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Escapadas

Colonia, la querida de Uruguay

A sólo 45 kilómetros de Buenos Aires, en la otra orilla del río de la Plata, está Colonia del Sacramento, Patrimonio de la Humanidad desde 1995. Como en sus “Prosas profanas” dijo Rubén Darío: “mi querida es de París”, podemos decir que es “la querida de Uruguay”. 

Por María Dolores Erramouspe | Especial.

El genio literario de Rubén Darío diría en “Palabras liminares”, prólogo que acompaña su libro de 1896 Prosas profanas: “Abuelo, preciso es decíroslo, mi esposa es de mi tierra; mi querida, de París”.

La afirmación inversa y “guaraníticamente” alterada, podría haber sido autoría de los colonos que muchos años antes de que Darío lo expresara, se dieron a la mar en busca de nuevos puertos de comercio.

Postal de la ciudad histórica vista desde el faro.

Alejada unos 45 kilómetros de Buenos Aires y haciendo orilla del otro lado del río de la Plata, está Colonia del Sacramento. Es una pintoresca ciudad, testimonio de los avatares históricos de este extremo continental que compartimos argentinos y uruguayos, con escasos 26 mil habitantes y dos semáforos relativamente nuevos, “que son producto de la fiebre de la construcción que hay ahora”, agrega nuestra guía Nela.

Accedemos a ella a través de su puerto, por los numerosos buques que parten desde Buenos Aires, o vía aérea hacia la capital, Montevideo, y el resto del trayecto en autobús.  

Nueva Colonia del Santísimo Sacramento fue el nombre que los colonos dieron en 1680 a la que, por ese entonces, fue la primera ciudad portuguesa fundada en territorio americano y también primera ciudad de la actual República Oriental de Uruguay. Como si de credenciales se tratara, la actual Colonia del Sacramento, ostenta varios títulos.

Es, por ejemplo, capital del departamento que lleva su nombre, pero el más prestigioso sin duda es el hecho de haber sido declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, a partir de 1995. ¿Qué es aquello que hace de Colonia una ciudad tan especial?

Recorrido por sus calles

Uno de los puntos que el paseo turístico apunta es la calle General Flores, centro de la península, amplia, enarbolada por plátanos gigantes y en cuyo recorrido damos con la plaza principal 25 de Agosto o “Plaza de los Sapitos”, llamada así por la fuente poblada de batracios que antes escupían agua. 

Es el lugar donde durante mucho tiempo se brindaron conciertos públicos gratuitos y hoy se organizan ferias de artesanías, cobijadas bajo las sombras de los tilos. 

Todo en el lugar remite a tiempos pasados. Colonia del Sacramento fue, en 1680, la primera ciudad fundada por portugueses en territorio americano.

Cada recoveco parece abrigar registros inmemoriales, cada una de sus esquinas tiene un recuerdo que compartir. El conjunto de manzanas que forman el Barrio Histórico constituye la parte más peninsular de la ciudad, cualidad nada azarosa si se tiene en cuenta que justamente a partir de su ubicación estratégica funcionaba como puerto de intercambio de mercancías en la época colonial. 

Estos negocios, que lo fueron tanto oficiales como de contrabando, pertenecieron a lo largo de 100 años y de manera alternada, a españoles y lusitanos que se disputaron la tutela de esta niña bonita. Las luchas llevaban a que cada corona quisiera imprimir su sello distintivo, de manera que su amparo no estuviera cuestionado. 

El trazado de sus calles es uno de sus más fieles testimonios. Angostas, carentes de veredas, con una línea central que funcionaba como drenaje, las portuguesas; o bien más amplias, con veredas y desagües a cada lado, las españolas. También las fachadas de las viviendas que, a modo de declaración de fidelidad, evidencian la arquitectura típica de cada metrópoli transatlántica.

El recorrido se abre con la Puerta de la Ciudadela o Portón de Campo, variación nominal propia de todo lo que tiene larga historia. Se trata de una construcción de 1745 que funcionaba como pórtico de entrada a la ciudad, función que da fundamento a la muralla empedrada que se extiende como una columna vertebral -aunque atravesada por cañones- hasta el río de la Plata. 

El puente levadizo devenido hoy en puente para selfies, da la bienvenida al Barrio Histórico cuyo límite es, por un lado, la calle Ituzaingó que cruza transversalmente la península y, por otro, el agua.  

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