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El sacramento de Colonia

La célebre Calle de los Suspiros tiene lugar en el recorrido de todo turista. Tiene el atractivo de muchas de las calles de Colonia, pero lo que la hace particular es, quizás, su pendiente que descubre como punto de fuga al río de la Plata. 

Por Redacción LAVOZ.

La célebre Calle de los Suspiros tiene lugar en el recorrido de todo turista. Tiene el atractivo de muchas de las calles de Colonia, pero lo que la hace particular es, quizás, su pendiente que descubre como punto de fuga al río de la Plata. 

Pero varios la señalan especialmente por la historia que se teje detrás de su nombre. Esta angosta callecita de confuso adoquinado portugués funcionó, según dicen, como pasarela de los amores portuarios. Tal vez en virtud de su estrechez fue que muchas historias de amor se tejieron en ella y le dieron el sello nostálgico del suspiro.

Pocos metros más adelante está el Faro de Colonia del Sacramento, cuya construcción comenzó en 1855 sobre las ruinas del Convento San Francisco Xavier, destruido a partir de un incendio producido en 1704. Subiendo sus más de 300 escalones se pueden obtener excelentes panorámicas de la ciudad.

La Calle de los Suspiros, con su empedrado colonial y su pendiente hacia el río de la Plata. Un clásico de la ciudad antigua.

Afortunadamente, hace 10 años la Unesco hizo oficial la preocupación que venía siendo parte de la agenda local de Colonia. Eso se tradujo actualmente en la restauración de muchas construcciones y en la posibilidad de recorrer algunas partes del ejido histórico únicamente de manera pedestre, según comenta Nela mientras se desliza un no sé qué lingüístico que asumo forma parte de su acervo coloniense. 

Gracias a medidas como esas, hoy la belleza del barrio histórico es dominio de todo turista dichoso de conocer a la “chiquilina bonita” del río de la Plata.

La Rambla de las Américas es el paseo que comunica al barrio histórico con la Zona Real de San Carlos. A lo largo de varios kilómetros, la arboleda se extiende y da lugar a uno de los pulmones verdes de la ciudad, con paseos peatonales, circuitos iluminados y señalizados para realizar ejercicios, áreas de juego y esparcimiento.

Esquina del centro histórico, con las mesas de los bares en la calle.

Desde Playa Las Delicias hasta el Balneario Municipal, toda la zona costera es hábitat de amantes de la vida al aire libre. A lo largo de ella, si la visibilidad del aire lo permite, se puede ver del otro lado las luces de la vecina Ciudad de Buenos Aires. 

Costeando dicha rambla se accede al Real de San Carlos, nombre que se le dio originalmente a la plaza de toros que comenzó a construirse en 1761 en honor al rey Carlos III de Borbón. Fue fabricada con un estilo que se conoce como “mudéjar”, término que en árabe significa “doméstico o domesticado” y se refería a los musulmanes que vivían en territorios cristianos. 

Hoy designa un estilo artístico en el que confluyen características cristianas y musulmanas. De allí los típicos arcos moriscos montados sobre las numerosas puertas que dan acceso a la construcción.

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