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Viaje al mundo de Dalí

Un recorrido por Figueras y Cadaqués, dos rincones catalanes que marcaron la vida y la obra de Salvador Dalí.

Por Pablo Bertorello (Especial).

Excéntrico, egocéntrico, provocador, talentoso. Así era Salvador Dalí. El mundo lo perdió hace 28 años, pero en plena Costa Brava (Cataluña) se conserva parte de él, su pasado, sus vivencias, sus huellas y su legado. Un vaivén artístico y sensorial.  

Figueras (donde nació), a poco más de 130 kilómetros de Barcelona y a 20 de la frontera con Francia, atrae a viajeros con el Teatro Museo Dalí, que él mismo construyó aprovechando la sala en ruinas del viejo teatro municipal, incendiado en 1939 durante la Guerra Civil española.

Dentro del fascinante espacio cultural que invita a agudizar los sentidos, los pasillos zigzaguean y alternan salas con colecciones de obras como El espectro del sex-appeal, Autorretrato blando, Galarina, La cesta del pan, Leda atómica y Galatea de las esferas, entre otras. Además de esculturas, cerámicas, grabados, fotografías, hologramas y la pasmosa colección de joyas, en la que el oro, rubíes, esmeraldas y diamantes mutaron en arañas, elefantes o flores.

“La gente que venga saldrá con la sensación de haber tenido un sueño teatral”, decía Dalí sobre el típico teatro del siglo XIX con escenario a la italiana, galería de palcos y un patio de butacas, donde ahora se exhibe un Cadillac que lleva raros maniquíes como pasajeros y lo acompaña La gran Esther de Ernst Fuchs.

Por su parte, la inmensa cúpula vidriada que cubre el escenario es un ícono de la ciudad, pero hay más para ver en las 22 salas dispuestas en tres pisos y en la Torre Galatea. Para entender cada pieza, cada rincón, hay que hacer un juego perceptivo. De aquí para allá. Y viceversa. Las sensaciones se cruzan para seducir la mirada. En su interior, también se aloja el mausoleo del pintor.

En un pantallazo amplio de Figueras, cerca del museo está la emblemática rambla que articula el casco antiguo con la zona de expansión urbanística. En su perímetro trepan al cielo un conjunto de edificios de diferentes estilos: barroco, neoclásico, ecléctico, modernista, novecentista y racionalista. Por aquí, Dalí pasaba sus años de adolescente en cafeterías, dibujando la vida a su alrededor. En la zona, “el laboratorio de nuestros experimentos sentimentales”, Dalí escribió junto a Luis Buñuel el guión de Un perro andaluz.

DATOS. Información útil para conocer Figueras y Cadaqués, dos rincones de Cataluña.

Blanco y al pie de la montaña

A apenas 40 kilómetros en dirección este, hacia el mar, se llega a Cadaqués, el pueblo más oriental de la península. De origen medieval, se forjó rodeado por una gran muralla que ocupaba el espacio de lo que actualmente es el centro histórico. Una vez en el lugar, es posible entender la fascinación que “la niña bonita” de Cataluña ejerció no sólo sobre el genio ampurdanés, sino también sobre otros artistas prolíficos como Picasso o Miró. 

Inmortalizada en cuadros emblemáticos, agrupa callecitas angostas y empinadas con aire mediterráneo, ideales para hacer un viaje en el tiempo. En el punto más alto se encuentra la iglesia de Santa María, desde donde se aprecia la vista desnuda de la bahía, azulada, con su playa empedrada y custodiada por casitas blancas con techos rojizos.

“No puedo separarme de este cielo, estoy atado por siempre a Portlligat”, afirmó el hombre de los bigotes curiosos sobre el barrio de pescadores que alojó su casa y taller. Allí se mudó con Helena Ivànovna, más conocida como Gala, con quien se casó en la más estricta intimidad traicionando su latente exhibicionismo. Ahora, en esa arquitectura laberíntica funciona un museo en el que habitan objetos, recuerdos, obras, animales disecados que le regalaban, libros y su taller de creación; la cotidianidad y lo sofisticado.

Entre olivares agitados por la Tramontana, Cadaqués es en el mapa un pequeño punto rodeado de montañas, un puñado cuantificable de cosas que se recorren en un abrir y cerrar de ojos. Pero también es todo lo bello que un vistazo le puede ofrecer al alma.

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