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Voy de viaje

Punta Cana, los porqué de un clásico

Uno de los destinos preferidos por argentinos, y cordobeses en particular, es República Dominicana. Punta Cana es un clásico que se renueva temporada tras temporada, pero no sólo de las bondades de la playa se puede disfrutar, ya que hay otros atractivos.

Por Juan José Erramouspe, especial.

Si se trata de elegir destinos caribeños con playas, mar cálido, aguas templadas y palmeras, uno de los sitios que se lleva cada año un alto porcentajes de argentinos es República Dominicana.

¿Quién no tiene un pariente, un amigo o un conocido que haya estado de vacaciones o de viaje de bodas en, por ejemplo, Punta Cana?

Claro que en Dominicana hay otros puntos turísticos, como La Romana, Puerto Plata o la de incipiente promoción Samaná, pero Punta Cana es la que recibe alrededor de cuatro millones de visitantes cada año (en lo que va de 2013 ya pasaron por ahí más de 3,2 millones de turistas).

Años atrás, esas cifras eran alimentadas principalmente por los mercados de EE.UU. (“los gringos”, como les dicen los dominicanos) y Europa, pero la aparición de ofertas de vuelos de compañías aéreas que en poco más de 10 horas lo depositan a uno en la playa, hizo que el mercado Latinoamericano se convierta en uno de los principales de la isla.

En el caso de los cordobeses, con Copa, se parte del aeropuerto Taravella poco antes de las 2 de la mañana y a las 11 (las 13 aquí) se toca suelo dominicano, previa escala en Ciudad de Panamá. Y sin tener que ir a Ezeiza, valor agregado del vuelo.

Pero bueno, una vez arribado lo primero que llama la atención es el Aeropuerto Internacional Punta Cana. El avión se detiene en la pista, se acerca la escalerilla y el pasajero sale del avión. Superado el golpe en el pecho del calor húmedo, lo primero que ve es una estructura baja, de una sola planta, con techo de hojas de palma “cana” (de ahí el nombre del lugar); grandes columnas de madera, hechas con troncos de eucaliptos, al igual que las cabreadas, y muy pocas paredes de ladrillos y cemento.

El “aire acondicionado” de la estación aérea es casi en su totalidad natural, es decir, la corriente de aire que circula por esos ambientes abiertos son suficientes y, en los espacios cerrado, ventiladores de techo con enormes paletas. Ecología que le dicen.

Luego de los trámites de migración y aduana, no muy lentos ni tediosos, una sonrisa en un rostro moreno le dirá: “Bienvenido, disfrute de su estadía”. No es un error de tipeo; en Dominicana, como en otros destinos del Caribe (Puerto Rico, Cuba), la “r” es suplantada por la “l”, lo que suma, a la natural cadencia del habla caribeña, un encanto más.

Ya una vez afuera de la estación aérea, infinidad de minibuses y taxis aguardan a los pasajeros. Generalmente, cuando se contrata un paquete en alguna de las cadenas de hoteles internacionales, este incluye el transfer in / out. Sólo deberá reconocer el cartel que portan en sus manos los guías que aguardan a la salida.

Un breve viaje por ruta en buen estado, que recorre los 45 kilómetros que separan el aeropuerto de la zona hotelera, y estará en el hotel elegido. Una vez realizado el check in, le quedan dos opciones, almorzar o arrancar hacia la playa para no perder un minuto en el logro del objetivo fijado: vacaciones en el Caribe.

Con el equipo básico, esto es ojotas; short de baño, sunga, bikini o tanga (lo que convenga al usuario o usuaria); remera liviana; gorra o sombrero “panameño” (generalmente comprado en la escala en Panamá); anteojos para el sol, y, esto es fundamental, protector solar, el viajero se dirigirá hacia las blancas arenas coralinas que no queman los pies y el cálido y transparente mar caribeño.

Antes de seleccionar una, dos o tres tumbadoras (las reposeras nuestras), una palapa (quincho) o sombrilla y disponerse a disfrutar de la playa, conviene establecer la distancia que hay hasta el bar (todos los hoteles los tienen), para que la ubicación sea estratégica, pues no es cuestión de caminar mucho para refrescar el cuerpo por dentro. Para refrescarlo por fuera, bastará un chapuzón cada tanto en el Caribe que está ahí, a pocos pasos y es un excelente compañero.

En nuestro caso, en la playa Bávaro –tres kilómetros de blancas arenas, palmeras y mar de suave oleaje–, el bar del hotel Paradisus Punta Cana está detrás de la línea de sombrillas y palapas y en su barra hay dos “maestros” de la simpatía, 

la amabilidad y las “buenas mezclas”: Edison y Juan. Siempre dispuestos a sugerir tragos, en su gran mayoría con sabores caribeños (dulces y con alcohol), son expertos en la elaboración de mojitos y piñas coladas.

Y luego, una vez recostados, trago en mano, vista panorámica al infinito, sol a pleno y brisa marina acariciando la piel, ¿quién se va a acordar del calendario de vencimientos de Afip; de la resolución 3450 con el 20% sobre los gastos en dólares; de los cambios ministeriales, o de los semáforos que no andan?

Habrá alguno que sí, pero al rato se habrá olvidado. 

