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Voy de viaje

Ruta de los árboles centenarios

En 2006, alumnos y docentes del Ipem 364 Malvinas Argentinas de San Javier, preocupados por la tala indiscriminada de árboles, muchos de ellos centenarios, generaron una campaña de identificación y protección que resultó un interesante recorrido vital.

Por Marta Álvarez Moncada | Especial.

Hace casi 10 años, estudiantes y docentes del Ipem 364 Malvinas Argentinas preocupados por la pérdida de numerosos árboles, sobre todo ejemplares centenarios, producto de la tala indiscriminada, decidieron hacer un relevamiento como una manera de protección.

Con el tiempo se agregaron a la cruzada el Museo Carlos Ferreyra, y luego la Asociación de Empresarios Turísticos de Traslasierra.

El resultado fue un nuevo recorrido turístico llamado Ruta de los centenarios, espacio en el que los árboles cuentan sus historias, algunas de enamorados, otras de vidas sencillas transcurridas a su sombra, también de aquellos que hicieron de esos pueblos tranquilos su hogar por generaciones, y otras de los tiempos trágicos de las guerras entre unitarios y federales. 

La Paz

 Castaño. Camino a Loma Bola, a mano derecha antes de llegar al arroyo, en el patio de la familia Amaya se encuentra un fantástico ejemplar de castaño de unos 100 años aproximadamente. Fue declarado de Interés Municipal en tiempos del intendente José Antonio López. 

Bajo su sombra se realizaban fiestas, un casamiento, y reuniones políticas ya que José Amaya, el propietario y quien plantó el árbol, militaba en el partido peronista y en uno de esos encuentros participó hasta un vice gobernador de Córdoba.

 El castaño fue un regalo de Alfonsina Krütli, para quien trabajaba, quien le ayudó también a comprar el terreno. 

Ceibos. En calle San Martín s/n, a media cuadra de plaza San Martín de esa localidad, hay dos ceibos en la propiedad de la familia Funes, una de las fundadoras del pueblo. En el lugar funcionó la primera “oficina” de teléfono que era atendido por doña Estaurófila Funes de Masi, madre de una reconocida docente conocida como la “Gringa” Masi. 

Se desconoce la edad de los ceibos pero hay indicios de que datan de más de 150 años, y sus sombras albergaron el inicio del pueblo, fundado en 1858. 

Los lugareños los llaman “Los Mellizos”, y se destacan por su porte, ya que el tronco de uno de ellos tiene un diámetro de 2,90 metros.

San Javier

Molle. Ubicado en la esquina del Ipem 364 Malvinas Argentinas. Este árbol tiene la característica de presentar muchos nudos, en clara evidencia de se pusieron muchos clavos. Según el testimonio de los pobladores más mayores, donde actualmente está el colegio había una carnicería, y a la sombra del molle los clientes dejaban sus caballos y sulkys, con sus animales atados de esos clavos. 

El molle es un típico árbol serrano, de brillante follaje y capacidad para crecer entre las rocas. De su fruta se hace arrope, y una bebida fermentada. Sus semillas reemplazan al azúcar en el mate. Se asegura que el follaje del molle destila una fina lluvia que causa erupciones en la piel, que los serranos llaman “flechaduras”.

Araucarias. Se encuentran frente a la Plazoleta de los Niños. El origen de las araucarias es la Patagonia, y los ejemplares implantados en la zona se adaptaron muy bien. También hay otros del mismo tipo en Yacanto que fueron llevadas por el Perito Moreno para comprobar si se adaptaban a un clima más suave que el del sur del país.

Ceibo. Ubicado en la plaza de San Javier. El ceibo no es un árbol nativo de esta zona, y suele no adaptarse a los fríos inviernos, pero este ejemplar logró permanecer y su presencia se destaca en todos los eventos del pueblo. Florece dos veces al año y pinta ese espacio de un alegre e intenso color rojo.

La Población

Tala y algarrobo. Están a la entrada del pueblo. Los pobladores los llama Árboles de la amistad ya que sus troncos se confunden. Están tan unidos que parecen uno solo, salvo por los distintos follajes.

