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En familia

Utopías de un viaje: una familia argentina que decidió vivir en movimiento

Sebastián Álvarez, Elizabeth Carballo y su hijo Neyen estuvieron 20 meses “nomadeando” por Latinoamérica en un motorhome. Tras una vuelta a Argentina, volverán a la ruta con la idea de llegar hasta Alaska. Cuál es su filosofía de vida y cómo se sustentan.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Sebastián Álvarez y Elizabeth Carballo intentaron durante un tiempo vivir de forma “tradicional”. La noticia de que iban a tener un hijo (Neyen, quien hoy tiene 3 años) los sorprendió en medio de un viaje mochilero que llevaba un par de meses, y en ese momento decidieron instalarse en La Plata y buscar trabajos estables.

No duró mucho: ya habían comprobado que existía una forma de vivir diferente y la rutina los incomodaba. Cuando Sebastián planteó la idea de irse de viaje, para volver a pasar los días descubriendo lugares y personas diferentes, se sinceraron con ellos mismos y optaron por llevar una vida nómade.

“Ahí empezó la necesidad y el deseo de llevar el viaje a cabo”, explica Elizabeth a Voy de Viaje. El plan era ir en familia desde La Plata hacia Ushuaia y después atravesar toda América hasta llegar a Alaska. Nada menos.

 

Se asesoraron con otras familias viajeras, compraron una Mitsubishi L300 del ’96 y, después de hacer un curso de carpintería, la armaron como motorhome. Al año y medio, el 4 de febrero de 2018, salieron a la ruta. Recorrieron todo el país y también parte de Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, y fueron compartiendo sus experiencias en la cuenta de Instagram Utopías de un viaje.

Después de 20 meses “nomadeando”, hace unos días tuvieron que volver a Argentina por un tema familiar. “A veces ciertas circunstancias hacen que surja la necesidad de estar cerca de las personas que amamos, para darles un abrazo y continuar nuestro camino”, cuenta Elizabeth, quien asegura que esta pausa los ayudará a recargar energías para retomar hacia el norte.

Sí, es posible

Una de las primeras preguntas que surgen frente a este tipo de historias es cómo se financia el viaje. En el caso de esta familia, venden artesanías (cuadernos y cosas en macramé), Elizabeth hace terapias holísticas como reiki, registros akáshicos y aromaterapia –“de manera presencial y a distancia”– y Sebastián va trabajando como chef en algunos restaurantes.

 

Ese es nuestro medio de sustento y sí, es posible. Al principio salimos con unos ahorros que se acabaron pronto (risas), pero después nuestro medio fue ese”, dice Elizabeth. Misterio resuelto.

-Si tuvieran que aconsejar a una familia como la de ustedes, con nenes chicos, para hacer un viaje similar, ¿qué claves le darían?

-La primera pregunta que nos hacen cuando nos ven con un niño es cómo hacemos con la escuela. Existen muchas formas de escolarizar: una es home school y también hay sistemas en Argentina y en otros países para que los chicos estudien de manera online. Por otro lado, a veces surge la preocupación de cómo lo vivirán ellos, porque es una decisión de los padres, y la clave es disfrutar de cada momento. Y lo más importante es que vivís momentos de calidad y estás en cada detalle. Estando en una rutina nos pasaba que a veces nos perdíamos de pequeñas cosas en su desarrollo, y estando de viaje no.

Destinos dentro y fuera del radar viajero

Sebastián, Elizabeth y Neyen estuvieron en lugares reconocidos a nivel turístico –como el Salar de Uyuni, el lago Titicaca o las líneas de Nazca– y en muchos otros que no aparecen en las guías.

 

Los conocidos turísticamente tienen algo muy hermoso a nivel paisajístico pero hay mucha gente, o están organizados para un turismo que se cree que es muy adinerado y por ende se elevan los costos (aunque muchos se pueden conocer de forma individual). En cuanto a los que no son tan turísticos, para nosotros ahí está la magia. A esos lugares podés vivenciarlos al máximo, mirar sin que te digan que te tenés que correr (risas) y disfrutarlos desde la calma”, dice Elizabeth.

De Argentina recomiendan especialmente el glaciar Perito Moreno y el pueblito de Iruya. Otros lugares que los impactaron fueron las catedrales de mármol (Chile), el Salar de Uyuni (Bolivia), Huaraz (Perú) y Puyo, las termas de Papallacta y el parque Sangay (Ecuador).

Desde otra óptica

En sus posteos en Instagram también destacan todo lo que se puede aprender de la mirada de un niño. En su caso, el mayor aprendizaje que hicieron de Neyen es que no existen limitaciones. “El mundo está ahí afuera para ser descubierto y muchas veces los adultos nos ponemos las limitaciones desde el cómo, y para los niños es más sencillo. A veces los problemas que creemos que son enormes, si los miramos desde otra óptica, no lo son tanto”, analiza Elizabeth.

 

Y cierra: “Algo que también nos enseñó es que para ellos no existe ninguna barrera idiomática ni de fronteras: es tan simple como decirle a otro ‘querés ser mi amigo y vamos a jugar’, aunque hable otro idioma; o probar comidas totalmente distintas; o estar siempre entusiasmado sin saber a dónde vamos. Para él es lo mismo Argentina que Chile, Bolivia y Ecuador: es estar en ruta y ya, somos todos hermanos”.

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