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¿Nos tomamos un aperitivo?

Hicimos un recorrido por los bares del norte de la península para descubrir un aspecto central de la cultura italiana. Notas de viaje por bares, fondas y restaurantes de Milán, Torino y Venecia, en lo que podemos definir como la ruta del aperitivo.

Por Nicolás Marchetti | Especial.

Antes de volver a casa, se impone tomarse un aperitivo. Amargos, prossecos y cafés detienen el paso de miles de personas, que se juntan y comparten un momento del día que es único: aceitunas, papas fritas, salame o parmegiana (lasaña de berenjenas, cortadas en dados para la picada), acompañan a tremendos Sbagliatos, Americanos o Camparis con naranja exprimida.

La cultura del aperitivo es una tradición que estimula la socialización y el consumo de comidas y bebidas tradicionales y de excelente manufactura. A eso de las seis de la tarde, uno se sienta en el bar y el precio de cada copa incluye pequeños y deliciosos –resaltemos eso de “deliciosos”– bocados que hacen del momento algo sublime, exquisito, inspirador. ¡Para imitar!

La cultura del aperitivo en Italia es tradicional. Antes de volver a casa, hay que sentarse en un bar a compartir un Sbagliato o un Campar

En quioscos y supermercados se venden los “Camparisodas”, como quien aquí compra una gaseosa o un jugo. El sabor amargo de estas bebidas es parte de la cultura popular. Está instalada como un sacramento, se hace por definición, por placer, por tradición, ¡a cualquier hora del día! 

Junto a los ganadores del concurso de coctelería “#Mapa14”, organizado por el Grupo Campari, recorrimos bares, fondas y restaurantes de Milán, Torino y Venecia en busca de estos sabores, que están instalados en una tradición que en Argentina se perdió, pero que de a poco intenta volver a instalarse como parte de nuestra identidad nacional.

Aperitivo en ll Duomo

Il Duomo de Milán, espacio público conformado por la imponente Catedral y la plaza central de la ciudad capital de la moda, está poblado de tiendas llenas de glamour y bares como el Camparino, que es un clásico de clásicos (tiene 100 años en la misma esquina, protagonista central de la galería Vittorio Emanuele). El Camparino perteneció a la familia dueña de la hoy multinacional Campari, pero luego pasó a manos de un privado que mantiene la costumbre.

Aquí probamos el Sbagliato, una variante del Negroni que reemplaza la parte de gin por una de prosseco, el vino espumoso italiano. Las otras dos son de Cinzano y Campari, mucho hielo y media rodaja de naranja en un vaso oldfashioned (el de whisky).

Los jóvenes también cultivan la exquisita costumbre del aperitivo.

Es más suave y dulce que el tradicional Negroni y la leyenda cuenta que por error se reemplazó el destilado por el vino espumoso. Es ideal para servirlo antes de comer.

En Camparino in Galleria lo sirven mozos de rigurosa etiqueta blanca y negra. Elegantes con sus zapatos lustrados y su corte de pelo a la moda, su moño negro y sus modales sofisticados, pero con la impronta y la calidez italiana. Van y vienen con sus bandejas por el local de la pequeña esquina frente a Il Duomo, catedral que su construcción llevó más de 500 años y que por su imponente belleza está cada día un poco más cerca de Dios.

Museo Campari

Estando en Milán, buscando vivir la experiencia del aperitivo, no ir al museo de Campari es algo así como un sacrilegio. Está en la localidad vecina de Sesto San Giovanni (se llega en metro) y es espectacular. En un imponente y moderno edificio se encuentran las oficinas comerciales y la galería de arte, donde se desarrollan diversos tipos de eventos. Realizar una visita guiada por la muestra permanente referida a la historia de Campari es realmente esclarecedor en muchos sentidos.

El Camparino, un clásico de Milán, hace 100 años está en la misma esquina, en la galería Vittorio Emanuele. Para probar un Sbagliato.

Cómo generar una identidad de marca rodeada de glamour y arte moderno; cómo expandir globalmente un concepto con rebeldía y buen gusto; saber qué significa el escudo de la marca, o a quién donó la empresa la familia fundadora, son parte de un viaje sensorial que para sorpresa de muchos no termina con una degustación habitual sino con una de... ¡bombones de Campari!

Para tradicional, está el bar de la esquina, sobre calle... Campari. Allí se bebe Campari en copas heladas y soda en grifo. Se sirven con bocaditos salados en plena tarde. Muchos lugareños hacen una parada y se toman una copa de prosseco o de vino.

Aquí la vida tiene pausa y charla entre amigos o con el dueño del bar, que está siempre de buen humor. 

La Terraza Aperol

Frente a Il Duomo y también sobre la extraordinaria galería Vittorio Emanuelle, está la Terraza Aperol, otro de los aperitivos del grupo Campari. Tiene una sala en el interior de la galería pero su punto fuerte es la terraza, claro está. Con la catedral en las narices y la opción de fumar, hay sillas y mesas desde donde se ve toda la plaza central.

Esa catedral iluminada no pasa inadvertida y los ojos no pueden salirse de ella, mientras alrededor se impone la buena música, la buena coctelería (12 euros el trago) y la buena comida que circula como aperitivos invitados (burratas nodini con radicchio, por ejemplo).

¡Si esto no es el glamour italiano, el glamour italiano dónde está! Tres partes de prosseco, dos de Aperol y una de soda; hielo, y una rodaja de naranja, así es el Aperol Spritz perfecto.

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