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Exóticos

El encanto de Petra: la ciudad rosada

Descubierta en 1812, Petra está ubicada a casi 250 kilómetros de la capital del país. Al atardecer, nos impacta ver cómo la luz del sol tiñe de color las construcciones esculpidas en las rocas. El encanto de Petra es el regalo del pueblo beduino a la humanidad. 

Por Elizabeth Zanni (especial).

Quien ha visto fotos de Petra o películas, seguramente, ha tenido esa sensación de asombro ante la majestuosidad de esta ciudad rosada, que está literalmente excavada y esculpida en la piedra. Si bien su belleza nos resulta difícil de describir a través de las palabras, Petra ha logrado convertirse en una de las siete maravillas del mundo. 

Los nabateos, tribu de comerciantes nómades que llegó a la región en el siglo VI a.C., la construyeron y convirtieron en la antigua capital del reino Nabateo debido a su ubicación estratégica: el lugar estaba de paso en la ruta comercial de las caravanas. Luego, en el año 106 d.C., fue ocupada por los romanos, quienes agregaron características típicas de su cultura como el anfiteatro. Tras una serie de terremotos que destruyeron gran parte de la ciudad, Petra fue abandonada y quedó olvidada por siglos, siendo sólo conocida por los beduinos locales. Ellos la convirtieron en su casa, manteniéndola en secreto hasta que el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt la encontró en 1812. 

Actualmente, la mayoría de los beduinos que habitaban Petra fueron reubicados por el gobierno en una localidad creada para ellos. Sólo algunos tienen el privilegio de seguir viviendo en las cuevas del recinto, lugar que prefieren ya que, según nos cuentan, ellos mismos encuentran todo lo que necesitan en la naturaleza. Muchos trabajan como guías, vendedores de té y artesanías u ofreciendo transporte en burro, camello o caballo. 

El Monasterio. Otro de los íconos que identifican a Petra en el mundo.(Fotografías de Elizabeth Zanni)

Los beduinos conocen el área como la palma de su mano, ya que fue su patio de juego desde que nacieron y pueden trepar cualquier acantilado hasta en la oscuridad de la noche, sin ninguna linterna ni calzado. Por eso, recomendamos dejarse llevar por alguno de ellos hasta algún rincón secreto o hacer una ruta. La iniciativa vale la pena y, de paso, los ayudamos a ganarse la vida con nuestra visita al territorio que les pertenece.

En busca de El Tesoro

Ubicada en el desierto y estratégicamente escondida en medio de acantilados rocosos, ningún foráneo imaginaría el tesoro que Petra guarda en sus rocas. Aunque Jordania es un país muy seguro, actualmente no hay demasiados turistas debido a los conflictos de los países vecinos. De todas maneras, es mejor llegar sobre las siete de la mañana para disfrutar en silencio de la paz y de la mejor luz, la del alba, que a esa hora ilumina la fachada de Al Khazneh (“El Tesoro”), el monumento más importante y la imagen más conocida de Petra. Aunque sabíamos exactamente lo que encontraríamos al final del impresionante Siq -el desfiladero de paredes verticales por el que accedemos y que se va estrechando a medida que se acerca al final-, la emoción de estar ahí hizo crecer nuestra expectativa a medida que caminábamos los dos kilómetros del Siq. Finalmente, llegó el momento esperado: ahí estaba, luego de una última ondulación apareció frente a nosotros un pedacito de El Tesoro, asomándose tímidamente con sus paredes rosadas encendidas por los primeros rayos del sol entre las estrechas y oscuras paredes. El tiempo se detuvo y la magia se apoderó de todos los sentidos. Nos hubiéramos quedado contemplándola por horas, pero teníamos que seguir porque eso era sólo el comienzo de la inmensa cantidad de maravillas que Petra guarda para los viajeros. Lo ideal es dedicar como mínimo dos días para recorrer los principales monumentos. Si bien éstos ocupan un área pequeña, comparada con la vasta extensión del recinto, podemos pasar mucho tiempo explorándolo.

Encantos múltiples

Desde El Tesoro, llevamos adelante un interesante recorrido para ver la Calle de las Fachadas. Volvemos unos metros y subimos los escalones que hay a la izquierda para dirigirnos hacia el Altar del Sacrificio. Allí aprovechamos para descansar tomando un té con una beduina en su carpa, mientras apreciamos la magnitud del lugar desde lo alto del punto panorámico. 

El Tesoro. Se trata del principal monumento construido en Petra. Sus paredes rosadas contienen interesantes detalles arquitectónicos. (Fotografías de Elizabeth Zanni)

Otro paseo interesante es bajar al valle pasando por Garden Tomb y descansar haciendo un pic-nic o comer en los restaurantes junto al Museo Nabateo. Luego de ese paseo, retomamos el circuito subiendo los 800 escalones al Monasterio, el segundo monumento más deslumbrante del recinto. A la vuelta, las Tumbas Reales se encienden por la luz dorada del sol del atardecer. 

