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Voy de viaje

Curazao: la curiosidad lleva a la isla

Es una de las tres Antillas Holandesas, junto a Bonaire y Aruba, que reinan en las paradisíacas aguas del Caribe. Si bien el turismo es su principal motor económico, aparece como relegada en la oferta de los destinos turísticos tradicionales.

Por Marcelo López, especial.

Llegué a Curazao impulsado por la curiosidad. Las llamadas Antillas Holandesas son tres: Bonaire, famosa por ser una de las mecas del buceo mundial; Aruba, reconocida por sus playas y negocios de primer nivel en el Caribe, y Curazao, la que aparece como relegada en los circuitos turísticos tradicionales, aunque es un puerto muy activo para los cruceros que recorren el Caribe.

Es como si no tuviera demasiado que ofrecer y creo que tiene explicación en el hecho de que, de las tres islas, es quizá la que menos “depende” del turismo, pese a que es el primer “motor” de su economía.

En un anterior viaje que hice a Aruba, el avión hizo escala en Curazao –algo común en esa ruta– y entonces me hice la pregunta que lo cambia todo: ¿Por qué no? Un tiempo después aterrizamos en Curazao para descubrirla y responder a esa pregunta que había quedado flotando.

Es importante destacar, antes que nada, que las Antillas Holandesas –que antes fueron colonias y hoy tienen, cada una, sus propios gobiernos y una forma particular de relacionarse con el reino de Holanda– están a 20 minutos de vuelo promedio desde Caracas, Venezuela.

Están ubicadas en lo que se denomina en inglés el hurricane belt o “cinturón de huracanes”, una línea imaginaria que las pone en una zona donde no son afectadas por los huracanes tan frecuentes en el resto del mar Caribe, lo que las hace accesibles y aprovechables durante todo el año.

Curazao es la mayor de las islas en extensión, en población y también en actividad comercial. Si bien el turismo es la base de su actividad económica (hay un canal en la TV que informa las llegadas y partidas de todos los cruceros y aviones minuto a minuto), tiene una actividad empresarial / comercial propia, que no se ve en Aruba y mucho menos en Bonaire.

Al ser una isla “grande” y contar con una infraestructura bastante aceptable, es muy recomendable, casi diría imprescindible, alquilar un auto si se quieren conocer los mejores lugares, disfrutar de un mar apasionante y recorrer las playas más bonitas. Los costos son muy razonables, similares a los de La Florida, y la conducción es muy simple y segura. 

En Curazao, si bien hay playas bonitas en Willemstad (la capital), sin dudas las mejores y más atractivas están en las afueras, generalmente en sectores con casi ningún servicio de hotelería en los alrededores, lo que las hace relativamente tranquilas y las mantiene bastante conservadas. 

A no equivocarse: el hecho de que las mejores playas sean espacios públicos protegidos y concesionados, no significa que estén desprovistos de infraestructura. De hecho, los servicios sanitarios, gastronómicos, estacionamiento y seguridad son excelentes. Solo que protegen inteligentemente al recurso natural (playa, mar, fauna, flora) del asedio constante del desarrollo desmedido.

Una buena opción para alejarse de los grandes hoteles, sobre todo si uno va en familia o en grupo, es alquilar un departamento o una casa. Hay mucha oferta disponible, porque es una de las formas que la gente más elige. Esa opción permite flexibilidad en los horarios, comodidad en los espacios y ahorrar mucho dinero. 

En nuestro caso tuvimos que analizar montones de propuestas y finalmente elegimos quedarnos en The Beach House Curacao (www.beachhousecuracao.com) un modernísimo complejo de apartamentos, recién terminado, con piscina y sobre la playa del Seaquarium. La calidad del servicio, la construcción, equipamiento y decoración, junto con la ubicación, la convierten en una gran opción.

A recorrer la isla 

La premisa era tomar la ruta Westpunt, que lleva al extremo oeste de la isla, precisamente a Westpunt. En camino cruzamos por el centro de Willemstad, Punda (la zona más antigua) y Otrobanda (la más nueva, data de 1707), lugar de las clásicas y reconocidas fotos de las multicolores casas holandesas.

