piran, la otra cara. A escasos tres kilómetros, por camino sinuoso, se arriba a Piran conocida en la Edad Media como la “Hija de Venecia” merced a las estrechas relaciones comerciales que mantenía con la ciudad italiana. Sus orígenes remontan al siglo VII y es el monumento cultural urbano mejor conservado de la Istria eslovena

Tras estacionar el coche en un parking automático (1,20 euros), un pequeño ómnibus conduce a los turistas hasta la Plaza Tartini, en el corazón de la población. En ese centro neurálgico se rinde homenaje a uno de los hijos predilectos del país, el violinista Giuseppe Tartini. La vivienda que fuera del músico está rodeada de casas y pequeños edificios que datan del siglo XV.

Con sus calles empedradas y estrechas, y viviendas pintadas de blanco con techos rojos, se extiende como una gran lengua de tierra que se sumerge en el Mediterráneo.

Es una típica ciudad medieval rodeada de murallas construidas entre los siglos VII y XVI de la que se conservan siete puertas y una decena de iglesias de las que sobresale el templo San Jorge (patrono de la ciudad) sobre una colina. Tiene un campanario inspirado en el campanile de la iglesia de San Marcos en Venecia.

Aquí también los desniveles de las calles obligan a un esfuerzo accesorio que se compensa con lo que se descubre a cada paso: escuelas, academia de baile, galerías de arte, la casa Veneciana, el Palacio de Justicia y el Ayuntamiento en la plaza principal. Completan esa postal bares y restaurantes.

El pequeño pero vistoso puerto de Piran tiene seis museos pero el Marítimo es el que atrae el interés general con proas de numerosos barcos y testimonios de la larga historia comercial de la ciudad.

En verano los habituales 4.700 habitantes son multiplicados por los miles de turistas que arriban procedentes de toda Europa, aunque en realidad en Piran prácticamente es temporada alta todo el año.

La gastronomía seduce con pescados, aceitunas, vinos, espárragos silvestres, trufas y la sal.

Emprendemos el viaje hacia Croacia.

 

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