Ahora, si su expectativa es “turismo de acción” en la playa, hay varias opciones, como el parasailing, snorkel, buceo, windsurf o paseos en banana boat, con zambullida incluida, o emprender una caminata por la playa.

Hay otras propuestas cercanas. Una de ellas es la reserva ecológica Ojos Indígenas, donde se puede hacer un paseo por la selva segway (vehículos eléctricos de dos ruedas, con un manubrio, en los que se viaja de pie), una experiencia inolvidable.

Una mirada aborigen

Pero no sólo playas paradisíacas tiene Punta Cana. Cierto es que el arena blanca de origen coralino, las palmeras cocoteras que la adornan y el mar de aguas cálidas, transparentes y de un azul turquesa increíble que la bañan conforman el menú adecuado de playa, pero en su interior guarda muchos secretos, uno de ellos, considerado el mejor guardado: la reserva Ojos Indígenas.

Caminar por grandes jardines llenos de orquídeas y plantas tropicales o interactuar con grandes y coloridos papagayos, delfines o lobos marinos, son algunas de las sorpresas que esperan.

Son 600 hectáreas celosamente custodiadas por guardaparques, en cuyo corazón, luego de una caminata de 15 minutos en medio de la selva virgen, es posible descubrir 12 lagunas internas, de cristalinas aguas dulces, producto de afloramientos del curso del río Yauya que fluye hacia el mar. en algunas de esas lagunas es posible sumergirse y nadar entre peces y tortugas.

Es una zona de manglares que integran el área protegida y cuya vigorosa naturaleza permite visitar jardines frutales y botánicos; conocer granjas de iguanas y de abejas; pasar por un zoológico con animales domesticados, y aprender algo de las 80 especies de aves, 160 de insectos y 500 de plantas autóctonas allí existentes.

Motor de la economía

Según datos oficiales, el turismo es el principal motor de la economía en República Dominicana, dato que confirma el Ministerio de Turismo cuando informa que en 2012, los visitantes generaron ingresos por 4.700 millones de dólares, al gastar por día un promedio de U$S 112 cada uno.

Y si hiciera falta un dato más para corroborar esto, vale recordar que a comienzos de la década de 1990 llegaron las inversiones de las principales cadenas hoteleras internacionales, que pusieron sus ojos (y radares comerciales) en esa zona.

Eso hizo que hoy, Punta Cana, tenga una infraestructura turística de primer nivel, con la presencia de hoteles que ofrecen, entre otros, servicios all inclusive y opciones de alta gama.

Entre esas alternativas de lujo, la cadena Meliá cuenta con dos propiedades: el Paradisus Palma Real y el Paradisus Punta Cana.

El primero es un hotel only adult, es decir, solo para adultos, situado en la primera línea de playa Bávaro. Entorno natural, con jardines tropicales y servicios de alta gama, como el YHI Spa; el Royal service, con mayordomo; excelente gastronomía; tres piscinas, y casino y discotecas, lo convierten en una excelente opción para disfrutar de las hermosas playas de Punta Cana.

Entre los restaurantes, hay uno que merece ser visitado: es el Passion, que tiene la impronta del chef español Martín Berazategui y cuya carta encierra los secretos de la cocina ibérica fusionada con los productos típicos del Caribe.

La otra propiedad es el Paradisus Punta Cana, de la línea de lujo de la cadena Meliá. Es un complejo de 33 villas donde se distribuyen 692 habitaciones de distintas categorías. A eso se suman espacios comunes con 12 restaurantes, 10 bares, cinco piscinas, un parque aventura, un gimnasio, un spa y un centro de convenciones con capacidad para 700 personas.

El Paradisus Punta Cana está inspirado en un santuario taíno, con detalles típicos de la cultura y costumbres de los habitantes originarios de la zona.

Lo que hay que saber

Aéreos: Copa vuela todos los días directamente desde Córdoba a Punta Cana, con conexión inmediata en Panamá. El pasajero parte de Córdoba a las 2 de la mañana y a las 11.20 (+ 2 horas por el uso horario) del mismo día está aterrizando en Punta Cana. 

Además, Copa ofrece desde Panamá tres vuelos adicionales a Punta Cana por día. Con todos los vuelos de Copa, el pasajero tiene la opción de realizar un stop over free (parada libre) en Panamá, a la ida o a la vuelta.

Otra alternativa es combinar dos destinos, Santo Domingo y Punta Cana (o viceversa), ya que Copa tiene cinco vuelos diarios a la capital dominicana. Hay una autopista que une Santo Domingo con Punta Cana en tres horas. 

Tarifa final a Punta Cana, ida y vuelta, desde U$S 1.678

Tarifa final a Santo Domingo, desde U$S 1.554. Ambos precios incluyen el 20% de la resolución de Afip 3450. 

Alojamiento. Tarifas del Paradisus Palma Real: diciembre, desde 205; enero, desde 313, y febrero, desde 322. Tarifas del Paradisus Punta Cana: diciembre, desde 150; enero, desde 223, y febrero, desde 231.

Las tarifas están expresadas en dólares; son por persona adulta, por noche, en habitación doble; régimen todo incluido. No incluyen aéreos, transfer ni excursiones. 

Más información en Internet: Paradisus Palma Real: www.paradisuspalmareal.com Paradisus Punta Cana: www.paradisuspuntacana.com

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