Buscar Buscar Enviar por email Enviar por email Menu Menu Red de sitios Red de sitios Reloj Reloj Reloj Reloj Twitter Twitter WhatsApp WhatsApp Facebook Facebook Pinterest Pinterest Instagram Instagram Instagram Instagram Tumblr Tumblr Google+ Google+ Reproducir video Reproducir video Pausa Pausa Ver Ver Expandir Expandir Video Video Imagen Imagen Lista Lista Compartir Compartir Enviar Enviar Anterior Anterior Anterior Anterior Siguiente Siguiente Siguiente Siguiente Cerrar Cerrar Cerrar Cerrar Voy de Viaje Voy de Viaje En Familia En Familia En Pareja En Pareja Con Amigos Con Amigos Solos Solos En Avión En Avión En Auto En Auto Tips de Viaje Tips de Viaje Gastronomía Gastronomía Exóticos Exóticos Ciudades Ciudades Playas Playas Teens Teens Cuaderno de Viaje Cuaderno de Viaje Bus Bus Crucero Crucero Aventura Aventura
Solos

Viajar pintando: el muralista jujeño que recorre el mundo con su arte

Desde Colombia, donde acaba de dejar su huella en la reconocida Comuna 13 de Medellín, Nicolás Anún habla de su vínculo con el arte y de su forma de relacionarlo con su otra pasión: conocer otras culturas.

Por Juan Manuel Pairone (especial).

Nicolás Anún es jujeño de nacimiento pero, a esta altura, ya es difícil identificar cuál es su lugar en el mundo. Desde hace tiempo se dedica a pintar murales y a viajar mientras amplía su obra y deja su huella en distintos lugares, aunque aclara: “Primero se dieron los viajes y después llegó la pintura”.

Antes de eso fue estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba –carrera que terminó en 2012– y en ese tramo se encendió la chispa. “Tuve la suerte de hacer un viaje de intercambio cuando estaba estudiando. Yo pensaba Chicago (EE.UU.) pero dos amigos dijeron Hawái y nada volvió a ser lo mismo”, dice hoy desde Colombia.

 

“Fueron de 4 meses, dos mil días y 120 películas”, exagera. “Conocí distintas realidades, pasé por todos lados, se despertó esa pasión por viajar y empecé a plantearme cómo es que quería vivir”, cuenta, asegurando que ese viaje fue el punto de partida para “viajar sin tiempo determinado”.

Anún, que hasta entonces dibujaba las paredes de su pieza, descubrió casi en paralelo otra pasión: los murales. “Un día me convocaron de un centro cultural para hacer un mural y, como no sabía afrontarlo, llamé a mi primo y a unos amigos que estudiaban Artes (Agustín Begueri, Franco Salinas y Adrián Stemberguer) y así se armó un grupo que se llamó Pintores Muralistas. Con ellos aprendí mucho y cuando terminé mis estudios en Comunicación me fui a México a desarrollar algún aspecto artístico. Justo a México, el viento es sabio”, recuerda.

 

“Ahí realicé mis primeros murales en solitario, trabajé en un taller de arte, conocí la tradición muralista y encontré algo muy importante: el nexo entre la comunicación, los viajes y el arte”, añade en relación con el viaje que le dio sentido a todo, incluso a los viajes por llegar. “La pintura es una forma de vivir y desde ese momento, si viajo, voy pintando. Es mi forma de relacionarme con el mundo”, agrega.

Y en eso está hoy. Nicolás contesta vía Facebook desde Medellín (no tiene celular, apenas una tablet), en un recorrido por el norte de Sudamérica que lo ha llevado por las costas peruanas, ecuatorianas y colombianas. En ese recorrido ha ampliado aún más su catálogo de trabajos en espacios públicos. Una especie de pasaporte paralelo que, además, tiene sellos de Córdoba, varios puntos de Jujuy, México y Nueva Zelanda.

 

-¿Cómo venís viviendo tu última experiencia viajera? ¿A qué otros lugares pensás llegar?

-Si te digo, los quemo (risas). Esta ha sido una gran experiencia, una gira inolvidable para mí. Y le llamo así porque no lo pensé como un viaje común, sino como un hecho artístico en sí mismo: recorrer Perú, Ecuador y Colombia, por la costa, buscando lugares y soportes en donde pintar y reflejar arte. Y resultó mejor de lo que podía imaginar. Logré hacer obras en cada país. Pinté una plaza, restaurantes, hoteles, tablas de surf, cuadros, carteles, murales, acuarelas y se dio la maravilla de terminar hace unos días un proyecto social en la Comuna 13, en Medellín, donde pintamos el club del barrio y unas escaleras larguísimas. Ahí sentí que hicimos cumbre.

 

-¿Cómo es el encuentro con la gente de cada lugar? ¿Te nutre creativamente ese “sabor  local”?

-Es curioso, y muchas veces parece un rompecabezas. Uno viaja para conocer nuevos lugares por cuestiones geográficas o arquitectónicas, pero en el fondo vamos a conocer otras sociedades, otras personas, culturas, otras formas de vivir. Esa búsqueda me intriga y me influye. Una de las cosas más lindas que tiene este oficio es que se conoce mucha gente, que va cambiando como cambian los contextos, y eso lo disfruto mucho. Trato de ser consciente de dónde estoy y trabajar a partir de eso. Ya sea como elemento o como concepto, en mi sazón, voy combinando el sabor local con mi manera de pintar.

2016. Todos los derechos reservados.
La Voz.