En el segundo día, entramos por Wadi Muthlin –el cañón más pequeño-, recorremos la Calle de las Columnas (obra de los romanos) hasta Qsar al-Bint y volvemos hasta el Anfiteatro terminando en las Tumbas Reales. Desde allí, reaparece el encanto de Petra, esta vez a través del canto de un beduino retumbando dentro de las tumbas, mientras los últimos rayos de sol se esconden detrás de Qsar al-Bint. 

Datos útiles

COSTOS. El aéreo Córdoba-Amán en Aerolíneas Argentina y Turkish Airlines (ida y vuelta) por eDreams cuesta 27 mil pesos. Amán-Petra en Jett bus, 41.300 pesos. Lo ideal es alquilar un auto en Amán o preguntar en el hotel por transporte alternativo. La moneda usada es el dinar jordano (JD) (1JD equivale a 22 pesos). En Amán, conviene cambiar dinero en Arab Bank. La visa se obtiene al llegar al aeropuerto (870 pesos). Sugerencias de alojamiento: Hotel Toledo Amán (37 Al Razi Street, Amán): 1.108 pesos. Hotel Cleopetra (Main Street, Wadi Musa): 652 pesos. Precio por noche, base habitación doble.

¿Para quiénes?

Petra es el lugar ideal para los curiosos aventureros que quieren descubrir con sus propios ojos lo que significa viajar en el tiempo. También, para los amantes del senderismo en busca de caminatas con historia más allá de las vistas fascinantes. Cualquier camino o sendero que recorramos será el mismo por donde alguna vez caminaron las antiguas civilizaciones.
 
¿Para qué?
Conocer cómo vive un beduino en una antigua tumba de Petra convertida en vivienda mientras saboreamos un té especiado con salvia y fumamos narguile sentados sobre la alfombra, en el suelo de la cueva. A estas ex-tumbas se las reconoce por la puerta de metal con que están cerradas. Además, para descubrir que los beduinos actuales se parecen a Jack Sparrow de Los piratas del Caribe ¿O acaso Walt Disney se inspiró en ellos para crear el personaje?
 
Una belleza. Petra guarda un verdadero tesoro en sus rocas. (Fotografías de Elizabeth Zanni)
 
¿Por qué?
Este viaje permite transportarnos al tiempo en que Petra era una ciudad que rebosaba vida y donde paraban las caravanas de comerciantes que cruzaban el desierto para llevar sus productos de Oriente a Occidente. También es una buena oportunidad para conocer la economía de los beduinos y de Jordania, cuyo turismo cayó un 90 por ciento desde que empezó la Primavera Árabe, a pesar de ser un país muy seguro.
 
¿Cómo?
 
Sugerimos cubrir a pie el área que abarca los lugares más emblemáticos. También existe la opción de pagarles a beduinos para que nos lleven a lomo de camello, burro o caballo, pero esto implica consentir el maltrato animal. Aunque hay dos restaurantes, resulta imprescindible llevar dos litros de agua por persona y alimentos para un pic-nic o snacks (la mayoría de los hoteles lo ofrecen) porque las distancias son muy grandes y las temperaturas, muy altas. La entrada de un día cuesta 50 dinares; dos días, 55 dinares. Excursión Petra de noche: 17 dinares. Siempre nos conviene llevar protección solar alta, lentes de sol, gorro y buen calzado.
 
Plus
 
Desde las alturas
 
Al llegar a la carpa de té que hay en el Altar del Sacrificio, conviene preguntar por Fedriel, una beduina simpática que, además de compartir su falafel (albóndiga de pasta de garbanzo), nos llevó a ver la fachada de El Tesoro desde lo alto de las rocas, en el lado opuesto. El sendero es un poco peligroso en algunas partes, ya que caminamos al borde del precipicio sin barandas ni protecciones, pero la vista de la fachada desde lo alto lo vale. No es un circuito apto para quien sufre de vértigo.
 
 
Petra de noche 
 
Vale la pena recorrer el Siq en el silencio de la noche, iluminado por la luz de cientos de velas que van desde el inicio hasta El Tesoro, donde otros cientos de velas distribuidas por el suelo iluminan la fachada al compás del sonido de instrumentos antiguos, típicos de la zona. Si bien debemos abonar aparte para este recorrido, la experiencia es mágica. Recomendamos pagarle a un beduino para subir a las rocas y disfrutar del espectáculo desde lo alto.
 
 
 
 
 
 

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