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Minas y su cerro místico

De vuelta a la ruta 12, el camino sigue hacia los confines del departamento de Maldonado y el comienzo del de Lavalleja, donde las sierras se ponen místicas.

Por Redacción LAVOZ.

De vuelta a la ruta 12, el camino sigue hacia los confines del departamento de Maldonado y el comienzo del de Lavalleja, donde las sierras se ponen místicas. Casi llegando a la ciudad de Minas, la capital del departamento, un camino de ripio se interna por un cerro con asentamientos arqueológicos de edad indefinida. 

Ingreso a la ciudad de Minas. (Fotografía gentileza Mario Cherrutti)

Para explicarlo, nadie mejor que Gustavo Guerrero, que organiza visitas guiadas desde su chacra, Valle Hilo de la Vida. Guerrero es ginecólogo, a punto de ser abuelo y vive en Montevideo. Compró tierra en este cerro pensando en su jubilación y con la intención de organizar campamentos infantiles, pero se encontró con que había comprado un lugar arqueológico sagrado.

La prueba son unos conos de piedra, iguales a los que se han encontrado en Escocia y otros lugares remotos. Guerrero investigó las piedras, minerales y campos electromagnéticos. Explica que los minerales trazan un triángulo entre Piriápolis, Minas y Punta Ballena y realiza con los visitantes pruebas de radioestecia, con varillas que detectan, según dice, líneas y vórtices de energía.

Valle Hilo de la Vida. Gustavo Guerrero, su propietario, no imaginó al comprarlo que era un sitio con asentamientos arqueológicos de edad indefinida (Fotografía gentileza Mario Cherrutti

Después de la charla, Guerrero conduce la caminata por el cerro para ver de cerca los misteriosos conos de piedra. Mientras toca piedras de cuarzo y hace pruebas con sus varillas de radioestecia, cuenta que la zona fue desde siempre una Meca espiritual. 

En 1901 se colocó una imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción en la cima del cerro del Verdún, de 326 metros de altura, donde cada 19 de abril más de 100 mil personas van en peregrinación. 

Mucha gente convocan también los dos templos budistas tibetanos, uno de 5.000 metros cuadrados.

 También se ve a lo lejos la ciudad de Minas y en el valle, el recreo y hotel San Francisco de la Sierra, con cabañas, piscina y un inmenso restaurante parrilla, que recibe 400 personas los fines de semana con intenciones bastante más terrenales. 

Restaurante en Valle Hilo de la Vida, un lugar con mucha energía y meca espiritual. (Fotografía gentileza Mario Cherrutti)

Sobre el final de la visita al Valle Hilo de la Vida, Guerrero entrega esteras y nos lleva junto al arroyo de vegetación cerrada. Allí, con el runrún del río bajo los sauces, se puede dormir una siesta mística.

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