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Voy de viaje

Para descubrir la historia no escrita

Los ciclistas avanzaron por viejos pueblos santiagueños que mantienen sus propias culturas, fiestas, historias y rituales. El propósito de la travesía fue recorrer el tramo sur del Camino Real en la vecina provincia. Por el clima, conviene hacer el recorrido entre abril y septiembre.

Por Gustavo Rebord*.

El Camino Real, punto de unión de Buenos Aires con Perú, dejó su huella en cada una de las provincias por donde avanzó a lo largo de los siglos. 

Su trazado siguió senderos utilizados por las culturas aborígenes, aunque de manera paulatina, se efectuaron modificaciones por intempestivas crecidas de ríos o sorpresivos conflictos armados.

En la provincia de Santiago del Estero se puede seguir la traza que atraviesa viejos pueblos y parajes. En cada uno de ellos anida una cultura propia con fiestas, rituales religiosos y mojones históricos.

En esas coordenadas dicen que descansaron los generales Manuel Belgrano y José de San Martín con sus respectivos ejércitos.

Ojo de Agua

Ojo de Agua fue el punto de partida para tomar rumbo hacia el nordeste por el derrotero que hace el río Dulce hasta Atamisqui, localidad conocida por sus teleras.

Los pedaleos comenzaron en la plaza hacia la ruta 13, con la bendición y emocionado saludo de la gente al pasar. 

Unos enormes algarrobos fueron motivo de una parada para luego retomar la marcha.

Cuando ya se habían cubierto 28 kilómetros se deja la zona serrana y se ingresa a un sector de bosques que preanuncian Sumampa, localidad nacida a la vera del ferrocarril en 1932. 

A cinco kilómetros se mantiene el casco fundacional de Sumampa Viejo, y muy cerca un sitio arqueológico con notables morteros en piedras.

En no pocas ocasiones hubo que esquivar por esos senderos a numerosas majadas de chivos hasta llegar al Santuario Nuestra Señora de la Consolación. 

Data de 1630 y tiene una hermosa capilla colonial, que según aseveran es la más antigua de Santiago del Estero. 

Allí se guarda una pequeña imagen de la Virgen, patrona provincial, a la que cada 23 de noviembre se le tributa una sentida fiesta religiosa y popular. 

Numerosos caminos vecinales, que no figuran en los mapas, complicaron el acceso al Oratorio y obligaron a consultar en reiteradas oportunidades a lugareños, lo que demandó más tiempo del previsto para concretar el recorrido.

Montes silenciosos 

Circular en la bicicleta a través de montes silenciosos, con enormes quebrachos, y extensos campos de cardones, tuscas, tunales y pequeños arbustos, produce una sensación indescriptible.

Son instantes en los que los ciclistas están solos ante la callada naturaleza. 

De esa manera se atravesaron los parajes La Higuera, Ramadita, Rama Pozo y luego de una curva coronada por dos cardones gigantes, apareció la escuela de Oratorio, luego de más de 36 kilómetros.

El atardecer marcó la hora de descanso. 

Don Carlos, vecino de Oratorio nos cedió parte de su patio para que armáramos la carpa. Para ello limpió la tierra con pala y rastrillo del terreno para sacar una pequeña planta llamada “manca potrillo” y despejar el sitio asignado.

Con las primeras luces del día siguiente comenzó la actividad en la ranchada.

Las dos mujeres de la casa mateaban alrededor de un fogón y detrás de ellas una pared revocada con barro hacía de agenda ya que ahí apuntaban los teléfonos útiles. 

Participamos de la tentadora mateada y después don Carlos ofició de guía para mostrar el patrimonio natural y cultural que tiene el paraje.

En primer lugar, visitamos la capilla donde está entronizada la Virgen de La Merced, que según el guía, sólo retiran del templo el 24 de septiembre de cada año para la procesión de la fiesta patronal. La Virgen luce hermosas y delicadas ropas y numerosos collares. 

Hay otra imagen más moderna, decorada con flores de plástico, que usan cuando la llevan a lugares más lejanos.

Lo que hay que saber

Trazado: según la bibliografía, existen distintos trazados del Camino Real. En esta travesía se siguió el explicado por Luis G. Garay en su libro “Camino real (Camino del tiempo)”.

Caminos: todos los caminos son transitables para cualquier tipo de vehículo.

Alojamiento: se encuentra en los principales pueblos como Ojo de Agua y Villa Atamisqui. Además, los vecinos permiten armar la carpa en sus patios.

Temporada para hacer la travesía: debido a las altas temperaturas es preferible hacer el recorrido entre abril y septiembre. 

* Especial

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La Voz.