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Voy de viaje

Música y flores entre los canales de Venecia

Una ciudad única en el mundo. Recorrer sus calles y canales en esta época del año es una experiencia sensorial inolvidable que se graba en el cuerpo y el alma del visitante.

Por Martín Guchea Rossolini.

Venecia es una de las ciudades más extrañas del mundo. Al visitarla, se experimenta la sensación de hallarse en un museo a cielo abierto donde se experimentan emociones de todo tipo. Al transitarla se descubren espléndidos ejemplos de una arquitectura eterna que, aunque construida sobre el agua, ha sabido resistir el paso del tiempo: iglesias, palacios y residencias, en una variedad de estilos bizantino, gótico y renacentista, donde tanta magnificencia despierta los sentidos dejándonos atónitos.

Por ello recorrerla en primavera es, junto con el otoño, de las mejores estaciones del año para visitarla porque las temperaturas son muy agradables, sopla una brisa cálida, los días son cada vez más soleados y comienzan a alargarse. Además de la ventaja climática, los turistas no han llegado todavía en gran cantidad lo que permite caminar sin problemas y con facilidad para poder vagar por sus encantadoras callecitas, puentes y canales, postales típicas a la hora de hablar de Venecia.

Góndolas que surcan la laguna y, al fondo, la línea urbana con campanarios y antiguas edificaciones que invitan a recorrer la ciudad sin prisas.

La mejor forma de conocerla es sin apuros y sin planos. Es decir tomándolos el tiempo de perdernos para descubrirla, abandonándolos a nuestros cinco sentidos, sin itinerarios ni recorridos preestablecidos; dejándonos llevar a donde miren nuestros ojos o al murmullo del agua que sientan nuestros oídos. Es la única forma de poder capturar todo su esplendor y toda su magia.

Sin la ayuda de ningún mapa y con los ojos bien abiertos descubriremos ángulos únicos de una ciudad encantadora, instantáneas de una ciudad que a cada paso son muchas. Bellezas escondidas que sorprenden como un resplandor en la noche: cariátide en las fachadas de los palacios, frontispicios de las más variadas alegorías, ventanas decoradas con geranios rojos, reflejos de góndolas en las aguas de los canales. 

Una postal de Venecia desde el puente Rialto.

Adentrarse por sus callejuelas es sinónimo de perderse. La ciudad es un laberinto para todo aquel que sea un extraño. Los venecianos lo saben -ellos también suelen perderse- y por eso son muy cordiales y serviciales a la hora de orientar a los extraviados. 

Más allá de los siglos de historia transcurridos, Venecia es una ciudad tan fascinante como única. Las góndolas con sus típicos “gondoleros” que reman y cantan, las callecitas y los puentes, los palacios, la majestuosa Piazza San Marco, los bares con sus mesitas y sus orquestas que tocan al aire libre, la atmósfera relajada y desprejuiciada, todo hace de Venecia un destino turístico único e incomparable.

Hay 455 puentes que cruzan los canales y unen las 120 islas que forman la ciudad, en un entramado urbanístico inigualable e irrepetible de cultura y arte. Muchos de esos puentes son famosos, como el romántico Ponte dei Suspiro, además de los tres históricos que cruzan el Gran Canal: el de Rialto, el de la Academia y el de los Descalzos. Hace un par de años se agregó un cuarto puente diseñado por el arquitecto catalán Santiago Calatrava, de diseño tan moderno que no sólo contrasta con el entorno sino que fue objeto de críticas y repudios.

Los cafés de la Piazza San Marcos y los restaurantes en general (sobre todo aquellos fuera del circuito comercial) no defraudan al visitante. Enclavada en el mar Adriático, los pescados y mariscos son la especialidad de la cocina veneciana. Y después de comer, nada más gratificante que sentarse en alguna de las mesitas de la plaza a tomar un capuchino y disfrutar de la música de violines. 

Al atardecer, cuando el sol desteje sus luces, una obligada cita es ir a algún típico bar a beber el clásico aperitivo de la ciudad: el Seprit, cóctel hecho a base de Áspero, vino blanco y soda, acompañado de un bocadillo de bacalao (Baccola manteca to). ¡Verdaderas delicias si las hay!

La magia de Venecia cuando cae el sol.

Cuando cae la tarde, estos bares son punto de encuentro de propios y extraños.

Qué visitar y qué hacer

Si el tiempo en Venecia lo permite y nos quedamos varios días, nos podemos dedicar a descubrirla en todas sus facetas. Pero si los días son pocos, no podemos perdernos lo que la ciudad nos ofrece en su plaza principal y alrededores.

La visita obligada es la basílica de San Marcos, con sus impresionantes mosaicos y su campanario, para tener desde lo alto una vista única de lo que es la ciudad; el fastuoso Palacio Ducal, con sus colosales salones decorados en oro y obras de arte, y la imponente “Escalera de los Gigantes” o “Escalera de Oro”, llamada así por los estucos de la bóveda. 

Atrás del Palacio Ducal, está el famoso Ponte dei Suspiro, desde donde se puede caminar por la Riva degli Schiavoni, donde están los hoteles más lujosos de la ciudad y apreciar las vistas del famoso Lido y de la Judeca, con el perfil de la iglesia de San Giorgio Maggiore, postal de Venecia.

El Gran Canal, con la iglesia de la Salud al fondo.

Si se vuelve hacia la plaza de San Marcos, se puede visitar el Museo Correr, con la galería Antoniana, y caminar en dirección hacia el Ponte dell'Accademia, para cruzar el Gran Canal y disfrutar de la iglesia Santa María de la Salud y la famosa Galería dell'Accademia, la mayor colección de arte veneciano del mundo, con obras de Tintoreto, Tiziano, Veronés, Anacleto o Bellini. 

Desde la Plaza de San Marcos también se puede marchar hacia el Ponte di Rialto, con negocios y mercado.

Tras un intrincado recorrido, la majestuosa iglesia Santa María Gloriosa del Fabri.

Si el presupuesto lo permite y el viaje se estira es recomendable visitar el museo Car' Rezzónico, uno de los pocos palacios que se conservan originales y que muestra cómo era la impactante vida de los ricos señores venecianos.

Paseo por los canales en las tradicionales góndolas.

También merecen una recorrida la Scola Grande di San Rocco, sede de una de la cofradías más poderosas; la Basílica dei Santis Giovanni e Paolo, la iglesia más grande de Venecia en cuyo interior están las tumbas de 27 dogos (magistrados supremos) y algunos cuadros de importantes artistas, y por último, la Car' d' Oro, uno de los edificios más llamativos que bordean el Gran Canal.

No debe faltar tomar un vaporetto (medio de transporte público) y escaparse al Lido para recorrer sus famosas playas y tumbarse a tomar un poco del cálido sol primaveral y visitar las islas de Murano, Urano y Storello. El vaporetto recorre de punta a punta los cuatro kilómetros del Canal Grande y cruza igual número de puentes que unen la ciudad.

Así se observa Venecia desde el aire. Recorré sus canales en el mapa:

Sea de la forma que sea, Venecia es una ciudad preparada para el turismo, segura y limpia. Llena de arte, cultura y con una excelente gastronomía redunda en un placer sensorial. 

Deleite puro. Simplemente, Venecia.

Con la oscuridad de la noche, el brillo de la isla en todo su esplendor.

* Especial

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