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Voy de viaje

Caminatas por el casco histórico de Málaga

Ante el más mínimo sofoco, las calles del casco histórico y los parques que las rodean salen al rescate para distraernos con sus bares, tabernas, tiendas de moda, palmeras, rosedales y casas señoriales. 

Por Redacción LAVOZ.

A pesar de tanta oferta artística, en Málaga es difícil sufrir el síndrome de Stendhal (desborde emocional provocado por observar muchas obras de arte en poco tiempo). Ante el más mínimo sofoco, las calles del casco histórico y los parques que las rodean salen al rescate para distraernos con sus bares, tabernas, tiendas de moda, palmeras, rosedales y casas señoriales. 

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Calle Larios, columna vertebral del centro de Málaga. Es peatonal.

Pero la chispa que enciende el encanto por Málaga son los propios malagueños, abiertos y accesibles, conocidos también por el popular gentilicio de boquerones, usuarios de un lenguaje muy propio que en más de una ocasión necesitaría de un traductor, que no podría ser el de Google. Para ejemplo, este diálogo que tuve la suerte de escuchar en plena calle:

–¡Ojú mi arma!, Toy esmallao, ¿nos tomamos un changüi mixto y una sombra?

–¡Aro! A to meté boquerón, pero cusha, en ese bar no, que está petao y percodío. 

–No sea roña que ar final siempre acoquina el mismo, y tú ná más que embuchá y embuchá...

–Anda bocón! No te hagas el longui, si nunca anduve bollao...

Traducción:

–Hola, mi alma, estoy hambriento nos comemos un sándwich de jamón y queso y un café corto con leche/ café con leche?

–¡Claro! Rápidamente, pero escucha, en ese bar no, que está lleno y sucio. No seas tacaño que al final siempre paga el mismo y tú no haces más que comer y comer.

–Anda, chismoso, no te hagas el tonto, si nunca anduve sin dinero.

La calle Larios es la espina dorsal del centro malagueño, desde hace unos años es toda peatonal y donde las grandes firmas textiles del mundo se dan codazos por ser las más vistosas.

Fuera de las horas de las comidas, tomar un café se convierte en una divertida experiencia por el simple gesto de pedirle al camarero que nos enumere las distintas combinaciones. 

Amigable y descontracturada, Málaga invita a caminarla y a disfrutar de pintorescos rincones urbanos.

El siguiente listado es una muestra: Solo, Largo, Semilargo, Solo corto, Mitad, Entrecorto, Corto, Sombra, Nube y... el más genial, “No me lo ponga”, cuyo significado es fácil de inducir. O no.

Alejándonos del mar por calle Larios, llegamos a la Plaza de la Constitución, donde está el emblemático Café Central, la curiosa bodega Quitapenas y la escuela de San Telmo, donde dio clases el padre de Picasso. 

A pocos metros se intuye una angosta callejuela conocida como Pasaje Chinitas, donde hasta apenas iniciada la guerra civil funcionó el Café de Chinitas, citado en los poemas de Federico García Lorca.

Otra parte del itinerario callejero puede incluir la catedral, conocida como “La Manquita” porque de las dos torres solo se ha acabado una. Muy interesante la opción de subir al techo del templo mediante una visita guiada, las vistas de la ciudad y el puerto son magníficas, como la del teatro romano y la alcazaba. 

Más allá de la zona antiguamente amurallada podremos llegar hasta la plaza de toros La Malagueta, de camino hacia el castillo de Gibralfaro, el mirador más conocido de la ciudad.

En la vereda cultural

Pablo Picasso nació en octubre de 1881 en Málaga y allí vivió hasta casi el final de su infancia, en una casa que hace esquina con la Plaza de la Merced. Declarada monumento histórico artístico y sede de la Fundación Picasso, es la encargada de preservar el espacio doméstico de aquellos años, salpicado de objetos personales, algunas obras de arte y documentos que dan un toque emotivo y evocador a la visita.

Museo de Arte Ruso. Un centenar de óleos cautiva a los visitantes.

Pensar en el arte de San Petersburgo bien podría ser un monólogo del impresionante museo Hermitage de la ciudad rusa, pero no es representativo de los pintores locales, a quienes los zares no reconocían nivel equiparable a sus colegas europeos. Por eso durante décadas encargaron comprar arte en las galerías más apreciadas de París o Ámsterdam. 

Museo de Arte Ruso de San Petersburgo. Este museo en Málaga quiere hacer justicia con los pintores rusos relegados de aquellas épocas. Un centenar de óleos datados entre el siglo XV y el 20 recrean un panorama que va desde la iconografía bizantina hasta el realismo bolchevique.

Museo del Vino. Es un centro activo que difunde la cultura del vino malagueño a través de talleres de cata, formación en técnicas de cultivo y exhibición de artilugios y complementos de cultivo, elaboración y etiquetado.

Museo del Vidrio y Cristal. Con sutiles manufacturas de altísima calidad, inspiradas en el lema “lo bien hecho, bien parece”, muestra una colección de tres mil piezas que abarcan desde el Egipto antiguo, Roma, Venecia, el centroeuropeo renacentista, el diseño nórdico y las creaciones del siglo pasado.

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