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Viaje infinito: el cordobés que ya visitó 35 países

Leandro Blanco Pighi tiene 26 años, un inventario de anécdotas, un libro publicado y otro en producción. Mientras recorre América, recuerda su última travesía.

Por Lucía Argüello (Especial).

"Comunicador Social, Escritor y Caminante. Amante de la vida, los acoplados y Celia Cruz”. Así se presenta Leandro Blanco Pighi en su perfil de Instagram y hay que admitir que, para este joven cordobés, “disfrutar la vida hoy” es mucho más que un slogan publicitario. Con 26 años, Leandro ya ha recorrido 35 países y transformado muchas de esas experiencias en su libro Viajero Intermitente. De Delhi a Kuala Lumpur.

En su caso, viajar nunca es por o para algo sino un fin en sí mismo, una forma de vida. Empezó en Europa a los 20 años y pronto se volvió una adicción ineludible. Su última aventura lo llevó a explorar los mejores rincones de Latinoamérica durante once meses y actualmente, tras unas breves “vacaciones” en su Córdoba natal, sigue viajando por el continente americano con el objetivo de unir Ecuador y Canadá en lo que, anticipa, se convertirá en su segundo libro.

-¿Cómo fue tu última experiencia?

-Este último viaje fue el más largo que hice y prácticamente fue todo a dedo. Salí en abril del 2016 de Buenos Aires hacia Paraguay, un país que me dejó asombrado porque es poco publicitado y la verdad que tiene lugares increíbles. El interior es pura naturaleza, unos paisajes alucinantes con saltos, cascadas, selva, cuevas y hasta una laguna transparente rodeada de arena blanca (justamente, la Laguna Blanca) que es como un “Caribe de agua fría” en medio de la selva paraguaya. Además, la gente es súper sencilla y humilde; al principio te miran con desconfianza, pero al rato te están invitando tererés. De ahí pasé por Bolivia, Perú y Ecuador. Crucé el continente a lo ancho por el río Napo primero y por el Amazonas después hasta llegar al océano Atlántico, pasando por ocho embarcaciones diferentes. Recorrí la Guayana Francesa, Surinam y Guyana y luego entré a Brasil y volví por el Amazonas a Colombia.

-¿Algún lugar que recomiendes visitar?

-Se me viene a la cabeza Alter do Chão, un pueblito en el noreste de Brasil rodeado por selva que tiene “la playa de agua dulce más linda del mundo”. Ahí, el río Tapajós se junta con el Lago Verde y en el medio queda una lengua de arena, la Ilha do Amor, una playa que parece sacada del Caribe, pero con la quietud de un lago. Un lugar hermoso y medio aislado, donde además se practican muchas terapias alternativas. Estuve un mes y medio ahí y realmente me costó irme porque es una verdadera perla. Otro lugar que me encantó fue Kourou, en la Guayana Francesa, que quizás es más conocido porque alberga una base espacial –incluso pude ver el lanzamiento de un cohete–. Es un pueblo chiquito en un lugar muy selvático también. Ahí viví en un barrio muy particular: el barrio de los amerindios, guayaneses descendientes de los pueblos nativos. Son gente súper hospitalaria; prácticamente nos adoptaron. Vivía en una hamaca paraguaya a veinte metros del mar. El clima es ideal salvo por los mosquitos y, cuando aprendés a usarla, la hamaca es muy cómoda.

-¿Qué fue lo más emocionante que hiciste?

-El Columpio del Fin del Mundo. Está en la ciudad de Baños de Agua Santa, en Ecuador. Es una hamaca gigante colgada de la famosa Casa del Árbol, al borde de una especie de risco desde donde se ven las montañas y la selva e incluso el volcán Tungurahua. La primera volada sobre el vacío me dio una adrenalina fuerte, pero después no me quería bajar. Es una sensación increíble: prácticamente estás volando, y la vista es deslumbrante. Está dentro de un parque donde hay otras atracciones y la entrada no es cara.

-¿Cómo solventás tus viajes?

-Al principio siempre ahorraba antes de salir, pero ahora cada vez menos, porque sé que las soluciones aparecen solas. Mucha gente te ayuda en el camino, se genera como un couchsurfing espontáneo. Además, vendo mi libro, fotos que saco y convierto en imanes o postales, comida –cuando se puede–y en algunos lugares me tocó tener trabajos más estables, sobre todo en restaurantes, bares y hostels.

-¿Qué es lo que más te gusta de viajar?

-La incertidumbre de llegar a lugares nuevos y no saber qué va a pasar. Soy una persona muy curiosa y viajar me “cura” un poco la curiosidad. Para mí es una forma de vida: me cuesta mucho quedarme quieto, todo el tiempo estoy pensando en qué lugar será el siguiente. Siempre me preguntan si algún día voy a parar y la verdad no sé, hoy no me imagino de otra forma.

-¿Qué consejo les darías a quienes tienen ganas de viajar pero no se animan?

-Generalmente lo que se interpone es el miedo: miedo a qué habrá afuera, a qué pasará, a dejar un trabajo o los estudios. Lo fundamental es vencer ese miedo y saber que, en definitiva, lo más grave que te puede pasar es tener que volver. Yo creo que todo lo que te presenta un viaje es positivo. “Aventurarse siempre es posible”, como dice la contratapa del libro, y, si uno tiene un deseo en la vida, el tiempo para cumplirlo es ahora. Y lo mejor es no imponerse una fecha de regreso ni atarse a nada, hacer planes para desarmarlos te da mucha más libertad, descubrís más cosas y todo se disfruta el doble.

 

Tips para viajar barato en avión 

Para conseguir vuelos económicos, lo mejor es buscarlos en temporada baja, los días martes y miércoles, sobre todo entre las 14 y las 18, y estar atento a los errores de las aerolíneas, que a veces pueden poner accidentalmente un vuelo más barato de lo que en realidad es.

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