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Un río rojo en el corazón incaico

En Cusco, todos los veranos, este cauce de agua se tiñe de bermellón y resuena a leyenda andina. Un lugar (por ahora) poco visitado para anotar.

Por Redacción Voy de viaje.

Cusco es sinónimo de muchas cosas, naturaleza virgen, montañas altísimas y herencia cultural, pero también es sinónimo de colores. Solo basta pensar en algunos de sus lugares naturales más conocidos como la Montaña de los Siete Colores o el Valle Rojo, sitios que llevan el colorido tanto en el nombre como en el paisaje.

Hay, sin embargo, otra parte del distrito peruano que no es tan conocida y también fue privilegiada con tonos peculiares; el Río Rojo. Su agua corre turbulenta y abundante, abriéndose camino en un valle verde intenso, lo que acentúa aún más el contraste entre la orilla y el cauce.

¿A qué se debe el tono?

No se debe a ninguna maldición inca o historia bíblica, en realidad está teñido por el hierro y otros minerales de las sierras que lo rodean y que se desprenden por efecto de la intensa lluvia de la zona. Por esta razón el color solo se aprecia en la época de lluvias.

Este enclave está tan bien escondido en las sierras que solo se supo de su existencia hace poco, y es todavía un destino poco visitado, en comparación a otras rutas turísticas de Cusco. El entorno es virgen y la vista, increíble.

Además no se puede negar que un cauce de agua rojo intenso, en tierra inca, y escondido durante años al abrigo de las montañas tiene un ambiente místico y romántico. Cuándo ir: desde noviembre a las primeras semanas de marzo.

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La Voz.