El centro es pequeño pero muy pintoresco y si bien la isla es puerto libre de impuestos, no es un lugar barato para hacer compras, excepto en algunos puntuales negocios de ropa. 

Recorrer Punda caminando por las calles que están encerradas entre el mar Caribe y la St Anna Bay es una experiencia en sí misma. 

Precisamente, del lado de la pequeña bahía que separa en dos la ciudad está el puente flotante que hasta hace muy pocos años era el único vinculo cercano con el “otro lado”. 

Ya en Otrobanda recomiendo conocer el centro comercial Reinassance. Este mall a cielo abierto es parte del hotel del mismo nombre, está surtido de excelentes negocios (incluido Starbucks) y se une al fondo y sobre la costa con el Rif Fort, que alguna vez protegió el ingreso a la bahía. 

Este fuerte hoy se ha convertido en un hermoso y moderno centro comercial y gastronómico. Para no perdérselo.

De camino a las playas, es inevitable cruzar el puente Reina Juliana que, con casi 60 metros de altura, es uno de los más altos del mundo y ofrece una vista realmente distinta de la ciudad vieja, el puerto y sus alrededores. 

Bienvenidos a Porto Maire

Esta sería la primera playa que recomiendo conocer, por cercanía y belleza. A unos 15 minutos en auto, siempre por la ruta a Westpunt cuando se llega al desvío hacia Sint Willimbruds se dobla a la izquierda para llegar finalmente a destino. 

Después de dejar el auto en el estacionamiento se accede caminando a la playa, pasando por el bar, una estructura de madera, muy amplia y bonita, rodeada de plantas enormes y sin paredes que es un lugar perfecto para tomar algo mientras se mira uno de los mares más hermosos. 

EL bar es un verdadero oasis para todos y tiene una variada oferta de comidas y bebidas (a no perderse el smoothie de frutilla). Bajando un poco más la mirada, se queda hipnotizado por los intensos colores turquesas, celestes y azules del mar y la arena infinitamente blanca que separa el agua de las palmeras y el verde frondoso que hay detrás. 

Como en toda la isla las playas son blanquísimas y con pequeños corales que especialmente en la zona de rompiente y hasta un metro más adentro hacen que para alguna gente sea “incómodo” entrar al agua, sin embargo esa característica hace de las aguas de Curazao unas de las más transparentes que he conocido, permitiendo que simplemente nadando a 30 o 40 metros de la costa con 15 o 20 metros de profundidad se vea el fondo como si se tratara de un vidrio impoluto. 

Porto Marie es relativamente pequeña y se asoma entre dos pequeños cerros. Directamente en el ingreso hay un pequeño muelle de madera con una escalera que, enfocado al maravilloso mar que la rodea, es el escenario perfecto para tomar fotos inolvidables.

En la primera parte de la playa hay sombrillas de hojas de palmera y reposeras, que por supuesto se alquilan. Se pueden ocupar una o dos como para dejar las cosas a la sombra y lejos de la arena. 

En cuanto al snorkel, una de las actividades más entretenidas que se pueden hacer una vez en el agua, es bastante bueno, hay mucha fauna y se puede ver gran cantidad de peces de las más variadas especies. Sin lugar a dudas Porto Marie es uno de las mejores playas de Curazao.

Cas Abao es la segunda, en un estricto orden antojadizo. También una de las más bonitas aunque, a decir verdad, todas las playas de Curazao me parecieron de muy buenas hacia arriba. Esta playa está un poco más adelante que Porto Marie y tiene también muy buenos servicios.

Hay un bar/restaurante, centro de buceo, vestuarios, baños completos, pequeños quioscos de masajes y las infaltables reposeras de alquiler. El ingreso está también tarifado.

