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Pueblo Garzón, entre las colinas y el mar

En 1999, el empresario Alejandro Bulgheroni descubrió, más allá de La Barra y José Ignacio, áreas como Laguna Garzón, donde se unen el mar y las sierras como una pequeña Toscana italiana, y puso en marcha el proyecto. Combinó los sabores de la herencia italiana con los aires locales para elaborar productos alimenticios gourmet. 

Por Redacción LAVOZ.

El olivo, en su larga historia, ha sido usado como alimento, ungüento para heridas, bálsamo de faraones y combustible de lámparas.

Asociado a la cultura mediterránea, está en unión con el pan y el vino, como alimentos básicos. Los conceptos surgen de la proyección de un logrado video acerca de los orígenes de la cultura del aceite de oliva y que Agroland SA, compañía agroindustrial, ofrece a los visitantes que llegan a las modernas instalaciones.

Terminal portuaria de Punta del Este.

En 1999, el empresario Alejandro Bulgheroni descubrió, más allá de La Barra y José Ignacio, áreas como Laguna Garzón, donde se unen el mar y las sierras como una pequeña Toscana italiana, y puso en marcha el proyecto. Combinó los sabores de la herencia italiana con los aires locales para elaborar productos alimenticios gourmet. 

Se trata de una planta boutique de elaboración de aceite de oliva extra virgen, donde también se hacen nobles vinos.

La moderna tecnología sorprende a los grupos de visitantes con una propuesta que incluye conocer el proceso de elaboración y recorridos en bicicleta, o paseos en globo por los olivares; picnics, atardeceres con música en vivo y, según la época del año, la posibilidad de plantar olivos y cosechar aceitunas. 

Pueblo Garzón y el encanto de las comunidades rurales, hoy en proceso de cambios.

Una exquisita degustación de vinos y aceites de oliva acompañadas de una selección de quesos, almendras de las propias plantaciones, aceitunas y panes de campo, son el broche de la agradable experiencia.

Todos los aceites son avalados por el jefe de cata del Consejo Oleícola Internacional de Argentina, que certifica que todos los coupages cumplen con la normativa COI. Una larga lista de premiaciones internacionales rubrican la trayectoria de los productos.

Pueblo Garzón

Entre las colinas que enmascaran distintos paisajes que se acomodan entre zonas rurales y el océano, a siete kilómetros de Agroland, 60 kilómetros de la capital departamental de Maldonado y a 30 de Rocha, se presenta Pueblo Garzón. 

La escasa urbanización (200 habitantes) se distribuye en torno a la plaza, a la cual envuelven la capilla Nuestra Señora de la Merced, el Club Recreativo, varios restaurantes y algunas casas particulares en las que se crían gallinas y también alguna que otra oveja.

Paseos guiados por los olivares en Agrolan

En una de las esquinas está el restaurante del famoso chef argentino Francis Mallmann, quien además en la zona tiene una magnífica chacra. Su arribo a la región no tardó en ser imitado por otros inversores, que adquirieron antiguas construcciones para reciclarlas e instalar bares, restaurantes y galerías y talleres de arte.

En marzo de 2014 una pareja de estadounidenses de Nuevo México celebró su boda, previo contrato del servicio con Mallmann. 

Sólo fueron 33 invitados, que llegaron de lugares remotos para asistir a una fiesta como nunca se vivió en Garzón.

Contrataron al grupo musical “No te va a gustar”, que actuó hora y media y cobró 250 mil dólares; la plaza fue testigo de 15 minutos de fuegos artificiales, y contaron con una flota estable de lujosos autos de alquiler con chofer, por una semana. 

Es en esa zona donde levantó su última chacra Susana Giménez y, según la tendencia, no son pocos los que auguran para el bucólico pueblo un futuro de Meca de argentinos. 

La polémica está servida. La hasta ahora tranquila comunidad rural recibe insistentes ofrecimientos de compra por parte de avezados emprendedores, que ven una gran oportunidad económica.

Por ahora, sobrevive la tranquilidad del pueblo rural, con algunos restaurantes y bares en edificios puestos en valor, que ofrecen servicios de nivel y no falta el solitario canto de gallos, ignorantes de su aporte a la oferta.

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