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Voy de viaje

Brasil al nordeste: paraísos bañados de sol

Los amaneceres de Natal son un reto para levantarse al alba y llenarse la mirada con la postal de centenares de médanos, de arenas muy claras, en las que se refleja la imagen del sol. El mar, ineludible seductor, invita a excursiones, y la gastronomía cautiva paladares.

Por José Heinz*.

Natal no es sólo uno de los grandes tesoros de Río Grande del Norte, sino probablemente de todo Brasil. Esa zona del nordeste brasileño tiene un clima muy agradable durante todo el año, sus habitantes son cordiales y cuenta con actividades y atracciones que la posicionan como un codiciado destino. El próximo verano puede convertirse en uno de los destinos más codiciados de los turistas argentinos por la reciente inauguración del vuelo directo de Buenos Aires a Natal, sin escalas. Parte de Ezeiza y arriba al flamante Aeropuerto Internacional de Natal Augusto Severo, habilitado con motivo del Mundial de Fútbol 2014. La estructura moderna está rodeada por una hilera de altas palmeras que preanuncian el eterno clima cálido del lugar.

Si se aterriza después de las 17.30, la Natal nocturna recibe al turista. Por su cercanía con la línea del Ecuador, el sol sale muy temprano y a las 6 ya es pleno día y se esconde con la misma premura, por eso es conveniente programar las jornadas para aprovechar al máximo la luz diurna.

TURISMO. Las largas noches de Pipa

Playa en Natal, capital del estado de Río Grande del Norte. Sus aguas cálidas invitan a la práctica de deportes acuáticos y a realizar largas caminatas por las extensas playas.

Los amaneceres de Natal bien valen el esfuerzo de despertarse al alba: el hecho de estar rodeada por el Parque de las Dunas, con cientos y cientos de médanos formados por una arena muy clara, hace que la luz del sol se refleje de una forma muy nítida sobre toda la ciudad, como si se pudiera contemplar en un formato HD que resalta las bellezas naturales.

Mientras viajamos del aeropuerto hasta el hotel, nuestro guía Carlucio nos adelanta que la gente en Natal tiene mucho “talento” que ante la extrañeza de los viajeros se apresura a repetir en forma más pausada. “Aquí la gente tiene mucho talento, ta… lento”, bromea para dejar en claro que en Natal los ritmos de vida son mucho más calmos que en las grandes ciudades. Esto se debe en parte a las altas temperaturas (más de 300 días de sol al año), y por otra, a la idiosincrasia de los pobladores. 

La década del cambio

Si bien el potencial turístico de Natal es conocido y bien aprovechado, recién comenzó en la década de 1980, cuando el gobierno decidió donar terrenos en su zona costera para que diversos inversores construyeran hoteles de categoría.

En sus orígenes la región era más tranquila y si bien hay algunos que recuerdan con nostalgia esos tiempos, también tienen claro que el turismo significa progreso. 

Patrimonio arquitectónico de Natal, un legado de otras culturas.

El sector de los grandes hoteles es la llamada Vía Costera, y hacia allá nos dirigimos. 

Ya entrada la noche nos recibe el Ocean Palace Beach Resort, que como la mayoría de los otros establecimientos ofrece muy buenos servicios e inigualables vistas del mar. 

Una cena de bienvenida en el mismo hotel es una buena forma de terminar la agitada jornada e ir a descansar para conocer la ciudad al día siguiente.

Buceo y paseos

Lo dicho: es bueno levantarse temprano para aprovechar las horas de sol. Otra sugerencia para las mañanas de Natal es desayunar bien, ya que los bufet son abundantes y muy tentadores. Y en tierras brasileñas, las frutas siempre están entre las mejores opciones: sanas y sabrosas, frutas como la papaya, maracuyá, acerola o ananá, tanto sólidas como en jugo, son el alimento ideal para comenzar el día, más allá del café y otras tentaciones.

La primera excursión del viaje es hacia Maracajaú, una villa de pescadores ubicada unos 60 kilómetros al norte de Natal. Las aguas cristalinas y los corales la vuelven óptima para el buceo.

Mar adentro, el catamarán se detiene y muchos turistas se animan al snorkel en las aguas de fantásticos colores.

Luego de un corto trayecto mar adentro, y mientras los encargados explican cómo utilizar el equipamiento, el catamarán se detiene en una zona que parece una porción del paraíso por sus colores naturales. Allí, y durante dos horas, los turistas pueden bucear en unas aguas tranquilas mientras peces de diferentes tamaños pasan por su lado.

Al regresar, almorzamos en el restaurante Portal, un comedor familiar especializado en sabrosos platos de pescados, aunque en su carta hay también otras opciones. 

Natal, al igual que buena parte del Río Grande del Norte, tiene una gastronomía deliciosa en base a mariscos y pescados, desde condimentados a platos muy sofisticados. 

Aquellos que gustan de otros sabores pueden probar la “carne de sol”, tiras expuestas al sol durante unos cuatro días que resultan en un sabroso sabor ahumado. Esta es la propuesta del restaurante Dos Mares, uno de los locales gastronómicos más elegantes y característicos de Natal.

Playas 

Las playas son otro de los grandes atractivos. El mar tiene aguas que llegan al mediodía a los 26 grados. Se trata de una zona muy particular del océano Atlántico, ya que es el punto más cercano de Sudamérica con Europa y África.

Esta ubicación convirtió a Natal, ya bien entrado el siglo 20, en una zona estratégica de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Allí instalaron una base militar y dejaron como legado algunas costumbres.  

Muchos años antes, en el siglo 17, habían sido los holandeses quienes invadieron la ciudad (que valió que la llamaran la “Nueva Amsterdam”).

Mariscos y pescados son base de una gastronomía deliciosa.

Eso ha hecho que la ciudad de Natal todavía conserve esas influencias en ciertas cuestiones culturales, pero fundamentalmente en la arquitectura, algo que puede comprobarse con un recorrido por algunas zonas céntricas. De su costado más urbano, vale destacar dos puntos a visitar: el Puente Newton Navarro, uno de los más altos de Brasil (55 metros) y, el moderno Arena das Dunas, el estadio mundialista que también se usa para convenciones y grandes eventos.

Para aprovechar los increíbles médanos de Natal, otra excursión recomendada es pasear por las dunas de Genipabu, una de las playas más conocidas, en los tradicionales buggy, que ya es toda una aventura. 

No es casual que algunas escenas de la exitosa telenovela El Clon fueran filmadas en esos paisajes de desierto. 

Natal es una ciudad que invita a volver, según sus habitantes. Y es muy fácil darles la razón.

* Especial

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La Voz.