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Voy de viaje

Bajo el sol de Bogotá

Caótica en las horas pico; limpia y segura, y bohemia por la noche en su Zona Rosa, Bogotá se presenta como una gran capital latinoamericana. Muy cerca, Zipaquirá muestra su Catedral de Sal y Guatavita, la laguna con la leyenda de El Dorado.

Por Juan José Erramouspe (Especial).

Ya lo cantó León Gieco en Bajo el sol de Bogotá: “Otra vez debajo del sol de Bogotá / clima caliente como el aguardiente / mercado de 10 mil cosas a la vez / se tranza el precio en las calles”.

Si alguien visitó Bogotá hace siete años y regresa ahora, como en mi caso, se llevará una agradable sorpresa, pues la capital colombiana se ha modernizado, está más linda y limpia y, sobre todo, más segura.

Este no es un dato menor: en aquella visita de 2007, algo que llamaba mucho la atención y generaba inquietud era la omnipresencia de policías y militares armados como para la guerra por las calles, en móviles, patrullas, camiones y motocicletas. Hoy solo circulan los vehículos policiales, en menor cantidad, y para ver un miembro del Ejército Colombiano hay que acercarse a la sede de la Presidencia, donde están de custodia. Y los visitantes pueden caminar por las calles con tranquilidad, con los cuidados propios que conviene tener en cualquier capital del mundo.

Bogotá está en la zona central de Colombia, junto a lo que se conoce como el cordón de la Cordillera Oriental, a 2.600 metros de altura. Esa cercanía con las montañas y la altura son las que marcan el clima de la ciudad: de diciembre a marzo hace calor y de abril a octubre la temperatura baja sensiblemente. Conviene llevar un abrigo.

Conocer la ciudad y ubicarse en ella es sencillo: tomando la cordillera como referencia, se sabrá que en esa dirección está el este. Y las vías de comunicación responden también a esa referencia: se dividen en calles y carreras. Las primeras corren de este a oeste y las segundas de norte a sur.

Para tener una visión panorámica de Bogotá, lo más aconsejable es ascender al cerro Monserrate, de 3.150 metros, donde se encuentra el santuario del Señor de Monserrate. Hay tres maneras de subir: en funicular y teleférico, a 14.000 pesos (7,30 dólares) la tarifa ida y vuelta, o para los más osados, una senda peatonal.

La Candelaria, el centro histórico de Bogotá y donde fue fundada.

La capital colombiana tiene 8,3 millones de habitantes, que se mueven en el TransMilenio, sistema integrado que se puso en funcionamiento en 2000, en automóviles, particulares y taxis o en moto.

Con el TransMilenio –al que los bogotanos llaman con humor el “transmilleno”– en general la población está conforme. El único problema son las horas pico, en las cuales los ómnibus articulados con capacidad para 160 personas, pueden llevar hasta 300 pasajeros apretujados.

Antes existían miles de pequeños ómnibus privados que competían por cargar pasajeros, en lo que se conocía como “la guerra del centavo”. Con el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), ahora hay buses alimentadores de la red troncal de TransMilenio y otros que tienen sus propias rutas. La tarifa es de $ 1.700 pesos (U$S 0,90).

Otro tema son los automóviles, taxis y privados. El tráfico de Bogotá es literalmente endemoniado y en las horas pico, un trayecto que normalmente se puede hacer en 15 minutos, demanda una hora.

Es por eso que las autoridades de la alcaldía capitalina instrumentaron el sistema conocido como “pico - placa” y que consiste en que los días pares no pueden circular los autos particulares con patentes pares y los días impares, los que tienen placas impares. El combustible se vende en galones; cada galón (3,78 litros) cuesta 10.799 pesos la nafta extra y 8.799 pesos la común. Traducido a dólares, serían U$S 5,70 y U$S 4,60. 

También son muchas, y complican el tráfico, las motos que circulan por la ciudad, Y para ir zanjando una discusión que se dio hace poco en Córdoba, cabe aclarar esto: quienes tripulan las motos deben llevar casco y en la parte trasera de este tiene que estar visible la patente del vehículo. También es obligatorio un chaleco con el número de placa de la moto, pero solo después de las 18, es decir, cuando comienza a oscurecer. Si la moto es tripulada por dos personas, tanto lo del casco como lo del chaleco es obligatorio para ambas.

Qué hacer en Bogotá

La capital colombiana tiene dos vidas, una diurna y la nocturna. Durante el día, se puede (se debe) visitar el barrio La Candelaria, donde se dice que fue fundada la ciudad (1538) y donde se emplazan la primera iglesia, que luego pasaría a llamarse Catedral Primada, y la plaza Mayor, hoy plaza Simón Bolívar.

En torno a la plaza se encuentran los tres poderes del gobierno de Colombia: el Capitolio Nacional (Poder Legislativo); el Palacio de Justicia (Poder Judicial); la Casa de Nariño (sede del Poder Ejecutivo y residencia presidencial). Además, en el otro costado, está el Palacio Liévano, sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Uno de los museos que conviene conocer, de los muchos que tiene Bogotá, es el Museo del Oro del Banco de la República, con más de 59 mil piezas realizadas por los orfebres aborígenes. Está considerado el museo del oro precolombino más grande del mundo y está ubicado en uno de los lados del Parque Santander.

Otra curiosidad se da en la esquina de Calle 13 y Carrera 7: sobre la vereda se puede observar a gran cantidad de hombres que parecen hacer fila a la espera de un turno y conversan entre ellos. En realidad, se trata del mayor centro colombiano de comercio de esmeraldas, otra de las riquezas que brinda esa pródiga tierra.

Una buena manera de conocer La Candelaria y sus sitios más destacados, que exceden esta simple enumeración, es tomar un Biketour (en bicicleta) con guía bilingüe. Cuesta 48.000 pesos (25 dólares) y sale a las 10,30 y a las 14.

La zona residencial más cara de Bogotá es Rosales donde, en un complejo llamado Peñas Blancas, tiene su departamento Shakira. Allí, el metro cuadrado se paga hasta 8.000 dólares. Claro que quienes pueden acceder a esa zona son los integrantes del estrato 6, o sea, la clase más alta. Los otros estratos son 1, 2 y 3, las más bajas, y 4 y 5, lo que podríamos considerar la clase media.

Y por la noche, la ciudad vive en la Zona Rosa, entre las calles 79 a 85 y Carreras 11 a 15, donde abundan bares, restaurantes, centros comerciales, tiendas y discotecas. Dentro de la Zona Rosa hay un área peatonal que se conoce como zona T, por la forma de una intersección de calles y allí la oferta es más gastronómica.

Las paredes hablan. Los grafiteros cuentan con autorización.

Las paredes hablan

En Bogotá las paredes hablan. Y esto es así porque hay un movimiento cultural de arte urbano, conformado por jóvenes grafiteros, que han tomado las paredes para expresarse.

Para no permitir que esa tendencia se convierta en algo caótico, la alcaldía bogotana les otorga permisos y supervisa tanto los sitios donde aplican su arte como los contenidos.

Otro signo de la cultura popular es la música: se escuchan por todos lados los “corridos prohibidos” –aunque no están prohibidos– cuyas letras son al menos contestatarias y le cantan a vidas, personajes y situaciones no siempre muy “legales”. Muy populares entre jóvenes, y no tanto, de sectores humildes, no dejan de mencionar, por ejemplo, a Pablo Escobar.

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