Las Tapias

Aguaribay. Se encuentra en el circuito de Las Tapias en la ruta provincial 14, en dirección Norte. Fue testigo del nacimiento de la escuela primaria Leopoldo Lugones de esa localidad, en el domicilio de Pedro Moreno, allá por 1880. 

Algarrobo. En el costado sur de la ruta del circuito de Las Tapias, a un centenar de metros del Destacamento Policial. Su figura hoy centenaria presenció el crecimiento institucional de la localidad: comuna, dispensario y destacamento policial. Su aspecto tenebroso lo hizo injusto acreedor de innumerables leyendas macabras.

Algarrobo “Ahorcadero”. Al norte de Las Tapias, luego de cruzar el arroyo del mismo nombre, detrás de la plaza. La Villa Las Tapias fue escenario de históricas luchas fratricidas entre unitarios y federales. 

Los federales tenían su asentamiento en lo que en la actualidad es la Estancia Holandesa. En esa zona a los prisioneros se los ahorcaba en los centenarios algarrobos. Es notorio cómo uno de sus brazos muestra que tuvo esos fines. Por ese motivo se lo llama como el árbol del Ahorcadero. 

El Valle

Algarrobo. A 400 metros de la ruta provincial 14 se abre una calle hacia el arroyo Los Hornillos. En el lugar desde 1965 se encuentra la escuela Guido Spano. El algarrobo tiene más de 400 años y extiende sus añosas ramas como brazos que cobijan el patio y techos de la escuela.

Villa de las Rosas

Algarrobo negro. Se encuentra en la ribera sur del arroyo Los Molles por el sendero natural El Zorzal. Su particularidad radica en su relación con cactus, claveles del aire, muérdagos, musgos y líquenes que aprovechan sus ramas como soporte y crean un bello conjunto a la vista de los caminantes.

Algarrobo negro. Es un algarrobo histórico de Guasmara, que resistió la fatídica creciente del verano de 1981. Según las historias locales bajo su sombra el cacique Guasmara reunía a su tribu para homenajear a la Pachamama. Allí también fueron ejecutados cinco federales por orden del general unitario José María Paz, a mediados del siglo 19.

Plátano. En el extremo norte de la plaza central de Villa de las Rosas se presenta el colosal ejemplar que fue plantado antes de la creación de la Municipalidad el 4 de agosto de 1897. Dicho árbol fue testigo del emplazamiento del molino de viento en la plaza, que para esa época y aún hacia 1929 según cuenta la tradición oral, era sólo monte con animales sueltos.

Los Hornillos

Aguaribay. En el ángulo que forma la ruta con la calle principal de Los Hornillos un aguaribay bicentenario fue testigo de la creación y desarrollo del pueblo. Asimismo, contempló la creación de la escuela en 1897, la iglesia en 1933, y también la Comuna, la biblioteca, el cementerio, la primera hostería y los incipientes negocios.

Originario de América del Sur, su semilla se utiliza para licores y teñir tejidos. En infusión alivia jaquecas y bronquitis, sus poderosas raíces ayudan a disminuir la erosión de los suelos. Según relatos de los nativos “cuando el árbol llora anuncia lluvia y tormenta”.

Molle del querer. Al pie de una loma junto al canal de agua, y a unos 1.500 metros de la ruta 14 se alza un molle que tiene una edad aproximada de 200 años. Es un símbolo muy importante para quienes durante años se sentaron en los bancos de enormes piedras cortadas que se colocaron hace un siglo. Se lo llama en la región Molle del querer por las parejas que solían encontrarse allí en citas clandestinas que integran el folklore local.  

El Pantanillo

Algarrobo. Sobre la ruta 14 se encuentra un magnífico algarrobo de unos 150 años. Según cuentan en la zona, a causa de un engaño un hombre se ahorcó. Al difundirse esa leyenda no fueron pocos los que creían ver la imagen y por ese motivos algunos vecinos decidieron cortar el gajo que fue protagonista del dramático suceso.

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