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En familia

Oda al “turismo lento”

En el marco del Encuentro de Mentes Provocadoras, que se llevó a cabo durante la última edición de la feria turística Tianguis de Guadalajara (México), Carl Honoré –considerado el embajador del movimiento “slow”– dejó ideas para repensar la forma en que viajamos.

Por Sebastián Lazcano*.

“La falta de tiempo nos ha llevado a que funerarias ofrezcan el servicio de asistir a un funeral sin bajarse del auto”, así arranca su charla Carl Honoré –autor del célebre libro Elogio de la lentitud, entre otros, y promotor del movimiento slow– mientras ilustra su presentación con la foto de una funeraria en Chicago, donde la gente despide al muerto a través de un cristal.

La idea de que los que viven despacio son estúpidos, improductivos, aburridos o simplemente perdedores está empezando a cambiar. El movimiento slow no reniega de lo rápido ni promulga vivir como tortugas, sin embargo intenta que cada vez más gente haga las cosas a su justa velocidad. 

La promesa de esta tendencia es encontrar el ritmo adecuado para cada momento, aun cuando se trate de tener sexo, comer, educar a los hijos o, incluso, viajar. En su mensaje expuesto durante el Encuentro de Mentes Provocadoras –realizado a fines de abril en el marco de la feria turística Tianguis con sede en Guadalajara, a 550 kilómetros de la capital de México–, Honoré advirtió que “muchas veces más rápido es mejor, pero no siempre”. Por eso, el periodista canadiense invitó a vivir plenamente el aquí y el ahora, y saborear los momentos en vez de retratarlos. 

El turismo lento –slow travel, en inglés– promueve el arte de viajar más despacio, sin una agenda hiperdetallada, buscando calidad, placer, desconexión, humanidad y, sobre todo, un ritmo para disfrutar del paseo sin volver agotados de nuestras vacaciones.

El arte de viajar bien

Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, es común que, al llegar a destino, hagamos un minivideo para enviarlo por WhatsApp, nos tomemos una selfie para postear en Facebook y le apliquemos el filtro de “invierno” a otra foto para subirla a nuestra cuenta de Instagram. Siempre conectados a las redes sociales, de repente, nos convertimos en productores de nuestras propias vidas. 

Debido a esa tendencia, empezaron a surgir hoteles en los que le quitan el celular al huésped durante su estadía para que pueda descansar o agencias de viaje que ofrecen itinerarios menos apretados. Basados en el slow travel, o turismo lento, cada vez surgen más cadenas de hoteles que invitan a sus huéspedes a dormir la siesta o, incluso, a conectarse con una hora slow que consiste en generar espacios y momentos comunes a través de la promoción de charlas entre los propios huéspedes.

Descubrir lo “no googleado”

Otra característica del slow travel es dejar que el destino nos sorprenda. La gran mayoría de los viajeros, antes de tomar el avión o de salir por la ruta, entramos a Google y planeamos cada detalle. De esa manera, conocemos el destino y casi que lo experimentamos antes de viajar. En Internet abundan reseñas, valoraciones, fotos y videos. ¡Error! Llegamos al destino y ya conocemos todo, sólo nos queda sacarnos selfies y volver a casa. 

Por eso, Carl Honoré nos abre los ojos en otro de sus reflexivos comentarios: “Se gana mucho más cuando disponemos de tiempo porque el descubrimiento más hermoso es el no googleado”. A su vez, nos desafía a que probemos llegar a un destino sin tanta información y entender que perdernos en una ciudad y descubrir intuitivamente cómo regresar nos dará más emoción y placer y ampliará, incluso, nuestro horizonte cultural.

La magia del detalle

El slow travel debe priorizar lo local. En un mundo globalizado, hoteles, excursiones y comidas tienden a parecerse. La magia de un destino radica en los pequeños detalles locales no masificados. Conseguir que un lugareño nos cocine o nos enseñe los verdaderos platos típicos puede ser más interesante que visitar el restaurante más valorado en Trip Advisor. 

Debemos buscar las tendencias autóctonas, pero para disfrutar verdaderamente de todo un viaje slow necesitamos de un único ingrediente común que no siempre entra en nuestra valija o mochila: el tiempo. Por eso, lo mejor es visitar una ciudad sin tantas investigaciones previas, sin agenda, empleando horas o días para reconocer y apreciar detalles arquitectónicos, bibliotecas y bares, interactuando con la gente del lugar.

¿Quién es Carl Honoré?

Escritor, historiador y trotamundos, se autodefine como “embajador del movimiento slow”. Nació en Escocia, después de graduarse en la Universidad de Edimburgo con títulos en historia e italiano, trabajó con niños de calle en Brasil, lo cual le inspiró para iniciarse en el periodismo. Desde 1991, informó desde todas partes de Europa y América del Sur, trabajando tres años como corresponsal en Buenos Aires. Sus artículos han publicado en The Economist, Observer, American Way, National Post, Globe and Mail, Houston Chronicle y el Miami Herald. 

Entre sus libros más destacados aparecen Elogio de la lentitud y Bajo presión, los cuales han sido traducidos a más de 30 idiomas y han estado entre los más vendidos en muchos países. Su último libro La lentitud como método explora cómo resolver problemas en diferentes áreas de la vida sin optar por soluciones rápidas, superficiales y de corto plazo.

La feria

Tianguis Turístico México es una feria que busca impulsar la promoción y comercialización de destinos, productos y servicios turísticos de ese país. En 2016, la edición número 41 tuvo lugar del 25 al 28 de abril en Guadalajara, estado de Jalisco. Invitado por el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), este suplemento participó de la feria. Más información: http://tianguisturisticomexico.com.

*Enviado especial a Guadalajara (México)

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La Voz.