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Travesía por la selva amazónica, el gran imperio verde

Una estadía en lodge y un viaje en barco, dos experiencias para conocer la impactante selva amazónica.

Por Christian Quinteros (Especial).

Las horas transcurren desde nuestro arribo al Amazonas, en el norte de Brasil. A medida que avanzamos, el agua se hace más presente y la navegación parece ser la forma directa de incursionar. Saliendo de Manaos, tras navegar casi una hora por los ríos Maçarico y Juma, llegamos a Juma Amazon Lodge, un hotel integrado por un conjunto de cabañas de madera con techos de ramas de palmeras. Las cabañas están construidas como palafitos unidos por pasarelas. 

DATOS ÚTILES. Información útil para disfrutar de una travesía por la selva amazónica.

Sonidos y silencios de la selva

El complejo cuenta con un área de siete mil hectáreas para tomar contacto directo con la floresta. Sin embargo, es temporada de lluvias y el río Juma crece muchísimo, al igual que todos los ríos amazónicos, cubriendo con 12 metros de agua el suelo que meses atrás podía recorrerse a pie. La forma de salir a explorar la jungla es en embarcaciones a motor o con remos y navegar, de día o de noche, entre las copas de los árboles que apenas asoman a la superficie. Desde allí es posible avizorar pájaros, monos y yacarés y hasta pescar pirañas. Los sonidos y el silencio de la selva inundada conmueven. 

En algunas áreas elevadas, donde la tierra aún se puede pisar, Ralf -el guía que encabeza las excursiones- propone caminatas para el reconocimiento de especies de árboles, como el paracutaca. Generalmente, los nativos golpean su tronco hueco, en forma de pliegues, para comunicarse. El sonido que emite este árbol se escucha a varios kilómetros de distancia. En tanto, el sumauma, el árbol más grande de la selva y uno de los más longevos, tiene un gigantesco tronco que necesita de casi 20 personas para abrazarlo. 

Otra actividad programada es la visita a una familia caboclo (descendientes de mestizos indígenas y portugueses) para compartir algunas actividades cotidianas. Allí aprendemos sobre el cultivo de la yuca y el proceso de elaboración de la harina de mandioca, uno de los productos base de la alimentación nativa y de la cocina regional. 

El barco cabeza de reptil

Luego de la experiencia en río Juma nos trasladamos hasta Novo Airão, población localizada a 180 kilómetros de Manaos, a la vera del río Negro, el afluente más importante del Amazonas. La estadía en Mirante do Gavião brinda un descanso placentero en un hotel boutique sustentable, con arquitectura y diseño hermanados con el paisaje más una gastronomía de lujo, que se disfruta con el desayuno, el almuerzo y la cena servidos en el restaurante privado con vista al muelle. 

Al día siguiente, comenzamos la nueva aventura zarpando en uno de los barcos de Expedición Katerre: el Yacaré Tinga se convertirá en nuestra casa flotante durante los próximos cinco días y su tripulación, nuestra familia. Junto a ellos recorreremos 700 kilómetros por el apacible río Negro. 

El gigante de madera de dos plantas se pone en movimiento, bordeando las costas del Parque Nacional Anavilhanas, el segundo archipiélago fluvial más grande del mundo conformado por 400 islas. Seguimos río arriba y la cabeza del reptil tallado en la proa mira fijo el objetivo del viaje: el Parque Nacional do Jaú, el mayor parque forestal de agua dulce del mundo, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Josué, quien maneja muy bien el español, es el guía a bordo. Con él descendemos en diferentes puntos de la travesía para conocer secretos de la flora y la fauna. Es el único momento que buscamos algún calzado para los pies, zapatillas para recorrer senderos u ojotas para subirnos a un bote y explorar los igapós, nombre que reciben las zonas inundadas en época de lluvias. 

El calor de la siesta parece aplacarlo todo. Las aguas oscuras del río Negro se planchan. El cielo y las nubes se reflejan simétricamente en ese gran espejo. Tirado en una hamaca paraguaya, en la planta superior del barco, contemplo semejante majestuosidad verde, mientras un rojo tenue comienza a teñir el atardecer. Una pareja de delfines rosados saltan muy cerca del Yacaré Tinga. Bandadas de papagayos y tucanes cruzan volando y desaparecen entre los árboles. Me siento un privilegiado.

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