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Voy de viaje

Rumbo a Tafí del Valle

Si el viaje a Tucumán forma parte de una escapada, de esas de dos o tres días en los que hay que aprovechar bien el tiempo para conocer y visitar la mayor cantidad posible de lugares, el día debe comenzar temprano.

Por Redacción LAVOZ.

Si el viaje a Tucumán forma parte de una escapada, de esas de dos o tres días en los que hay que aprovechar bien el tiempo para conocer y visitar la mayor cantidad posible de lugares, el día debe comenzar temprano.

Luego de un desayuno reconfortante y vitalizante, una pasada por el parque 9 de Julio permite conocer parte de la historia productiva tucumana, basada en la caña de azúcar.

Galería de la estancia Las Carreras, en cercanías de Tafí del Valle.

Allí se emplaza el Museo de la Industria Azucarera “Obispo Colombres”, donde podrá enterarse de la importancia que tuvo, y tiene, la producción de caña de azúcar en la provincia, además de poder recorrer un edificio que recorre la historia.

Una característica del parque, que notará cuando lo recorra, es que no cuenta con calles rectas, sino que son todas curvas. Esto, según nuestro guía-chofer de Antique Tour, se debe a que el diseño del espacio público es de origen inglés y no español o francés.

Además, hay una importante colección de esculturas forjadas en hierro, en París, bares, restaurantes, juegos para niños e instituciones culturales y deportivas.

Dique La Angostura, poco antes de llegar a Tafí del Valle. En su costa, El Mollar, y como telón de fondo, el cordón del Aconquija.

Hacia Tafí

Con un cielo despejado y clima propicio, el viaje desde San Miguel de Tucumán hacia Tafí del Valle deparará sorpresas y experiencias muy fuertes. Como cuando la ruta comienza a trepar paralela al río Lules hasta llegar a la quebrada del mismo nombre. Imponentes vistas obligan a una parada.

 

El viaje continúa por la ruta 301 y se llega a Famaillá, capital nacional de la empanada y lugar de origen de campeonas y subcampeonas de la “especialidad”.

Más adelante se encuentra Acheral, uno de los rincones que adoptó el inolvidable Atahualpa Yupanqui en su incansable derrotero por la geografía nacional. Hay allí un museo dedicado a recordar y honrar la memoria de Atahualpa.

Luego la ruta comienza a serpentear por las yungas, entre la pared de la montaña de un lado y el abismo del otro, siguiendo el curso del río Los Sosa, inmerso en la reserva natural del mismo nombre.

Museo de la Industria Azucarera Obispo Colombre

Así, se arriba al monumento al Chasqui, imponente escultura de seis metros sobre una base de 10 metros, al que el ingenio popular llama monumento “al indio con pollera”. La historia dice que la estatua original era la de un aborigen con su taparrabos, pero una señora de alta alcurnia y dudosa moral creyó ver las partes pudendas del indio y exigió que se lo cubriera. De ahí que el indio hoy luce una especie de pollera corta.

Luego de superar el cerro Nuñorco Grande, de 3.600 metros, una larga pendiente termina en una curva y aparece ante los ojos el espejo de agua del dique La Angostura, custodiado por el cerro El Pelao y el cordón del Aconquija como telón de fondo. En uno de los extremos del lago se levanta la población El Mollar.

Y al completar los 107 kilómetros, se llega a Tafí del Valle, uno de los rincones turísticos más destacados de Tucumán, que atesora un riquísimo patrimonio natural y cultural en su territorio, rodeado de montañas cuyas cimas llegan hasta los 4.600 metros en el cerro Muñoz. 

Muchos tucumanos capitalinos han elegido Tafí para levantar sus casas de descanso o para las vacaciones y esa elección se nota en la cantidad de construcciones en obra y las viviendas de notable arquitectura y calidad.

Museo jesuítico La Banda, en Tafí del Valle.

La Villa de Tafí cuenta con una completa oferta de servicios de alojamiento, bares, restaurantes, negocios de artesanías y comercios en general. En sus alrededores se encuentra el museo jesuítico La Banda (1718), declarado Monumento Histórico Nacional, donde es posible conocer parte de la progresista obra llevada a cabo por esa orden religiosa en épocas coloniales.

Y también muy cerca está el casco de la estancia Las Carreras, antiguo establecimiento productivo jesuita reconvertido en centro de alojamiento y gastronomía. Sin embargo, la estancia sigue con actividades productivas, como la cría de ganado y la lechería, que da lugar a la elaboración de quesos tipo Manchego. Irse de la estancia sin una horma de esos quesos puede ser considerado pecado.

De regreso, una parada en La Quebradita para probar dulces, tortas y productos artesanales en una merienda que completa el tour histórico, cultural y gastronómico.

Y para despedirse de San Miguel de Tucumán nada mejor que pasar la última noche por El Portal, 24 de Septiembre 351, en el centro de Tucumán y probar sus empanadas de carne picantes, tamales, humita y locro.

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