El paisaje es hermoso, el agua extremadamente transparente y una invitación continua a sumergirse y nadar en ese paraíso cristalino. Las palmeras bordean el agua y le dan un muy buen marco a la playa. Para conocer más de Cas Abao, ingresar a www.casabaobeach.com

Kenepa Beach se destaca por estar un poco apartada del circuito tradicional de playas y ser visitada sobre todo por gente local, en vacaciones y fines de semana. Aquí la infraestructura es mucho más reducida, limitada a un bar bastante rústico y un pequeño baño. Sin embargo, la playa tiene palapas (quinchos) y un buen estacionamiento. El mar es un poco más fuerte en la zona de la rompiente y la playa esta “encajonada” entre dos pequeños acantilados lo que permite hacer un buen snorkel sin alejarse demasiado de la costa. 

Eligiendo entre las muchísimas opciones de playas disponibles (Boca Santa Cruz, Caracasbaai, Jan Thiel, Jeremi, Kokomo e incluso la pequeñísima isla de Klein) optamos por hacer caso a una recomendación: una playa que prometía menos gente y más naturaleza. Allá fuimos a la conquista de Daibooibaai. Está bastante alejada de la ruta principal y, por un camino que serpentea el campo se llega a destino. 

Es una playa bastante abierta con un poco más de corales en la arena que las otras, palmeras separando la frondosa vegetación de la arena y un pequeño bar, con servicios de baño y alquiler de reposeras. Esparcidos por el lugar algunos gazebos son de uso libre y en el lado derecho de la playa, una pequeña caleta de pescadores. Precisamente desde allí se puede hacer muy buen snorkel recorriendo la pared que enmarca toda la entrada del mar. 

Por último y para cerrar la experiencia de recorrer Curazao, nos pusimos en camino a la playa Lagun. Esta hermosa entrada de mar es una de las pocas con alojamiento, bares y negocios alrededor, ya que el lugar es un pequeño poblado. La playa es pública, por lo tanto el acceso y estacionamiento no tienen costo y además está sobre la calle misma.

Es una playa bastante angosta, encajonada entre altas paredes de piedra, característica que hace que el mar allí tenga una transparencia especial. Aquí se pueden ver tortugas, peces león, peces loro y muchas variedades más de peces y corales.

Sobre los bordes de las paredes de piedra hay algunas cabañas de alquiler y a la derecha, además de las cabañas, está el Bahia Beach Bar, al que se llega por una empinada escalera desde la arena, para tomar un buen trago mientras cae el sol y se disfruta de una vista única.

Hay mucho más para ver, descubrir y experimentar en Curazao, una isla atractiva y acogedora como pocas, tanto que nos hizo prometer secretamente que volveríamos.

Lo que hay que saber

Aéreos: Copa Airlines ofrece desde Córdoba cuatro frecuencias semanales (domingos, martes, jueves y sábados) a Curazao, con conexión en el Hub de las Américas, en Panamá. Tarifa: desde U$S 1.392, con impuestos, tasas y percepción Afip del 35% incluidos. No incluye fee de emisión en oficinas de ventas, de U$S 33,75 por pasajero. Un pasajero despega de Córdoba a las 2.20 y con una conexión inmediata en Panamá, arriba a Curazao a las 12.27 del mismo día. Más información: www.copa.com; teléfono 0810 222 COPA (2672); oficinas de Copa en Córdoba, avenida Vélez Sársfield 478, o consulte a su agente de viajes de confianza.

Algunos precios: 

El ingreso por persona a las playas de Cas Abao y Porto Marie cuesta U$S 2,5.

Una reposera de playa se alquila entre U$S 3 y 4. 

Los precios de los restaurantes varían según la ubicación y lo que ofrecen en su menú.

Es posible encontrar pequeños restaurantes en el centro donde comer un buen plato de pescado, con guarnición, por U$S 11/13 y pagar U$S 35 / 40 en un restaurante de algún centro comercial u hotel.

Una hamburguesa con papas en la playa cuesta unos U$S 12 / 15 y un smoothie (licuado), entre U$S 5/7.

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