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La capital al amparo del Nahuat

Aún activo, aunque en estado de reposo, el volcán San Salvador oficia de guardián de los habitantes de la ciudad capital del país.

Por Carlos Winston Albertoni*.

Aún activo, aunque en estado de reposo, el volcán San Salvador oficia de guardián de los habitantes de la ciudad capital del país, con su mismo nombre.

Conocido también como Nahuat, nombre nativo que quiere decir “cerro de los Quetzales” en lengua pipil, este volcán tiene una altura de 1.950 metros y domina casi por completo la geografía que rodea a la capital salvadoreña, ubicada en el centro del Valle de las Hamacas.

La ciudad de San Salvador es el irreemplazable centro económico y social del país, con una población que supera largamente el millón y medio de habitantes, con sus áreas suburbanas.

En sus calles, siempre caóticas, se amontonan cientos de mercados que hacen las veces de espejo de la vida en esas tierras, a los que llega la gente a mirarse las caras, a comprar cacharros de bronce repujados, verduras, frutas o telas de colores estridentes.

Entre las tiendas, en medio de las voces que ofrecen los productos, caminan miles de personas, muchas de ellas prisioneras de una pobreza que en algunos lugares de la capital alcanza a porcentajes muy altos de la población.

Para ellos, para los pobres y olvidados, la sombra del cercano volcán San Salvador es un amparo que nunca desprecian. Un gigante que los protege, que los cuida, pese a todo.

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