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Mundo

Una guapa y un presumido

Recorrer el País Vasco lleva a maravillarse por sus ciudades y pueblos, su gente, su cultura y sus costumbres. Pero, tratar de definirlo puede resultar un desafío.

Por María Laura Tuyaret (Especial).

Proponerse comenzar esta nota definiendo lo que es el País Vasco es todo un desafío. Buscar pocas palabras para hacerlo, algo más difícil aún. Sin embargo, hay algo que de seguro caracteriza a este pueblo: una gran personalidad.

Vascos: hombres y mujeres de palabra, alegres, tenaces, apasionados. Un gran temperamento los caracteriza y los determina. Porque, si bien el País Vasco es una comunidad autónoma española, sus raíces, cultura e idiosincrasia son diferentes a las del resto de España.

Sucesivos gobiernos han buscado su independencia como nación, cuestión que viene generando controversia entre los mismos vascos desde hace cientos de años.

El País Vasco está conformado por tres provincias: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Sobre el norte, el mar Cantábrico baña sus costas. Su orografía es principalmente montañosa y está comprendida por los Montes Vascos, la Sierra de Cantabria en el sur y los Pirineos, que llegan desde Navarra.

Su lengua originaria es el euskera, de una antigüedad estimada en 7.000 años, que en la actualidad convive con el español. A diferencia del resto de lenguas españolas modernas, no procede del latín ni pertenece a la familia indoeuropea.

Actualmente, con una gran concentración de industrias, el País Vasco es valorado como una de las regiones más ricas de Europa. Según un estudio realizado en 2004 por el Instituto Vasco de Estadística, posee uno de los Índices de Desarrollo Humano más altos del mundo, después de Islandia y Noruega.

Vitoria, la guapa. Además de ser la capital de Álava, Vitoria - Gasteiz también lo es de todo el País Vasco, por ser sede de las instituciones administrativas y políticas, como el Gobierno y el Parlamento.

En cuanto a lo arquitectónico, Vitoria tiene muchísima historia, lo que la hace admirable y hermosa a la vista. En sus construcciones encontramos influencia tanto del gótico y renacentista, como del barroco, neoclásico y romántico.

El casco viejo conserva muchas joyas de la época medieval. Sus calles estrechas, a las que asoman los balcones de las casas de tres o cuatro pisos, reflejan los nombres de las actividades de la época: Cuchillería, Zapatería, Herrería. A unas pocas cuadras, se encuentran centros neurálgicos como la Plaza España o la Plaza de la Virgen Blanca. En esta última se celebran en agosto las fiestas populares en honor a la patrona.

Las iglesias también tienen una presencia importante en la ciudad. No olvidemos que el País Vasco tiene como religión oficial el catolicismo romano. Así, se destacan la Catedral Nueva (Catedral de María Inmaculada), un templo construido en el siglo 20, en estilo neogótico, y la Catedral Vieja (Catedral de Santa María). Debido a que se encuentra en proceso de restauración, la visita a esta última puede ser tomada también como un recorrido arqueológico por las distintas etapas históricas que vivió el templo, percibidas en capas.

Pero hay algo más por lo cual se destaca esta ciudad y son los famosos “jueves universitarios”, que han convertido la vida nocturna de Vitoria en una de las más concurridas en el norte peninsular. Decenas de tabernas y algún que otro local bailable, ubicados uno al lado del otro, se encuentran concentrados en no más de media docena de calles del casco viejo.

Con todo, la fiesta se prolonga sólo hasta las tres de la mañana. Por ello habrá que apurarse antes de que llegue esa hora para degustar un kalimotxo (trago hecho con gaseosa cola y vino, algo así como el “rifle” nuestro), un txikito (un vasito de vino) o una caña (cerveza). Todos a muy buen precio.

El presumido Bilbao. “El buen bilbaíno es aquel que sube todas las mañanas al Artxanda para ver qué tal queda Bilbao... sin él. Luego baja y lo mejora aún más ostensiblemente”.

Vanidoso, orgulloso, exagerado: así es el típico bilbaíno, según la cultura popular. Cada vez que tiene oportunidad se jacta de la ciudad a la que pertenece: “¿Cuál es la diferencia entre Dios y un bilbaíno? Que Dios está en todas partes y el bilbaíno ya ha ‘estao’”.

Bilbao es la capital de Vizcaya y es la urbe más poblada del País Vasco. En la actualidad, es además su principal destino turístico, con el 30 por ciento del total de las visitas que llegan a la Comunidad Autónoma.

La villa se extiende a lo largo del río Nervión y es nombrada cariñosamente por sus habitantes como el botxo (el agujero), debido a que está en una hondonada rodeada de montañas. Uno de los más populares es el monte Artxanda, el más cercano al centro de la ciudad. Hoy es una de las atracciones turísticas del lugar, ya que desde allí se pueden hacer vistas panorámicas de Bilbao y practicar varios deportes, como bicicleta.

Debido a su geografía, el puerto y la minería han sido desde siempre sus principales actividades económicas. Sin embargo, en la actualidad es también una importante ciudad comercial, que se encuentra en medio de un proceso de renovación estética, social y económica. Foster,

Calatrava, Isozaki, Pelli y muchos arquitectos autóctonos han ido dejando su huella en el nuevo Bilbao.

El símbolo más emblemático de este contexto de transformación es el Museo Guggenheim. Este templo del arte contemporáneo, que pertenece a la Fundación del mismo nombre, fue diseñado por Frank Gehry y abierto al público en 1997. “El edificio es un homenaje a nuestra historia: se deja abrazar por la ría, que es la razón de ser de Bilbao, y por el Puente de la Salve, una de las entradas a la ciudad. Su exterior está recubierto de placas de titanio que, por un lado, recuerdan la tradición bilbaína con los metales, y por el otro, hacen honor a nuestras costumbres en la pesca, ya que se asemejan a escamas”, explica el guía turístico Luis Mariano Junquera.

Justo en frente del museo, parado como un coloso guardián, está el Puppy, el perro de flores. Este emblema de Bilbao fue, en su momento, parte de una exposición temporal de Jeff Koons. Debido a la popularidad que alcanzó en pocos días, fue comprado para que custodie día y noche el Guggenheim.

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