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La Cañada, más que un símbolo

La Cañada atesora historias de romances, tragedias y pasionales protestas laborales y estudiantiles.
La Cañada atesora historias de romances, tragedias y pasionales protestas laborales y estudiantiles.

Los cordobeses mantienen viva su historia de amor de más de 70 años con la muralla de piedra que atraviesa la ciudad de lado a       lado. La Dirección Municipal de Turismo invita a realizar un recorrido gratuito por esa maravilla y conocer detalles del imaginario popular.

No hace falta hurgar demasiado en el cajón de la cultura cordobesa para extraer una imagen o una mención a La Cañada. Desde los textos de Azor Grimaut al clásico del conjunto musical Los del Suquía, la expresión de Córdoba por excelencia se encuentra en ese murallón enorme que contiene al arroyo homónimo.

Los estudiantes de arte y de arquitectura aprenden a dibujarlo sentados en el suelo y cualquier verano es bueno para descansar a la sombra de sus tipas. Sin embargo, el pasado de La Cañada no habla de tardes iluminadas sino del lugar de las sombras.

Antigua muralla

La muralla antigua, conocida como calicanto y construida para contener la furia del arroyo, dividía antiguamente la ciudad en dos. De un lado, se hallaba la aceptable vida común y del otro, el arrabal contenedor de los márgenes sociales.

Como un tajo en diagonal, La Cañada atraviesa la ciudad.
Como un tajo en diagonal, La Cañada atraviesa la ciudad.

El Abrojal, ubicado en lo que conocemos hoy como barrio Güemes, albergaba a las prostitutas, viciosos y ladrones.

Nadie que apreciara su vida se internaba en la barriada, a riesgo de convertirse en  víctima de los delincuentes o de enfrentarse a la temida “Pelada”.

Se supone que el fantasma de la Pelada era una mujer, un “alma en pena” que lloraba por las noches. Se la describe vestida de luto, cubierta completamente por un manto y se aparecía especialmente a los hombres que solos transitaban en el calicanto.

 La Cañada atraviesa un sector de la ciudad y buena parte de la historia de Córdoba.
La Cañada atraviesa un sector de la ciudad y buena parte de la historia de Córdoba.

Al pasar bajo el farol de las “cinco esquinas”, la Pelada se quitaba el velo y mostraba su espantosa cabeza calva.

De vez en cuando, grupos de hombres armados se reunían para buscar y encontrar al fantasma de la mujer en pena, pero nunca fue hallada y después de la obra de sistematización del arroyo, dejó de aparecer.

El calicanto 

En 1622, una de las más importantes crecidas del arroyo destruyó parte de la capital cordobesa, a tal punto que casi arrasa con el convento de Santo Domingo. Por esta causa, al año siguiente el gobierno contrató al maestro constructor Gonzalo Carvalho para la elevación de una muralla de cal y canto rodado, conocida como el antiguo calicanto, obra que no el autor vería terminada.

La Cañada atesora historias de romances, tragedias y pasionales protestas laborales y estudiantiles.
La Cañada atesora historias de romances, tragedias y pasionales protestas laborales y estudiantiles.

En 1671 otra gran inundación devastó la ciudad, pero en esa ocasión se cobró 20 vidas. El gobernador Ángel de Peredo tomó la decisión de construir el calicanto “grande”, que por dos siglos trajo paz a los cordobeses. Sin embargo, en 1890 la mayor crecida de la historia llegó por la noche y sorprendió a los habitantes con el lamentable saldo de 58 muertos y 40  desaparecidos.

Una tragedia más, tuvo lugar en  1939, cuando su caudal arrasó con todo lo que encontró a su paso.

Esa nueva embestida determinó que en se decidiera un definitivo encauzamiento.

En julio de 1944 se colocó la piedra basal de la actual obra, de sistematización del arroyo que en 2014 cumplió 70 años y la muestra en plena vitalidad.

Lo que hay que saber

Visita. Leyendas de La Cañada.

Cuándo: martes 8 a las 10 y jueves 10 a las 17.

Partida: Oficina de Informes Cabildo Histórico (Independencia 33).

Recorrido: plaza San Martín, calle 27 de Abril, plaza Italia y Cañada hasta bulevar San Juan.

Costo: gratuito.